El Real Madrid no muere, se hace más fuerte

Hace 2 días 1

Si lo que no te mata te hace más fuerte, el Real Madrid es ahora mismo Robocop en esta Champions después de superar la prueba del Etihad ante el Manchester City de Pep Guardiola. Y lo hizo indemne y sin rasguños (a la espera de saber las molestias de Courtois) en medio del ambiente de las grandes remontadas y ante un equipo que no se guardó ni un gramo, condenado al purgatorio en el minuto 17 cuando Bernardo Silva entendió que debía abrir el codo para evitar el gol de Vinícius. Tras chequear el VAR que el brasileño arrancó en posición legal, la jugada acabó con el gol de penalti del propio Vinícius y con el portugués en los vestuarios con roja directa (0-1). Todo saltó por los aires. Por mucho que el City siguió remando, el signo del partido estaba escrito.

Antes de la jugada instintiva y determinante de Bernardo Silva, el City le ató la cuerda a un Madrid que supo soltarse por momentos. Ocurrió como en la ida. El equipo de Guardiola te somete, pero no te avasalla. Y deja espacios mortales. Ahí, el Madrid crece rápido como una enredadera.

En el primer minuto, Valverde se quedó solo ante Donnaruma, pero perdió la estrella que le hizo marcar cinco goles en apenas siete días. Su lanzamiento fue manso a las manos del italiano.

El plan de Guardiola era un intervención quirúrgica en la que Doku hacía de bisturí. El belga dio una exhibición de regates, pero apareció Courtois para arruinar la fiesta local. Primero fue Cherki, luego Rodri. La imprecisión del City le ha perseguido todo el curso, también ante los de Álvaro Arbeloa, que pudieron sentenciar los octavos en ese caos en el que se convirtió el diez contra once. Vinícius perdonó dos goles, Haaland no se encontraba y el más de un millar de aficionados blancos coreaban el “oé, oé” ante el poso que demostró su equipo, de nuevo sujeto por Pitarch, Tchoauaméni y por un recuperado Huijsen, blando como Pitarch en el 1-1 de Haaland cerca del descanso, omnipresente y seguro después como un veterano.

Ahí, en medio del fulgor, ya se dirimía otro partido en los banquillos, con un Guardiola que vio una amarilla y un Arbeloa que no fue menos protestando al cuarto árbitro. Los rifirrafes se sucedieron mientras la grada del Real Madrid entonaba el nombre de su entrenador, que en dos semanas ha pasado de villano a héroe, a gurú de la causa blanca en una Champions que ahora llega a Munich. “Guardiola quédate”, bromearon incluso los hinchas merengues, saboreando el triunfo.

Pero aún quedaba partido. Pese a la inferioridad numérica, el despliegue del City fue heroico. Una brizna de esperanza llegó al descanso, cuando Courtois, con unas molestias, dejó su lugar a Lunin, cuyo último partido fue el desastre de Albacete en la Copa (3-2). Pero esto es la Champions y, a los cinco minutos, le sacó una mano milagrosa a Haaland. No tembló el ucraniano, fuera de las últimas listas con su selección, una gota más en el hormigón blanco.

El Madrid bajó el ritmo, se adornó en los contraataques, jugó con el reloj. Nunca dio la sensación de que lo hizo con fuego pese al 1-1, porque el City sí marcó por medio de Doku, aunque por centímetros fue anulado por fuera de juego, y otra vez perforó la meta de Lunin en un cabezazo de Ait Nouri. También anulado. Al filo del final, ya con Mbappé en el campo, quien vio una amarilla pero demostró estar recuperado para el tramo final del campeonato, Vinícius rubricó la eliminatoria de un Madrid renacido de sus cenizas. 

El final fue de aceptación. Guardiola saludó a cada uno de los miembros del cuerpo técnico de Arbeloa y a todos los jugadores del Real Madrid. Todos bajaron las armas. El Madrid fue demasiado para un City negado ante el gol e inferior en el pulso. Los blancos siguen adelante reforzados en una Champions en la que conocen todos los secretos.

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