El éxodo del Mariel: el colapso de Miami cuando Cuba abrió sus puertas

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“No podemos subvencionar sociedades extranjeras fallidas y a sus indeseables con una política que dictamina que cualquiera que pueda poner los pies en las arenas de las playas de Florida tiene licencia permanente para recorrer sus calles (…). El Gobierno Federal no estuvo dispuesto a hacer cumplir las leyes de inmigración cuando los extranjeros criminales ilegales entraron en nuestro país el verano pasado y ahora debe asumir la responsabilidad de expulsar a esas personas (…). No podemos permitir que nuestra nación pierda el control de sus fronteras”.

Así alertaba Bob Graham, gobernador demócrata de Florida, a los comités de Inmigración de la Cámara de Representantes y del Senado sobre la situación que sufría su Estado en una audiencia conjunta celebrada en mayo de 1981. La ciudad de Miami, el condado de Miami-Dade y toda Florida se veían desbordados por la masiva llegada de inmigrantes desde Cuba y Haití en apenas seis meses.

Cuba había abierto sus puertas a todo aquel que quisiese abandonar el país rumbo a Estados Unidos después de que un asalto a la Embajada de Perú hubiese llevado a refugiarse ante el amparo diplomático a varios miles de sus ciudadanos con la connivencia de su propia policía. Y a los voluntarios de partir desde el puerto de Mariel sumó a un número indeterminado de internos en sus prisiones y centros psiquiátricos.

Lo que había de ser la expatriación de opositores al régimen y familiares del exilio cubano en Miami apoyado desde Florida con la denominada Flotilla de la Libertad acabó pronto convirtiéndose en una desordenada e interesada expatriación alentada por el propio régimen, como dejó claro el propio Fidel Castro en su discurso del Primero de Mayo en la plaza de la Revolución de La Habana. “Aquí sólo les quedaba el lumpen apoyándolos y el lumpen es lo que les damos. Allá van los criminales”, afirmó sin reparos el líder revolucionario.

Manifestación en Cuba en plena crisis del Mariel

Manifestación en Cuba en plena crisis del Mariel

La flotilla contó con el apoyo logístico del exilio de Miami, que proporcionó todo tipo de embarcaciones –los registros apuntan a más de 1.700–, y pronto tuvo su correlato haitiano, muchos de cuyos ciudadanos vieron una ventana de oportunidad para huir de la miseria y emprender el camino que ya habían emprendido muchos de sus conciudadanos rumbo del continente. Eso sí, en condiciones mucho más precarias.

Unos con el aval del Ejecutivo de Jimmy Carter, que prometió recibir a los exiliados cubanos con “el corazón y los brazos abiertos” y a su llegada eran reconocidos como refugiados, y otros –los haitianos– confinados en un campo de internamiento al ser considerados inmigrantes ilegales, el caso es que Miami pronto tuvo que hacer frente a una importante crisis humanitaria. Agravada, además, por el perfil de muchos de los recién llegados.

Carter prometió recibir a los exiliados cubanos con “el corazón y los brazos abiertos” y a su llegada eran reconocidos como refugiados

Las autoridades locales tuvieron que hacer frente a ello con el apoyo limitado del Gobierno federal, como denunció el Gran Jurado del Condado de Miami-Dade en un informe que presentó el 11 de mayo de 1982 en el que habla sin ambages del “paraíso perdido” que supuso este episodio. Es el documento que ofrecemos extractado.

Liderado por la entonces fiscal del Estado y futura fiscal general nombrada por Bill Clinton, Janet Reno, el informe señala el fuerte impacto que tuvo el incremento de la población cubana del condado en un 20%, la saturación de escuelas, vivienda, servicios sociales, servicios sanitarios, juzgados y centros penitenciarios. Todo ello llevó a que el propio Carter tuviese que declarar Florida como zona catastrófica.

Informe del Gran Jurado del Condado de Miami-Dade (11 de mayo de 1982)

“A finales de la década de 1970, quienes vivimos en el Condado de Miami-Dade habíamos visto indicios, muchos de ellos ominosos, de que la naturaleza de nuestra comunidad había cambiado. Para el verano de 1979 habíamos aprendido que tres cuartas partes de la cocaína y la marihuana que entraban en este país lo hacían a través del sur de Florida.

(…)

”Y entonces, en la primavera de 1980, coincidiendo con que experimentábamos el primer desorden urbano a gran escala en una década, fuimos testigos de un acontecimiento nuevo e inesperado: las fotografías de barcos cargados de cubanos y de haitianos entrando en el sur de Florida adornaban nuestros periódicos diarios. Los haitianos aparecían apiñados en pequeñas embarcaciones sobrecargadas, con ropa andrajosa y expresiones impenetrables. ¿Quiénes eran estas personas y por qué venían aquí?

