El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha responsabilizado este miércoles al Partido Demócrata de la grave crisis que atraviesan los aeropuertos del país. Esta situación se debe al notable absentismo de los agentes de la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA), un escenario desencadenado tras más de un mes de cierre presupuestario del Departamento de Seguridad Nacional (DHS).
La parálisis en las cuentas públicas amenaza con forzar el cierre de pequeños aeródromos a lo largo de la geografía estadounidense. Mientras tanto, la Administración Trump señala que cerca de un tercio de los oficiales de la TSA se han ausentado de sus puestos en lugares clave como Nueva York, Houston, Atlanta y Nueva Orleans, que figuran entre las terminales con mayor volumen de tránsito de la nación.
La polémica se ha intensificado tras la difusión de imágenes virales que mostraban interminables colas de pasajeros llegando a las calles en ciudades como Austin o Fort Lauderdale. Ante esta coyuntura, el mandatario ha dirigido sus críticas hacia la oposición demócrata por un bloqueo que comenzó el 14 de febrero. La falta de un acuerdo legislativo para financiar el DHS radica en la exigencia demócrata de imponer más restricciones a los agentes migratorios, una demanda surgida tras el fallecimiento de dos ciudadanos en Mineápolis.
A través de un mensaje publicado en la red social Truth Social, Donald Trump expresó su indignación: "El cierre del DHS de los demócratas está causando caos en los aeropuertos. Estos lunáticos están siendo totalmente irrazonables en sus demandas de la izquierda radical". Además, advirtió que sus rivales políticos deben pagar un gran precio de cara a las próximas elecciones legislativas por el daño ocasionado al país.
Las consecuencias logísticas son evidentes. Solo durante la mañana del miércoles, las plataformas de seguimiento aéreo reportaron al menos 250 vuelos cancelados y más de 2.000 retrasados con origen o destino en territorio estadounidense. Estas cifras se suman al colapso del pasado lunes, cuando las inclemencias meteorológicas agravaron la crisis, provocando 4.863 cancelaciones y cerca de 13.000 demoras.
El impacto en los trabajadores estatales es otra de las aristas del conflicto. El DHS ha informado de que la prolongada situación ha propiciado la renuncia de más de 300 agentes de la TSA, quienes no perciben su salario desde que se inició el cierre. Desde este departamento gubernamental acusan a la oposición de utilizar como "rehenes" a los más de 100.000 empleados afectados por la falta de fondos.
Por su parte, la respuesta del Partido Demócrata no se ha hecho esperar. La senadora Paty Murray ha defendido la postura de su formación política asegurando que han intentado aprobar hasta en seis ocasiones una financiación específica para áreas críticas como la TSA y la Agencia Federal de Administración de Emergencias (FEMA). Sin embargo, Murray sostiene que los legisladores del Partido Republicano han bloqueado sistemáticamente estas iniciativas, debido a que dejan sin dinero al esto del Departamento de Seguridad Nacional.
Todo este conflicto político y laboral estalla en el momento más inoportuno para el sector turístico: en medio del spring break, las tradicionales vacaciones estudiantiles de primavera en Estados Unidos. La asociación Airlines for America había proyectado para esta temporada un aumento interanual del 4 % en el tráfico aéreo, estimando un récord de 171 millones de pasajeros y la operatividad de unos 26.000 vuelos diarios entre el 1 de marzo y el 30 de abril, unas previsiones que ahora se ven seriamente amenazadas por la inestabilidad institucional.

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