Cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amenazó en enero con tomar Groenlandia, que es territorio danés, “por las buenas o por las malas”, Dinamarca lo tomó en serio. Prueba de ello es que, cuando sus tropas llegaron a la isla ártica, llevaban consigo explosivos suficientes para dinamitar, entre otras cosas, las pistas de aterrizaje cerca de la capital, Nuuk, y de la antigua base aérea en Kangerlussuaq, al oeste de la isla. La medida tenía el objetivo de impedir el aterrizaje del ejército estadounidense en el territorio en caso de que Trump finalmente decidiera concretar su amenaza. Además, estaba pensada para aumentar el coste de la guerra para Washington de tomar la isla por la fuerza. Es lo que desvela este jueves la radiotelevisión pública danesa (DR).
La preparación del Gobierno danés consideró también la posibilidad de un combate directo. La carga de las tropas del país nórdico incluía bolsas de plasma para realizar transfusiones de sangre a posibles combatientes heridos. Son algunas de las evidencias que demuestran que Dinamarca tomó en serio la posibilidad de que su aliado de la OTAN pudiera atacar Groenlandia en cualquier momento.
Vista del Aeropuerto Internacional de Nuuk, en Groenlandia, el 15 de enero. Julia Wäschenbach (dpa/picture alliance via Getty Images)Las fuentes consultadas por el medio danés —entre ellas, 12 son del Gobierno, altos mandos militares, altos funcionarios y fuentes de inteligencia en Dinamarca, Francia y Alemania— llegaron a hablar de un año sin precedentes, marcado por noches sin dormir. Esta tarde, el ministro de Exteriores del país escandinavo, Lars Lokke Rasmussen, no ha querido comentar la especificidad de la carga de las tropas enviadas a la isla ártica, pero ha declarado que fue “una situación completamente extraordinaria”. Sin mencionar el nombre de Trump, Rasmussen ha dicho que “no se descartaba que alguien pudiera recurrir al ejército para hacer realidad este sueño presidencial de apoderarse de Groenlandia”. Copenhague, por lo tanto, ha barajado todas las opciones.
Rasmussen, además, defiende que la suma de las acciones adoptadas por Dinamarca ha contribuido a la desescalada de la situación. Pero no se sabe por cuánto tiempo. El ministro no tiene mucho optimismo: “No me cabe duda de que el presidente [Trump] sigue ambicionando con que Estados Unidos y el mundo, desde su punto de vista, serían un lugar mejor si Groenlandia fuera estadounidense”.
Las fuentes consultadas por la DR consideran que la situación en torno a Groenlandia sigue siendo tensa y delicada, por lo que han preferido hablar de forma anónima. Según el medio, desempeñan funciones esenciales en la estrategia ante la crisis internacional que la amenaza estadounidense de hacerse con Groenlandia ha desatado. Sin embargo, no disponen de información de inteligencia sólida sobre planes específicos de un ataque estadounidense contra la isla del Ártico.
Estos altos cargos también han hecho hincapié en la unidad que mostraron los aliados europeos como un factor clave para la estrategia de Dinamarca para proteger la isla. “Con la crisis de Groenlandia, Europa comprendió de una vez por todas que necesitamos ser capaces de cuidar de nuestra propia seguridad”, afirmó al medio danés un alto funcionario francés que ha desempeñado un papel crucial durante los intensos meses y los días álgidos de la crisis.
Una rápida reacción europea
Las contramedidas que Dinamarca y sus aliados decidieron adoptar, a iniciativa danesa, fueron enviar una señal de fuerte solidaridad europea y aumentar las actividades militares conjuntas en Groenlandia, según desvela a DR un funcionario francés que ha trabajado para coordinar la cooperación entre los Gobiernos danés y francés. “Hubiéramos hecho casi todo lo que Dinamarca pidiera. Solo de Francia, Dinamarca podía esperar soldados equivalentes a un pequeño batallón, lo que significa varios cientos de efectivos”, afirmó al medio danés. Siempre según esta versión, varios otros aliados también ofrecieron su apoyo desde el principio, incluida Alemania.
El objetivo de tener soldados desplegados en Groenlandia —con tantas banderas diferentes como fuera posible en sus uniformes— era, según seis de las fuentes consultadas por el medio, obligar a Estados Unidos a tener que llevar a cabo una acción hostil de gran envergadura si Trump realmente se hubiera empeñado en ocupar Groenlandia militarmente.
Tras largas discusiones en reuniones altamente confidenciales entre el Gobierno y la cúpula militar del país nórdico a las que ha tenido acceso DR, la estrategia fundamental se basaba en una premisa: si Estados Unidos intentaba atacar, los soldados daneses tendrían que ir armados y responder combatiendo.

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