El coste de la guerra en Irán, a la que Donald Trump se refiere como una “pequeña excursión”, superó los 11.300 millones de dólares en la primera semana, según datos oficiales del Pentágono. Sin embargo, legisladores, expertos y centros de investigación, así como fuentes oficiales citadas anónimamente en medios estadounidenses, estiman que la cifra real podría ser muy superior: Washington estaría consumiendo entre 1.000 y 2.000 millones al día. A este precio hay que sumarle las vidas de 13 soldados estadounidenses, que podrían crecer rápidamente si Trump decide enviar tropas al estrecho de Ormuz para escoltar petroleros y especialmente si lanza una operación terrestre, lo que parece la opción más viable para eliminar al régimen y el uranio, los misiles y los drones que, según EE.UU., guarda Teherán en sus túneles.
Mientras el Pentágono proclama que Washington está “ganando de manera decisiva y en nuestros propios términos”, según ha dicho hoy el secretario de Defensa, Pete Hegseth, se prepara para un conflicto que podría alargarse más de lo previsto. Por ello, su departamento ha enviado a la Casa Blanca una solicitud de 200.000 millones de dólares en fondos adicionales, que deberían ser aprobados por un Congreso que ha sido ignorado de forma sistemática. En el Capitolio, donde crece la reticencia a la guerra, una inversión así tiene pocos visos de prosperar a pesar del control republicano de las dos cámaras legislativas.
El jefe del Pentágono ha confirmado el monto total, avanzado por The Washington Post y Associated Press, aunque ha señalado que la cifra final podría cambiar. Sin embargo, sí ha dejado claro que necesitarán más financiación, pues “cuesta dinero matar a los tipos malos”. “Iremos al Congreso y nos aseguraremos de que contamos con la financiación adecuada”, ha subrayado Hegseth.
El dinero servirá para “terminar esta guerra”, “garantizar que nuestras municiones estén reabastecidas” y “revitalizar nuestra base industrial”, ha subrayado el jefe del Pentágono, en medio de una creciente preocupación en Washington por el agotamiento del arsenal militar, que podría dejar a EE.UU. en una situación vulnerable ante futuros desafíos provenientes, por ejemplo, de China o Rusia. “El presidente Trump reconstruyó el ejército en su primer mandato y no pensaba que lo usaría de manera tan dinámica en el segundo, pero así ha sido”, ha añadido Hegseth, criticando a la Administración de Joe Biden por “agotar las reservas” de armamento para defender a Ucrania.
Desde que comenzó la campaña de bombardeos masivos en Irán junto a Israel, el 28 de febrero, los misiles de EE.UU. han alcanzado “más de 7.000 objetivos”, incluyendo el 90% de los misiles balísticos y drones iraníes, y 11 submarinos, según la actualización que ha dado Hegseth esta mañana. Son cifras similares a las que ofreció hace una semana, lo que demuestra la capacidad de resistencia iraní, que podría obligar a Washington a prolongar esta guerra más allá de las estimaciones iniciales de “cuatro o cinco semanas”.
En su comparecencia desde el Pentágono, Hegseth se ha negado a decir cuándo terminará la guerra, aunque ha asegurado que EE.UU. “va por muy buen camino” y ha añadido: “En última instancia, será a elección del presidente cuando digamos que hemos logrado lo que necesitábamos en nombre del pueblo estadounidense para garantizar nuestra seguridad. Así que no, no hay un plazo establecido para eso”.
Pete Hegseth, secretario de Defensa de EE.UU.
“En última instancia, será a elección del presidente cuando hayamos logrado lo que necesitábamos en nombre EE.UU.”
Sin embargo, la Casa Blanca sigue sin dejar claros los objetivos de la guerra, que han sido ambiguos y cambiantes en sus declaraciones públicas: el cambio de régimen, la destrucción de la ambición nuclear iraní, la degradación de sus activos militares o el fin de su apoyo a las milicias proxy en la región, entre otros. El argumento de que existía una “amenaza inminente” por parte de Irán ha sido descartado por la inteligencia estadounidense, según confirmó ayer la directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, en el texto que publicó de la apertura de su comparecencia ante el Senado.
Después de asesinar al líder supremo Ali Jamenei y a buena parte de la cúpula política y militar del régimen de los ayatolás, un consejo de clérigos eligió a su hijo, Mojtaba Jamenei, para sucederle en el trono. Desde entonces, Irán no ha mostrado ninguna intención de dejar de usar todos los instrumentos a su alcance para presionar a Washington, incluyendo bombardeos a sus aliados en el Golfo Pérsico, a las embajadas y bases americanas en la región, y atacando petroleros en el estrecho de Ormuz, una situación que ha dejado el precio del barril de Brent por encima de los 100 dólares por primera vez desde el 2022, tras la invasión rusa de Ucrania.
Los precios se han disparado todavía más después del bombardeo israelí al yacimiento de gas de South Pars en Irán, el más grande del mundo, un ataque que fue respondido con el bombardeo iraní de instalaciones de gas en Qatar. En una publicación en su plataforma, Truth Social, Trump afirmó anoche que el bombardeo había sido responsabilidad exclusiva de Israel y que EE.UU. “no estuvo involucrado de ninguna manera, forma o modo”. Aun así, amenazó con hacer “volar masivamente” el yacimiento de South Pars si Irán vuelve a atacar instalaciones energéticas qataríes.


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