El Reino Unido da luz verde a una ‘superembajada’ china en Londres que despierta recelos en Estados Unidos

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Keir Starmer camina por un campo de minas en su empeño por preservar a toda costa la ‘relación especial’ entre Londres y Washington y en evitar la ira de Donald Trump. El Gobierno laborista del Reino Unido ha decidido finalmente, en el último día del plazo previsto para la aprobación, dar luz verde a la construcción de una ‘superembajada’ de la República Popular de China en Londres.

Los críticos del proyecto, encabezados por el Partido Conservador británico y entre los que se encuentran políticos republicanos estadounidenses, llevan meses alertando ante los riesgos que, según ellos, supondrá la construcción del megaedificio. La nueva embajada ocupará la sede de la antigua Real Casa de la Moneda, cerca de la histórica Torre de Londres.

Parte de los planes presentados por el Gobierno chino, que compró el edificio en 2018 por más de 292 millones de euros, muestran cómo algunos de los espacios previstos estarían situados a escasos metros por encima de los cables de fibra óptica que sostienen las comunicaciones de la City de Londres, una de las plazas financieras más importantes del mundo.

Con una construcción prevista de 20.000 metros cuadrados, se trataría de la embajada china más grande en territorio europeo.

“La decisión [de dar luz verde a] los planes de construcción se ha adoptado de manera independiente por el ministro de Vivienda. Forma parte de un proceso que comenzó en 2018, cuando el entonces ministro proporcionó consentimiento diplomático formal a la construcción”, asegura el Gobierno británico en un comunicado. “La seguridad nacional es nuestra prioridad, y las agencias de inteligencia han estado involucradas en este proceso. Toda una serie de precauciones se han desplegado para gestionar posibles riesgos”, añade el texto.

Tensión con Pekín

El Ejecutivo de Starmer quería concluir cuanto antes un proceso que había tensado las relaciones con China, justo cuando el primer ministro persigue incrementar las relaciones comerciales con la potencia asiática y prepara una visita de Estado a Pekín, la primera de un jefe de Gobierno británico en casi ocho años.

Pero la fuerza de los críticos al régimen chino es muy fuerte en el Reino Unido. No incluye solo al Partido Conservador, sino que se organiza a través de un grupo interparlamentario que reúne diputados de derecha e izquierda. Y se suma a ellos Washington, que todavía no ha expresado un rechazo formal a la decisión pero que lleva tiempo expresando su disgusto ante la idea.

“A Estados Unidos le preocupa profundamente que nuestros adversarios [en referencia a China] exploten las infraestructuras críticas de nuestros aliados más cercanos”, ha asegurado recientemente un alto cargo de la Administración de Trump al diario The Daily Telegraph.

El presidente de la Comisión sobre China de la Cámara de Representantes de Estados unidos, John Moolenar, también ha expresado públicamente su “oposición” a los planes de construcción de la ‘superembajada’, y ha sugerido que los datos de las grandes compañías estadounidenses que operan en la city londinense podrían “correr riesgo”. “El Partido Comunista Chino es una amenaza para el Reino Unido, un socio de la alianza Five Eyes (Cinco Ojos, el grupo de coordinación de espionaje que forman Estados Unidos, Reino Unido, Australia, Canadá y Nueva Zelanda) y de todo el mundo libre", ha advertido el congresista estadounidense.

El portavoz conservador de Vivienda, James Cleverly, ha cargado las tintas en su crítica a la decisión, que ha calificado como “un acto de cobardía del Gobierno laborista, desprovisto por completo de coraje”. Cleverly ha asegurado que la decisión muestra “el deseo desesperado de Starmer por lograr la aprobación de Pekín”. Su compañera Priti Patel, la portavoz conservadora de Exteriores, ha acusado al primer ministro de “vender la seguridad nacional del Reino Unido al Partido Comunista Chino, con la vergonzosa rendición de la ‘superembajada”.

La comunidad de disidentes chinos procedentes de Hong Kong, a muchos de los cuales abrió las puertas del Reino Unido el ex primer ministro, Boris Johnson, han expresado su temor a que Pekín pueda utilizar toda una fortaleza en el corazón de Londres para llevar a cabo actividades de persecución y represión.

Chung Ching Kwong, una de esas disidentes que trabaja para la Alianza Interparlamentaria sobre China, ha asegurado a la BBC que la construcción de la embajada es motivo de temor: “Saber que van a tener centenares más de personas trabajando en territorio británico da mucho miedo. Escapamos del país para huir de la opresión, la vigilancia y el largo brazo del Estado chino”, ha explicado.

El director del MI5, el servicio de espionaje interior del Reino Unido, Ken McCalum, ha intervenido en el debate en un intento por transmitir calma a los críticos. En una carta pública enviada a los Ministerios del Interior y de Exteriores afirma que “los riesgos para la seguridad nacional nunca podrán ser completamente eliminados”, como pretenden algunas voces del debate. “Sería irracional perseguir ‘un riesgo cero’ en cualquier embajada, cuando hay otros vectores de amenaza para la seguridad nacional que son más clave en los tiempos actuales”, ha escrito.

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