”Los cubanos, más de 100.000, llegaron en lo que primero denominamos una Flotilla de la Libertad, un nombre positivo para lo que parecía un acontecimiento positivo: la liberación de víctimas de la opresión de Castro que venían a reunirse con sus familias. Pero entonces aprendimos que la corriente de inmigrantes estaba contaminada, quizás envenenada, por una infusión de prisioneros y pacientes mentales de las cárceles y hospitales psiquiátricos de Castro. El término Flotilla de la Libertad desapareció rápidamente y aprendimos a usar un término más cauteloso y más neutral: el Éxodo del Mariel.

La corriente de inmigrantes estaba contaminada por una infusión de prisioneros y pacientes mentales 

”Para finales de 1980, nuestros peores temores respecto a la naturaleza de quienes habían llegado en el Éxodo parecían estar cerca de confirmarse. Un estudio reveló que la tasa de homicidios del Condado de Miami-Dade había aumentado casi un 100% en 1980 en comparación con 1978. Además, la tasa de homicidios en los que las víctimas eran latinos había aumentado, en 1980, un 300% respecto a lo que había sido seis años antes.

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”Y entonces, como si no hubiéramos visto y oído suficiente de lo que resultaba confuso y desagradable, las expresiones impenetrables de los haitianos aparecieron una vez más en nuestros periódicos de la mañana: esta vez sus rostros nos miraban no desde deteriorados barcos de pesca frente a Cayo Vizcaíno, sino desde detrás de vallas coronadas de alambre de púas en un campo de detención en la avenida Krome, al borde de los Everglades.

”Por un lado, los críticos de la nueva política de detención del Gobierno federal llamaban a Krome un campo de internamiento y a la política una desviación inhumana de nuestra histórica actitud de brazos abiertos hacia los refugiados. El Gobierno federal nos decía, sin embargo, que los haitianos estaban aquí ilegalmente y que su detención era sólo mientras se celebraban las audiencias de inmigración. Los abogados de los haitianos, sostenía el Gobierno, eran los culpables de prolongar el proceso y las detenciones. Y aquellas cuestiones, de nuevo, eran complejas y confusas.

La tasa de homicidios del condado se incrementó casi un 100% en 1980 en comparación con la de 1978

”Finalmente, para el otoño de 1981, nuestros problemas y nuestras cuestiones se convirtieron en noticia nacional. Los medios compararon nuestras guerras de la droga con Chicago durante la Ley Seca. Nos vimos a nosotros mismos en la portada de la revista Time en un collage de instantáneas: una víctima de homicidio, un consumidor de cocaína y un ciudadano armándose para su propia protección.

The New York Times se refirió a nosotros como Ellis Island Sur y, en otro artículo, informó de que la Administración para el Control de Drogas había estimado que el tráfico de narcóticos generaba ‘entre 7.000 y 12.000 millones de dólares al año en el sur de Florida, o aproximadamente la misma cantidad que el turismo. El dinero extranjero continuaba entrando a raudales en la zona tanto por canales legales como ilegales, alimentando un auge de la construcción comercial en el centro de Miami’.

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”La llegada en 1980 de más de 150.000 refugiados es comparable a que absorbiéramos la población de toda la ciudad de Tallahassee: además de la necesidad de ayuda financiera directa para una masa semejante de llegadas hasta el momento en que se vuelvan autosuficientes, se requirió a los recursos existentes de Dade que proporcionaran servicios a estos nuevos llegados. Nuestros sistemas de salud pública, educativo, de servicios sociales y de justicia penal, por nombrar solo algunos de esos recursos, se vieron llamados a acomodar un incremento súbito de casi el siete por ciento en nuestra población.

'The New York Times'  reveló cómo el tráfico de drogas empezó a generar en Miami la misma riqueza que el turismo

”Es extremadamente difícil medir el coste total de este impacto sobre nuestros recursos locales. ¿Cómo, por ejemplo, asignamos una cifra a la mayor protección policial, o a la mayor recogida de basura que debe estar disponible para 150.000 personas? Aquellas estimaciones que se han aventurado, sin embargo, de costes documentables estiman que el Condado de Miami-Dade ha destinado 130 millones de dólares en costes que no han sido reembolsados por el Gobierno federal.

(…)

”Otra área en la que los contribuyentes de Miami-Dade han sido perjudicados por el Gobierno federal es el sistema escolar. En 1980 se pidió súbitamente a nuestro sistema escolar que absorbiera a 19.000 niños recién llegados que no hablaban inglés (así como, eventualmente, a 25.000 adultos que se inscribieron en los programas para adultos). Los administradores escolares estiman que este proceso costó un total de 32 millones de dólares. El Gobierno federal ha reembolsado a Miami-Dade 12 millones, dejando un déficit neto de 20 millones de dólares que deben ser absorbidos por los contribuyentes estatales y locales.

