De la ducha tibia a las sábanas de lino: cómo lograr dormir con calor extremo

Hace 2 días 1

Dormir bien en plena ola de calor se ha convertido en todo un reto. Las llamadas noches tropicales, aquellas en las que la temperatura mínima no desciende de los 20 grados —e incluso las noches tórridas, con más de 25 grados— son cada vez más frecuentes y dificultan uno de los procesos básicos del descanso: que el cuerpo reduzca ligeramente su temperatura interna para conciliar el sueño.

Cuando el dormitorio permanece caliente durante toda la noche, el organismo tiene más dificultades para disipar el calor acumulado durante el día. El resultado suele ser conocido por cualquiera que haya pasado un verano sin aire acondicionado: cuesta dormirse, el sueño es más ligero y los despertares se multiplican.

Aunque el aire acondicionado sigue siendo la solución más eficaz para bajar la temperatura de una vivienda, no todo el mundo dispone de uno o quiere mantenerlo funcionando durante horas. El consumo eléctrico, el coste económico o las molestias que provoca en algunas personas hacen que muchos busquen alternativas más sencillas y sostenibles.

La buena noticia es que gran parte de la batalla contra el calor se gana mucho antes de acostarse.

La clave está en no dejar entrar el calor

Uno de los errores más habituales consiste en abrir las ventanas durante todo el día pensando que así la casa se refrescará. En realidad ocurre justo lo contrario: cuando el aire exterior es más cálido, el calor termina acumulándose en el interior.

Por eso, la primera medida consiste en bajar las persianas, cerrar las ventanas y bloquear la radiación solar durante las horas centrales del día. Cuanto menos se caliente la habitación, menos trabajo habrá que hacer por la noche.

La ventilación también tiene su momento. Solo conviene abrir las ventanas cuando la temperatura exterior haya descendido por debajo de la del interior de la vivienda. Si existen ventanas enfrentadas, crear una corriente cruzada ayuda a renovar el aire y expulsar el calor acumulado.

El ventilador puede convertirse en un gran aliado, pero no siempre se utiliza de la forma más eficiente. En lugar de apuntarlo directamente hacia la cama desde el primer momento, resulta más eficaz colocarlo junto a una ventana orientado hacia el exterior para expulsar el aire caliente de la habitación y favorecer la entrada de aire más fresco por otra ventana.

La cama también influye

No solo importa la temperatura de la habitación. Lo que entra en contacto con la piel durante toda la noche también condiciona el descanso.

Las fibras naturales, como el lino o el algodón percal, permiten una mejor transpiración y ayudan a evacuar el calor y la humedad mucho mejor que los tejidos sintéticos. Sustituir unas sábanas de poliéster por unas de algodón puede marcar una diferencia notable durante una noche especialmente calurosa.

Otro pequeño truco consiste en introducir durante unos minutos la funda de la almohada en el frigorífico o incluso en el congelador, protegida dentro de una bolsa. El efecto refrescante dura poco, pero suele ser suficiente para facilitar el momento más complicado: quedarse dormido.

También conviene retirar cojines, mantas y ropa de cama innecesaria. Cuanto más ligera sea la cama, más fácil será disipar el calor corporal.

Enfriar el cuerpo es tan importante como enfriar la habitación

Cuando la temperatura del dormitorio no puede bajar lo suficiente, la estrategia pasa por ayudar directamente al organismo.

Una ducha tibia antes de acostarse suele resultar más efectiva que una ducha muy fría. Aunque parezca contradictorio, el agua templada favorece la pérdida gradual de calor corporal, mientras que el agua helada puede provocar el efecto contrario al hacer que el organismo conserve temperatura.

La hidratación también desempeña un papel importante. Beber agua regularmente durante la tarde y la noche ayuda al cuerpo a regular mejor su temperatura, mientras que conviene evitar cenas copiosas, alcohol y un exceso de cafeína antes de dormir.

Algunas tradiciones japonesas llevan siglos utilizando métodos muy sencillos para combatir el calor. Entre ellas destaca el uchimizu, que consiste en humedecer patios, terrazas o suelos exteriores al atardecer para refrescar el ambiente mediante la evaporación del agua. En viviendas con balcones o terrazas, esta práctica puede reducir ligeramente la temperatura del aire que entra en casa.

Pequeños gestos que suman

Además de gestionar el calor exterior, también conviene eliminar las fuentes de calor que genera la propia habitación.

Televisores, ordenadores, cargadores, consolas o luces permanecen emitiendo calor incluso cuando apenas se percibe. Apagar completamente los aparatos electrónicos y sustituir las antiguas bombillas por iluminación LED ayuda a reducir algunos grados en el dormitorio.

Los expertos coinciden en que no existe un truco milagroso capaz de sustituir al aire acondicionado cuando el calor es extremo. Sin embargo, la combinación de varias medidas sencillas puede mejorar considerablemente el descanso.

Cerrar persianas durante el día, ventilar en el momento adecuado, utilizar ropa de cama transpirable, favorecer la circulación del aire y ayudar al cuerpo a enfriarse son pequeños gestos que, sumados, convierten una noche insoportable en una mucho más llevadera.

Porque cuando el termómetro no da tregua, dormir mejor depende menos de un aparato milagroso que de preparar el dormitorio con inteligencia varias horas antes de apagar la luz.

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