Alarma en Aston Martin: el AMR26 de Alonso es un riesgo de salud por sus vibraciones

Hace 2 días 3

El inicio de temporada ha encendido todas las alarmas en Aston Martin. Como ya se sabía desde la pretemporada, el AMR26 no solo presenta problemas de fiabilidad, sino que esconde un riesgo mayor: las vibraciones extremas que afectan directamente al cuerpo de los pilotos. Fernando Alonso lo describió de forma clara tras bajarse del coche: "Se me dormían las manos y los pies". Una sensación que no es puntual, sino consecuencia directa de un fenómeno mecánico persistente.

Estas vibraciones, procedentes de la unidad de potencia, se transmiten desde el motor al chasis y de ahí al piloto. El resultado es una exposición continua a oscilaciones de alta frecuencia que impiden mantener el control del monoplaza durante largos periodos. De hecho, el equipo ha llegado a limitar las vueltas por temor a posibles daños físicos.

El origen de las vibraciones

El problema nace en el sistema de potencia del AMR26. Tal y como explicó Adrian Newey, las vibraciones generadas por el motor se amplifican debido a la rigidez de la estructura de fibra de carbono. Esta rigidez, habitual en Fórmula 1 para maximizar el rendimiento, provoca que las oscilaciones se transmitan sin apenas absorción.

El efecto no solo afecta a componentes del coche, sino que llega directamente al piloto a través del volante y el asiento. A partir de unos 20 minutos, las sensaciones se intensifican y comienzan a aparecer síntomas como entumecimiento o pérdida de sensibilidad.

Cómo afectan al cuerpo humano

Desde un punto de vista científico, las vibraciones son movimientos oscilatorios que se transmiten al organismo. En el caso de la Fórmula 1, estas llegan por dos vías: el sistema mano-brazo, a través del volante, y el cuerpo entero, mediante el asiento.

El fisioterapeuta Ricard Huélamo, en una entrevista en Marca, describe el proceso con precisión: la vibración entra por las manos, recorre el nervio del túnel carpiano, asciende por el brazo y alcanza hombros, cervicales y columna vertebral. Desde ahí, se extiende tanto hacia el cerebro como hacia la parte inferior del cuerpo.

Este recorrido explica por qué los pilotos sienten el efecto de forma generalizada. No se trata solo de una molestia local, sino de una estimulación constante del sistema nervioso.

"Como una pequeña electrocución"

Uno de los aspectos más llamativos es la sensación que provoca este fenómeno. Huélamo lo compara con una descarga eléctrica: al abrir la mano, el piloto siente alivio; al volver a cerrarla, aparece un "latigazo". Esta repetición constante genera una sensación acumulativa similar a una electrocución leve.

El propio Lance Stroll fue aún más gráfico al comparar la experiencia con estar sentado en una silla eléctrica. Aunque no siempre resulta doloroso, sí provoca una pérdida progresiva de sensibilidad, lo que compromete el control del volante. Por eso, durante la carrera, es habitual ver a los pilotos soltar momentáneamente las manos para recuperar sensaciones, algo poco habitual en condiciones normales.

Riesgos y posibles secuelas

La principal preocupación es el impacto a largo plazo. Las vibraciones de alta frecuencia pueden provocar problemas neurológicos, musculares y vasculares si la exposición se prolonga. Entre los efectos descritos en estudios se encuentran tendinitis, neuropatías o pérdida de fuerza.

En el caso concreto de Alonso, el riesgo es mayor debido a antecedentes recientes de lesiones en manos y espalda. Sin embargo, los expertos llaman a la calma. Según Huélamo, se trata de un problema reversible en condiciones normales, ya que los síntomas desaparecen tras abandonar el coche y descansar.

Más allá del impacto físico, el problema tiene implicaciones directas en la seguridad. Pilotar a más de 300 km/h con pérdida de sensibilidad supone un riesgo evidente. Por ello, Aston Martin trabaja contrarreloj junto a Honda para reducir estas vibraciones.

Mientras no se encuentre una solución efectiva, el AMR26 seguirá siendo un coche limitado no solo por su rendimiento, sino por su impacto en la salud de los pilotos. Un recordatorio de que, en la Fórmula 1, la tecnología extrema puede llevar al cuerpo humano al límite.

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