EAU flexibilizará su fiscalidad para recuperar a los expats que huyeron por el conflicto con Irán

Hace 20 horas 1

Nadie esperaría encontrar a un boyero de Berna —una majestuosa raza de perro originaria de Suiza, cuya compra puede superar los 3.000 euros— abandonado a su suerte en la calle. La escena, sin embargo, ha ocurrido en Dubái, donde tampoco nadie habría esperado el éxodo de expatriados provocado por la represalia iraní en las últimas semanas.

En una población que cuenta con un 90% de extranjeros, miles de expats dejan atrás el lujo emiratí ante la inestabilidad que emana de la región y que ahora también afecta a quienes creían ser inmunes a ella, dejando tras de sí una postal irreconocible: apartamentos de ensueño vacíos, mascotas vagando por las calles, bancos que piden a su personal alejarse de las oficinas y una macabra ironía.

El país que hace unos meses contribuyó a la fiebre por el chocolate dubaití —en los seis meses previos a marzo de 2025, Irán exportó a Emiratos Árabes Unidos un 40 % más de pistachos que en los 12 meses anteriores— es ahora quien destruye la idea de Dubái como principal centro financiero de Oriente Medio y de reclamo para migrantes económicos.

Miles de expatriados dejan atrás el lujo e incluso a sus mascotas para huír de Dubái

Para frenar este éxodo, Emiratos Árabes Unidos (EAU) ha anunciado que permitirá a los expatriados pasar más tiempo en el extranjero sin perder sus privilegios fiscales. La medida, recogida por el Financial Times en su edición del miércoles, busca evitar que quienes abandonaron el país no pierdan su residencia si no regresan en los próximos meses, ya que, debido al constante cierre del espacio aéreo y la cancelación de vuelos de estas últimas semanas, la determinación de los expats por regresar se ha debilitado. 

Actualmente, para que los expatriados puedan beneficiarse de la residencia fiscal, deben pasar 183 días en el país de manera consecutiva durante 12 meses, o bien solo 90 días si tienen empleo en el país o una vivienda permanente. Una política que seguramente se flexibilizará próximamente para incentivar el regreso de quienes huyeron del conflicto.

“Ayer cero, hoy cero. No hay ni un cliente”, relata Dulash, empleado en un alquiler de motos acuáticas, cuyo testimonio fue recogido por AFP, y quien confiesa nunca haber visto la ciudad en pausa como ahora. Con cerca de 19,6 millones de visitantes el año pasado, el sector turístico de Emiratos Árabes se encuentra privado de ingresos, a la espera del final de la guerra, que promete alargarse más allá del optimismo de Donald Trump. Según el World Travel and Tourism Council (WTTC), las pérdidas diarias en Oriente Medio ya ascienden a 600 millones de dólares. Solo en Emiratos, su impacto representaba un 13% del PIB y cerca de un millón de puestos de trabajo.

Oferta turística para visitar el golfo Pérsico en pleno conflicto con Irán 

Oferta turística para visitar el golfo Pérsico en pleno conflicto con Irán cedida

En Dubái, que goza de autonomía económica, las consecuencias en el sector inmobiliario han sido igualmente desastrosas. Representando un 15 % del PIB de la ciudad, los ciudadanos extranjeros poseen casi la mitad del valor total de las propiedades residenciales. Cuando los misiles impactaron por primera vez en los emblemáticos rascacielos, trajeron consigo la volatilidad del mercado, reduciendo a la mitad el número de transacciones y desplomando más de un 17 % el índice inmobiliario financiero.

Para el emirato, inspirar confianza a sus inversores es todo. Sin el petróleo como respaldo, su reputación de ciudad segura, libre de impuestos y aislada de los conflictos regionales es la columna vertebral de la economía, y sus líderes se esfuerzan en mantener esta narrativa deteniendo a quien se atreva a grabar las consecuencias de la guerra con el fin de evitar el pánico social. Las tornas han cambiado, pues fueron precisamente los influencers de todo el mundo quienes, a través de sus teléfonos y en primera persona, impulsaron el discurso que convirtió a Dubái en lo que fue hasta hoy.

Más allá de los que no regresan, las colas se acumulan en el aeropuerto para quienes sí pueden permitirse salir del país —según Henley & Partners, Dubái alberga a 237 centimillonarios y unos 20 multimillonarios—, pero no es una opción para todos, especialmente para los trabajadores que han visto triplicar el precio de los vuelos. Hay dos millones de indios, hasta 700.000 nepalíes y 400.000 pakistaníes viviendo en Dubái, muchos de ellos migrantes económicos de baja condición social. Para quienes huir no es posible, del lujo solo queda la fachada: el Burj Khalifa, edificio más alto del mundo, evacuado; la Ain Dubái, la noria más grande del mundo, que ha dejado de girar.

Pese a las constantes evacuaciones y la falta de visitantes, la estrategia de la monarquía no parece haber cambiado tras la guerra. El oro sigue a la venta, ahora con grandes descuentos. El siguiente proyecto consiste en instalar “El Dorado” entre las calles: un distrito revestido de este material para consolidar la posición de Dubái como “principal destino mundial para el comercio de oro y joyería”

No todas las guerras suponen pérdidas para los Emiratos. Mientras el conflicto con Irán vacía el país, encuentran en la inestabilidad de Sudán la principal fuente de exportación de oro, a cambio de financiar a las guerrillas que atemorizan al Estado africano. 

A pesar de ello, en una ciudad fantasma y vacía de megarricos, el espíritu de Midas —el rey griego que convertía en lingotes todo lo que tocaba y murió de hambre debido a su don— parece sobrevolar Dubái, donde, sin turistas ni expats para comprarlo, ya solo queda el oro.

Leer el artículo completo