De simple molestia a problema de salud: qué es el hipo y cuándo deberías preocuparte

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Hip... Hip... El hipo, esa molestia que interrumpe la respiración de forma drástica y causa ese ruido fugaz, nos acompaña toda la vida, incluso desde antes de nacer. No importa la edad o el género, aunque los hombres son más propensos a desarrollarlo de forma persistente. Normalmente no le damos importancia, ya que suele desaparecer en pocos minutos, pero en ocasiones puede convertirse en un verdadero problema de salud, como le ocurrió al expresidente brasileño Jair Bolsonaro, quien llegó a ser hospitalizado tras una semana de espasmos ininterrumpidos.

Pero, ¿qué es exactamente lo que ocurre en nuestro interior? El hipo, conocido médicamente como singulto, consiste en contracciones involuntarias y repetitivas del diafragma, el músculo en forma de cúpula que separa el pecho del área abdominal y que actúa como el motor principal de nuestra respiración. Cuando este ciclo se interrumpe, el diafragma se contrae bruscamente, obligándonos a inspirar aire de forma repentina. El sonido característico 'ip' se produce cuando las cuerdas vocales (la glotis) se cierran de golpe como reacción a esa entrada súbita de aire.

El origen: ¿Por qué se irrita el diafragma?

El hipo es, esencialmente, una respuesta a una irritación de los nervios que controlan el diafragma: el nervio frénico y el nervio vago. Cuando estos mensajeros se 'alteran', el diafragma comienza a contraerse de manera descontrolada entre dos respiraciones normales. Existen varios disparadores comunes que pueden 'sorprender' a nuestro sistema nervioso:

  • Alimentación rápida: Comer deprisa o masticar chicle provoca que traguemos aire (aerofagia), lo que distiende el estómago y presiona el diafragma.

  • Bebidas gaseosas o alcohol: El gas estira las paredes estomacales, irritando directamente el nervio vago.

  • Emociones fuertes: El estrés, la excitación o un susto repentino alteran los centros nerviosos que regulan la respiración.

  • Cambios térmicos: Pasar de un ambiente cálido a un frío intenso de forma brusca puede desencadenar el arco reflejo del hipo

Curiosidad histórica: El ataque de hipo más largo registrado fue el de Charles Osborne, quien hipó sin descanso durante 68 años (de 1922 a 1990). Se calcula que sufrió unos 430 millones de espasmos antes de que el hipo se detuviera milagrosamente un año antes de su muerte.

Trucos con base científica para recuperar el control

Olvídate de los sustos o de que alguien te intente robar un beso; la clave para detener el hipo no es la magia, sino resetear el arco reflejo nervioso o elevar los niveles de dióxido de carbono (CO2) en la sangre. Aquí tienes los métodos más efectivos:

  • La Maniobra de Valsalva: Consiste en intentar exhalar aire con la boca y la nariz cerradas, como si hicieses fuerza. Esto aumenta la presión en el tórax y ayuda a que el diafragma recupere su ritmo natural.

  • Aguantar la respiración: Al mantener el aire durante 15-20 segundos y exhalar muy lento, elevamos el CO2 en sangre, lo que inhibe las neuronas del tronco encefálico que provocan el espasmo.

  • Beber agua 'al revés': Inclinarse hacia adelante para beber por el borde lejano del vaso obliga a contraer los músculos abdominales y estimula la faringe, cortando la señal nerviosa del hipo.

  • Estimulación del paladar: Comer una cucharada de azúcar granulado o hacer gárgaras con agua muy fría estimula la pared posterior de la garganta, interrumpiendo el espasmo por vía sensorial.

¿Cuándo deberías preocuparte?

En la inmensa mayoría de los casos, el hipo desaparece solo en cuestión de minutos. Sin embargo, si persiste por más de 48 horas, se considera "persistente" y, si dura más de un mes, "intratable". En estos escenarios, el hipo puede ser el síntoma de una enfermedad subyacente (como reflujo gastroesofágico severo, afecciones neurológicas o incluso problemas renales) y es fundamental buscar atención médica para evitar el agotamiento extremo o la pérdida de peso.

La próxima vez que sientas ese molesto 'hic', recuerda: tu diafragma solo está teniendo un pequeño mal día. Dale un respiro y deja que recupere su ritmo.

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