El primer ministro británico, Keir Starmer, ha sufrido un nuevo revés. Al mal resultado de las elecciones locales, las críticas internas, y los disturbios callejeros se suma ahora la dimisión de su ministro de Defensa, John Healey. El argumento que arguye es la "incapacidad" del premier de comprometerse con el plan de inversión de defensa.
Healey sostiene que el plan de aumento de gasto en defensa "podría hacer que el país sea menos seguro". Además, acusa a Keir Starmer de no estar a la altura de las circunstancias con su propuesta de reforzar las Fuerzas Armadas británicas. Según su carta de dimisión, señala la "incapacidad" de Starmer y las "reticencias" del Tesoro (equivalente a Hacienda) alcanzar la cifra de gasto "necesaria".
Aumento de las amenazas
La carta de Healey es mordaz y no esconde su decepción con el rumbo que se ha tomado en Downing Street a propósito del gasto en Defensa. Afirma también que no ha tenido "otra opción" que dimitir en "un momento en el que surgen amenazas para el país". "Sin un plan de inversión en defensa que atienda a las necesidades actuales, me veo obligado a tomar decisiones que reducirían la capacidad de preparación de nuestras Fuerzas y aumentaría el riesgo para el personal en sus operaciones y podría hacer menos seguro este país", explica. Las amenazas a las que se refiere no son otras que la guerra en Ucrania, en Irán, la inestabilidad de Oriente Medio y el desafío en el Ártico con una Rusia que "aumenta allí sus actividades".
El punto de desencuentro se halla en la propuesta de gasto que se había hecho desde el gabinete de Starmer, un aumento del 0,08% del PIB; es decir, alcanzar un 2,68% del presupuesto para 2030. Una cifra considerablemente alejada al 3% que requerirían las fuerzas británicas para adaptarse a los cambios tecnológicos y el creciente número de conflictos y amenazas, así como cumplir sus acuerdos en defensa con Francia, Noruega, y Noruega.
La dimisión del ministro ahonda en la espiral de incertidumbre a la que encara el primer ministro, que ve cómo en el seno de su partido aumentan las críticas y las dimisiones. Es más, hasta 98 diputados laboristas han pedido su dimisión y el alcalde de Manchester, a la espera de obtener un escaño, se postula como un rival por el liderazgo en el partido. Así las cosas, el horizonte de Keir Starmer en Downing Street parece cada día más oscuro, aunque él ya ha explicado que no tiene ninguna intención de dimitir y que luchará por resistir.

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