
La guerra no declarada entre Pakistán y Afganistán entra en su cuarta semana matando más que nunca y reconvirtiéndose en una guerra de propaganda. El bombardeo que a última hora del lunes sacudió Kabul “mató a cuatrocientas personas en una hospital”, según el balance actualizado este martes por las autoridades talibanes. Para el gobierno y los medios pakistaníes, en cambio, se trató de “una operación de precisión contra instalaciones del Movimiento Talibán de Pakistán” (TTP).
A la luz del día, las imágenes no dejan lugar a dudas sobre el efecto devastador del ataque lanzado por un cazabombardero, hacia las 9 de la noche, sobre un edificio de grandes dimensiones del que apenas quedan en pie las paredes. Las fotografías de agencia, efectivamente, lo califican como centro de desintoxicación, en línea con la política de los talibanes, que han proscrito con éxito el cultivo de adormidera (base del opio y la heroína), pero que todavía tienen que lidiar con la plaga de opiáceos y metanfetaminas que dejó el anterior gobierno bajo tutela extranjera, cuando la cosecha de adormidera llegó a máximos históricos.
La matanza parece probada, aunque el número de víctimas sea discutible. Ahora bien, las fotos de fornidos convalecientes tomadas por los mismos fotógrafos en muchos casos cuadran más con el “nido de milicianos” descrito por Pakistán que con la “generación perdida” supuestamente en vías de rehabilitación.

“El balance de víctimas no está cerrado y continuamos la inspección, pero contamos alrededor de 400 muertos y 200 heridos”, ha declarado desde el lugar bombardeado un portavoz del ministerio de Sanidad talibán. Posteriormente, el ministerio del Interior ha precisado: ””408 muertos y 265 heridos”.
Ninguna fuente independiente puede corroborar la magnitud de la cifra. Los periodistas de AFP desplazados al lugar hablaban anoche de 30 cadáveres y este martes daban fe del rescate de otros 65, sepultados bajo los cascotes.
Una ONG italiana, Emergency, dice haber recibido una treintena de víctimas, tres de las cuales habrían fallecido. Su director, Dejan Panic, confirma que el centro afectado “acogía a muchos adictos en tratamiento”. Según algunas fuentes, hasta “dos mil o tres mil toxicómanos”.

De lo que no cabe duda es de que ambos bandos mienten por sistema. La novedad estaría en que los talibanes, que hasta ahora minimizaban las bajas en su territorio -sistemáticamente infladas desde Islamabad- podrían haber cambiado de táctica. Tampoco contribuye a la transparencia la voluntad talibán de enterrar a las víctimas en una fosa común, “por haber fallecido en el mes de Ramadán”.
India, que guardó un prudente silencio sobre la agresión estadounidense e israelí sobre Irán, califica de “barbarie” el bombardeo pakistaní de ayer. China, por su parte, que mantiene relaciones no oficiales con Kabul y una estrecha amistad con Islamabad, intenta apaciguar sin mucho éxito este conflicto, que tuvo un estallido inicial en ocutubre y que se reactivó a raíz de una escaramuza fronteriza hace algo más de tres semanas.
Pakistán-Afganistán, amistad truncada
China sigue como mediador, una vez que Qatar y otros han sido engullidos por una guerra aún mayor
En Afganistán se cuentan más de 115.000 familias desplazadas. En los últimas días, los talibanes afganos (que niegan dar refugio a los autodenominados “talibanes pakistaníes”) habrían logrado por primera vez alcanzar con drones el perímetro de la la capital pakistaní.
En un primer momento, Qatar y otros emiratos árabes se ofrecieron a mediar entre las partes, pero al día siguiente, ellos mismos habían sido engullidos por otra guerra, de mucha mayor envergadura.

Jordi Joan Baños (Sabadell, 1971) es corresponsal de La Vanguardia en Bangkok. Previamente ha sido corresponsal del diario en Lisboa, Nueva Delhi y Estambul.

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