Iberoamérica está viviendo un verdadero renacer político e ideológico. Después de años de sometimiento a las recetas fracasadas del socialismo, varios pueblos del continente han comenzado a sacudirse el yugo de una izquierda que prometió justicia social, pero terminó entregando pobreza, inseguridad, corrupción, enfrentamiento de clases y destrucción institucional.
Argentina abrió el camino con una reivindicación frontal de la libertad. Ecuador resistió el avance del correísmo. Chile reaccionó contra los excesos de una izquierda que pretendió refundar el país y desconocer los fundamentos de su desarrollo. Perú acaba de emprender una nueva etapa política y Colombia decidió cerrar el capítulo oscuro del petrismo.
No se trata de una coincidencia electoral, sino de la manifestación de un agotamiento histórico.
Los pueblos iberoamericanos están comprendiendo que el Estado no puede sustituir al ciudadano, que la burocracia no produce riqueza, que los subsidios permanentes no reemplazan el empleo digno y que ninguna sociedad puede prosperar cuando se castiga al empresario, se persigue la propiedad privada y se convierte al éxito individual en motivo de sospecha.
El nuevo rumbo continental debe estar fundado en la libertad económica, la iniciativa privada, el respeto por la legalidad, la seguridad jurídica y la reducción de un Estado que durante décadas creció hasta convertirse en obstáculo para el desarrollo. No se necesitan gobiernos que pretendan dirigir cada aspecto de la vida humana, sino instituciones sólidas que garanticen el orden, protejan los derechos y permitan que cada ciudadano construya libremente su destino.
Este viraje también representa la derrota de la política entendida como culto a la ideología. Los nuevos gobiernos serán juzgados por sus resultados, por su capacidad para recuperar la seguridad, atraer inversión, generar empleo, equilibrar las finanzas públicas y devolverles confianza a las sociedades que han recibido.
La izquierda quiso convertir a Iberoamérica en un territorio sometido al resentimiento, la lucha de clases y el intervencionismo estatal. Sin embargo, la realidad terminó imponiéndose sobre el dogma.
Argentina, Chile, Perú, Ecuador y Colombia anuncian hoy que otro camino es posible. Es el camino de la autoridad democrática, del libre mercado, de la responsabilidad individual y del respeto por la ley.
Una región ha comenzado a despertar y cuando los pueblos recuperan el valor de la libertad, ningún aparato ideológico puede volver a encadenarlos.

Hace 2 días
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