El 45% de los mayores de 85 años toma al menos cinco fármacos de forma crónica

Hace 2 días 1

El consumo intensivo de medicinas se ha convertido en una realidad cotidiana para gran parte de la tercera edad en nuestro país. Según un informe publicado por el Ministerio de Sanidad, basado en datos de 2023, la polimedicación afecta a casi la mitad de la población comprendida entre los 85 y los 94 años, una situación estrechamente ligada a la acumulación de patologías crónicas.

A efectos técnicos, se considera polimedicada a aquella persona que mantiene un tratamiento con cinco o más principios activos diferentes durante un mismo año. Para entrar en esta categoría, la dispensación anual debe equivaler al menos a 180 dosis diarias definidas, lo que implica una administración sostenida durante un mínimo de seis meses.

Los datos revelan una progresión clara asociada al envejecimiento. Si bien el 29,7% de los mayores de 65 años presenta polimedicación, la cifra escala del 20,5% en el primer tramo de jubilación hasta el 44,7% en los ancianos de entre 85 y 94 años. Curiosamente, la prevalencia desciende al 30,8% en el grupo de los centenarios.

Diferencias de género

El estudio también arroja una brecha de género significativa. Las mujeres presentan una mayor tasa de polimedicación (30,9%) frente a los hombres (28,3%), una diferencia que se hace especialmente acusada en las edades más avanzadas analizadas por el departamento ministerial.

En cuanto al tipo de sustancias, los antiulcerosos son los más recetados, superando el 70% en todos los grupos de edad. Le siguen los antihipertensivos y las estatinas, aunque el uso de estos modificadores de lípidos cae drásticamente a partir de los 95 años.

Desde el punto de vista de la salud pública, el informe alerta sobre la correlación con enfermedades graves: la insuficiencia cardiaca es siete veces más frecuente en personas polimedicadas, mientras que la cardiopatía isquémica y la diabetes mellitus multiplican su incidencia considerablemente en este colectivo.

Por último, se observan patrones de consumo diferenciados por sexo. Mientras que ellas consumen más fármacos para la salud mental, el tiroides y el dolor crónico, ellos destacan en el uso de medicamentos urológicos, cardiovasculares y antidiabéticos.

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