Dina Powell McCormick, de asesora de Trump a pilotar la apuesta de Meta por la IA

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Hay familias que ni en tres generaciones sumarían el número de cargos que ostenta Dina Powell McCormick (El Cairo, Egipto, 52 años), nueva presidenta de Meta, encargada de pilotar la estrategia corporativa y la ejecución de las inversiones multimillonarias con las que la compañía quiere sostener su apuesta por la inteligencia artificial. Powell (apellido por el que se la sigue llamando, aunque sea el de su primer matrimonio), que ha asesorado al presidente estadounidense Donald Trump y trabajó en el Gobierno de George W. Bush, fue presentada esta semana por Mark Zuckerberg. Powell ya había estado el año pasado en el consejo de Meta durante ocho meses, hasta que en diciembre renunció sin especificar el motivo.

Trump la felicitó por su nuevo nombramiento en su red Truth Social y la definió como una persona “fantástica” y “talentosa”, que “sirvió a la Administración Trump con fuerza y distinción”. Su fichaje se une a la lista de directivos próximos al trumpismo que Zuckerberg ha incorporado recientemente. Uno de los más polémicos fue el fichaje de Dana White, CEO de la UFC, la mayor empresa mundial de artes marciales mixtas. White ha sido acusado de violencia machista.

Otra de las preocupaciones expresadas apunta a un posible conflicto de intereses derivado de la situación familiar de Powell McCormick. Su esposo, el senador Dave McCormick, preside la subcomisión de Energía del Senado, desde la que podría influir en políticas clave para Meta, como el suministro eléctrico necesario para los centros de datos o la regulación de la inteligencia artificial. Diversos grupos de vigilancia tecnológica han advertido de que el senador McCormick debería abstenerse de votar o intervenir en asuntos que afecten directamente a Meta para evitar cualquier apariencia de trato de favor.

De acuerdo con el comunicado de Meta, Powell trabajará junto a los actuales ejecutivos Santosh Janardhan y Daniel Gross en una nueva iniciativa denominada Meta Compute, un plan para construir y gestionar la infraestructura física que necesita su apuesta por la inteligencia artificial: centros de datos gigantescos, hardware especializado y enormes acuerdos energéticos.

Powell emigró a Estados Unidos desde El Cairo cuando tenía cuatro años. Pasó su infancia en Dallas (Texas), donde su padre, un exoficial del ejército egipcio, trabajó como conductor de autobús escolar y regentó una tienda de alimentación. Estudió en el instituto femenino Academia Ursulina de Dallas y después se graduó con honores en la Universidad de Texas en Austin, donde se licenció en Humanidades.

El empresario y político David McCormick, ex director ejecutivo del fondo Bridgewater Associates y ahora senador republicano por Pensilvania es su segundo marido. De su matrimonio anterior, Powell conserva el apellido con el que se dio a conocer. Tiene dos hijas.

En 2001 y 2006 empezó su carrera pública como becaria en la oficina de la senadora tejana Kay Bailey Hutchison y trabajando en el Senado estatal de Texas. Posteriormente ocupó un puesto en el Comité Nacional Republicano, donde llegó a ser directora de asuntos legislativos, encargada de vincular a políticos republicanos con oportunidades profesionales en el sector privado.

Con solo 27 años se integró en el equipo de transición presidencial de 2000 de George W. Bush y, tras la investidura, asumió el cargo de asesora adjunta del presidente para asuntos de personal. Dos años después ascendió a asistente del presidente en ese mismo ámbito, convirtiéndose en la persona más joven en ocupar el puesto en la historia de la Casa Blanca.

En 2005 dio el salto al Departamento de Estado (equivalente al Ministerio de Exteriores), como subsecretaria de Estado para asuntos educativos y culturales. Paralelamente, fue designada subsecretaria adjunta de diplomacia pública bajo el mandato de la secretaria de Estado Condoleezza Rice. También cofundó un programa global de mentoría para mujeres, en alianza con la revista Fortune, para conectar a líderes emergentes con ejecutivos destacados de Estados Unidos.

En 2007 dejó la Administración Bush, citando razones familiares. Lo que hizo entonces fue dar el salto al sector financiero. Se incorporó a Goldman Sachs como directora general y fue ascendiendo rápidamente hasta ser nombrada socia en 2010. Pasó 16 años en la firma, donde destacó sobre todo como responsable de iniciativas de impacto social y filantropía corporativa.

Presidió la Fundación Goldman Sachs y lideró la oficina de inversión de impacto del banco. Bajo su dirección, Goldman lanzó programas como 10.000 Women y 10.000 Small Businesses, orientados a apoyar a mujeres emprendedoras y pequeños empresarios, especialmente en países en vías de desarrollo. Según The New York Times, su rápido ascenso generó cierto resentimiento entre los rangos inferiores de la firma.

Tras casi una década en el sector privado, regresó al ámbito público al inicio de la primera presidencia de Trump. Aunque no tenía una relación previa con él, fue reclutada durante el periodo de transición de 2016 a instancias de Ivanka Trump. Entró como asesora presidencial sénior, encargada de iniciativas de emprendimiento, crecimiento económico y empoderamiento de la mujer.

Poco después, fue nombrada asesora adjunta de Seguridad Nacional. Entre otras responsabilidades, supervisó la negociación de un acuerdo de venta de armamento por valor de 200.000 millones de dólares entre Estados Unidos y Arabia Saudí. Su nombre, de hecho, llegó a sonar como posible jefa de gabinete de la Casa Blanca.

Tras dejar el Gobierno de Trump en 2018, regresó a Goldman Sachs como socia y miembro del comité de dirección, cargo que ocupó hasta 2023. Ese año se incorporó como ejecutiva al banco mercantil BDT & MSD Partners, donde asumió el cargo de vicepresidenta y presidenta.

Ahora, como presidenta de Meta, se enfrenta a un reto distinto en su carrera, dentro de una gran empresa tecnológica que ha decidido jugar a largo plazo la carrera de la inteligencia artificial. Un puesto doble para una empresaria que, seguramente, no haya cambiado de tarjeta de visita por última vez.

Alguien creyó en ella

En varias ocasiones, Dina Powell ha contado que su carrera cambió gracias a que la senadora republicana Kay Bailey Hutchison la empujó a quedarse en Washington y a tomarse en serio una carrera política.

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