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”Cualquier discusión de la carga impuesta sobre las instalaciones locales por el impacto combinado de los refugiados y los extranjeros ilegales incluye inevitablemente el sistema de justicia penal como punto clave. Claramente nuestras inmigraciones recientes han causado un aumento del crimen y han añadido una carga considerable a un sistema de justicia penal ya sobrecargado. Y tan claramente, esto a su vez se traduce en costes aumentados que se transfieren a los contribuyentes de la comunidad.

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Miami-Dade ha destinado 130 millones de dólares en costes derivados de la llegada de 150.000 migrantes

”Así, sin siquiera estimar los costes policiales y los costes de disposición posteriores a la sentencia, tales como los costes del encarcelamiento estatal o de la libertad condicional, y sin incluir siquiera el coste de las faltas, estimamos un coste anual para los contribuyentes locales y estatales de unos nueve millones de dólares al año.

(…)

”Los migrantes del Mariel, colectivamente, están haciendo un intento muy real y loable de asimilarse a esta comunidad.

”Hemos aprendido que los reportajes de los medios sobre ejemplos del lado oscuro del éxodo del Mariel, particularmente en lo relativo al crimen, han oscurecido un lado más brillante: la mayoría significativa de los refugiados del Mariel se está asimilando y está afrontando y ajustándose. Muchos cientos, por ejemplo, están asistiendo a clases de inglés y a otras clases en la Universidad Internacional de Florida y en otros lugares. Muchos otros llegaron con habilidades técnicas que han sido fácilmente absorbidas por nuestra economía. Y en general, tres cuartas partes de los entrantes del Mariel se han vuelto autosuficientes desde su llegada.

”Muchos migrantes siguen sin asimilarse y muestran la necesidad de una diversidad de servicios sociales que deben proporcionarse si han de permanecer entre nosotros. Los costes de estos servicios necesarios y precisos son, y se volverán cada vez más, muy sustanciales, y el apoyo federal está tanto justificado como es necesario.

Se pidió súbitamente a nuestro sistema escolar que absorbiera a 19.000 niños recién llegados que no hablaban inglés

”Sin embargo, una cuarta parte, o unos 25.000, de los migrantes del Mariel no se han asimilado y quizás nunca lo hagan. Entre este grupo se encuentra el núcleo duro que fue expulsado de las cárceles y hospitales mentales de Castro. E incluso si no fuera por la historia de encarcelamiento que muchos de estos migrantes traen consigo, observamos otros obstáculos formidables a la asimilación. Estos obstáculos incluyen dos décadas de vida en una sociedad socialista y una falta de comprensión de nuestra economía y del mercado laboral, la incapacidad de hablar inglés, la falta de un sistema de apoyo de familia, amigos o comunidad y una falta de habilidades laborales en un período de alto desempleo.

”Muchos de estos marielitos no asimilados deberían ser encarcelados o puestos bajo custodia federal, o ambas cosas. Pero si alguno de este grupo ha de permanecer en medio de nosotros, requerirá un gran compromiso de servicios y recursos. Anticipamos la llegada de fondos federales de impacto para este propósito, pero tememos que el compromiso sea demasiado temporal y limitado cuando no debería ser ni lo uno ni lo otro. Y acabamos de enterarnos de que el Congreso ha, a última hora, reducido a la mitad su compromiso original. Instamos a que nuestra delegación del Congreso haga todos los esfuerzos posibles para restaurar el compromiso original de ayuda de impacto.

(…)

”Los haitianos, 18.000 de los cuales llegaron simultáneamente al Éxodo del Mariel de 1980, aumentaron una población haitiana existente en Miami de unos 14.000 estimados a unos 32.000 estimados.

Muchos migrantes siguen sin asimilarse y muestran la necesidad de una diversidad de servicios sociales que deben proporcionarse

”Hemos comenzado a comprender por qué estas personas han venido aquí. Y parecería que a menos que nuestras políticas nacionales relativas a Haití aborden los factores de empuje que están causando que tantos se vayan, la migración al sur de Florida nunca será eliminada. Pero no vemos razón por la cual el Condado de Dade deba soportar la carga de este problema nacional, o mejor dicho internacional.

”Corresponde al Gobierno federal formular nuestra futura actitud hacia el Gobierno haitiano y, claramente, corresponde al Gobierno federal ocuparse de los problemas de inmigración causados por nuestra actitud hacia ese gobierno. Como hemos indicado previamente, nosotros en el Condado de Miami-Dade no podemos permitirnos absorber masas de personas que migran a este país debido a consideraciones económicas y políticas sobre las cuales no tenemos control.”

Ramón Álvarez Sánchez

Redactor de la sección de Continuidad y colaborador del canal Historia y Vida. Ha trabajado en La Revista del Sábado, Deportes, Magazine y Última Hora y ha coordinado el suplemento económico Dinero. Autor de varias obras divulgativas

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