El infierno logístico de Bosnia en el Mundial: 12.000 kilómetros en apenas dos semanas

Hace 18 horas 2

La vuelta de Bosnia y Herzegovina a un Mundial, tras superar a Italia en la repesca, tiene sabor a hazaña deportiva... y también a desafío logístico extremo. En esta ocasión, el combinado balcánico será la selección que más kilómetros recorrerá en la fase de grupos del torneo: alrededor de 12.000 kilómetros de desplazamientos en apenas dos semanas.
Un esfuerzo mayúsculo para un país de apenas 3,5 millones de habitantes que vuelve a la gran cita del fútbol mundial tras su única participación en 2014. Sin embargo, la ilusión de los bosnios trasciende cualquier dificultad y convierte este regreso en algo más que una simple participación: es una reivindicación deportiva y emocional de todo un país.

Recordemos que el Mundial tiene tres sedes, Estados Unidos, México y Canadá... El recorrido de los bosnios comenzará en Estados Unidos, lugar donde el equipo no estará solo, ya que cuenta con una importante diáspora de unos 350.000 ciudadanos de origen bosnio. De hecho, por el momento, la federación bosnia ha confirmado la presencia de alrededor de 30.000 aficionados siguiendo al equipo en sus tres partidos de la primera fase ante Suiza, Qatar y Canadá.

Un apoyo masivo que transformará cada estadio en un pequeño enclave balcánico, pese a la condición de visitante en todos sus encuentros. El debut será en Toronto ante Canadá, uno de los países anfitriones del torneo, en un ambiente que se espera teñido de rojo y blanco gracias a la movilización de sus seguidores.

Un calendario sin respiro

El plan de viaje es tan exigente como el propio grupo. Tras el estreno en Canadá, Bosnia deberá cruzar el continente hacia Los Ángeles para enfrentarse a Suiza, en un vuelo de más de 3.500 kilómetros, el desplazamiento más largo de toda su fase de grupos. Posteriormente, el equipo viajará otros 1.500 kilómetros hasta Seattle para cerrar su participación ante Qatar.
Es por ello que se puede comprobar que el calendario no concede margen de error ni de descanso, con apenas unos días entre partido y partido y con la constante obligación de reorganizar rutinas, entrenamientos y recuperación física.
Entre medias, el cuerpo técnico ha optado por establecer su base en Utah, un punto intermedio que permite reducir algunos desplazamientos, aunque no elimina el desgaste acumulado. Desde allí, la selección intentará controlar la fatiga, los cambios de huso horario y la logística de un recorrido que atraviesa todo el continente norteamericano.
A ello se suman los efectos del viaje constante: vuelos largos, entrenamientos condicionados y una preparación física que deberá ser milimétrica para sostener el rendimiento competitivo. Pese a todo, en el vestuario bosnio reina la ilusión. El grupo sabe que afronta uno de los mayores retos logísticos del torneo, pero también una oportunidad irrepetible de competir en la élite mundial.
Porque, como recuerdan dentro del equipo, un Mundial no se juega todos los días... aunque haya que recorrer medio planeta para vivirlo. Y Bosnia lo hará con el orgullo intacto y las piernas en constante movimiento.

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