El peligro de la "eterna primavera": por qué su cuerpo necesita pasar algo de frío

Hace 9 horas 1

En pleno enero, cuando llegan las olas de frío, la reacción instintiva en muchos hogares españoles es subir el termostato por encima de los 23 grados. Esto hace que en los hogares se creen espacios con clima de eterna primavera, ajenos a las variaciones naturales del entorno. Sin embargo, este confort térmico permanente puede estar volviendo a nuestro organismo menos eficiente.

¿Qué entendemos por confort térmico? Desde finales del siglo XIX, climatólogos y fisiólogos han intentado definir el umbral térmico ideal para el ser humano. No depende solo de la temperatura: la humedad, el viento y la radiación solar influyen de forma decisiva en lo que conocemos como sensación térmica.

Las cartas bioclimáticas más aceptadas sitúan el confort general entre los 21 y 26 grados de sensación térmica, aunque este rango varía según la actividad, la ropa, la edad y el estado de salud. En interiores, donde el viento y la radiación no influyen, la combinación ideal suele encontrarse entre 19 y 21 grados, con una humedad relativa del 30 al 60%.

El problema del "sedentarismo térmico"

Durante miles de años, el cuerpo humano se adaptó a cambios constantes de temperatura. Hoy, sin embargo, pasamos gran parte del tiempo en ambientes climatizados de forma artificial. Este fenómeno, conocido como sedentarismo térmico, reduce la necesidad de que el cuerpo active sus propios mecanismos de regulación. Al eliminar el reto del frío, desactivamos una de las herramientas metabólicas más potentes que tenemos: la grasa parda.

Pero, ¿en qué consiste la grasa parda? A diferencia de la grasa blanca, cuya función principal es almacenar energía, la grasa parda (o tejido adiposo marrón) quema calorías para producir calor mediante un proceso llamado termogénesis. Es rica en mitocondrias y utiliza una proteína clave (UCP1) para transformar energía en calor. La exposición moderada al frío —temperaturas entre 15 y 19 grados— activa este tejido. Los estudios muestran que hacerlo:

  • Aumenta el gasto energético

  • Mejora la sensibilidad a la insulina

  • Favorece un perfil lipídico más saludable

  • Ayuda a "reprogramar" el metabolismo para quemar más energía

Los beneficios de bajar dos grados el termostato

Pasar un poco de frío, de forma controlada, ofrece ventajas que van más allá del peso corporal:

  • Mejor descanso: Dormir en habitaciones a 16-18 grados facilita el descenso natural de la temperatura corporal necesario para un sueño profundo y reparador.
  • Sistema inmunitario más activo: El estrés térmico leve estimula la producción de glóbulos blancos y fortalece las defensas.
  • Mayor claridad mental: El frío activa el sistema nervioso simpático, elevando la norepinefrina y la dopamina, lo que se traduce en más alerta, mejor estado de ánimo y sensación de energía.

¿Estamos demasiado cómodos?

La vida moderna en ambientes constantemente cálidos —por encima de los 24 grados— puede llevar a una atrofia funcional de la grasa parda, haciéndonos menos eficientes a la hora de regular la temperatura y más propensos a acumular grasa blanca.

La paradoja es clara: cuanto menos frío pasamos, peor preparados estamos para afrontarlo.

Cómo practicar el "frío saludable" sin sufrir

No se trata de incomodarse, sino de reintroducir la variabilidad térmica de forma segura:

  • La regla de los 19 grados: Mantén la calefacción en torno a esa temperatura durante el día y añade una capa de ropa si hace falta.

  • Duchas de contraste: Termina la ducha con 30 segundos de agua fresca.

  • Paseos con una capa menos: Permite que el cuerpo trabaje para calentarse.

  • Ventilación diaria: Abrir las ventanas 10 minutos rompe la burbuja de calor y mejora la calidad del aire.

Confort sí, pero con inteligencia

Regular la temperatura del hogar es clave para el bienestar físico y mental, especialmente en un contexto de teletrabajo. Los organismos oficiales recomiendan no superar los 20 grados en invierno durante el día y reducirla por la noche, tanto por salud como por eficiencia energética.

El confort térmico no consiste en eliminar cualquier sensación de frío, sino en encontrar un equilibrio que permita al cuerpo hacer aquello para lo que está diseñado. A veces, el mayor gesto de autocuidado no es subir el termostato, sino dejar que el cuerpo recuerde cómo calentarse por sí mismo.

Leer el artículo completo