20/01/2026 19:44 Actualizado a 20/01/2026 19:46
Que te cocine Ferran Adrià, ver arte en Florencia o a Maradona jugar en Nápoles. Ahora mismo los España-Hungría significan lo mismo en el waterpolo. Es imposible alcanzar un nivel tan superior de emoción y plasticidad, encuentros decididos por detalles con sus héroes, jugados al límite del corazón, como la pasada final de los Mundiales de Singapur que supuso la despedida idílica de Felipe Perrone o este partido que decidía el que pasaba a semifinales en el Europeo de Belgrado. Esta vez, la moneda fue del lado magiar.
España lleva ocho años, desde la llegada de David Martín al banquillo, instalada en el cielo. Solo se le resiste el podio olímpico, pero en Mundiales y en Europeos las tiene de todos los colores. Esta tarde, pese a la derrota (14-15) en los penaltis y la eliminación, demostró de nuevo el porqué.
A falta de diez segundos, Hungría lanzó a las manos de Edu Lorrio, el meta que había entrado en el tercer cuarto por Unai Aguirre. El lazo estaba casi atado (10-11). Uno arriba para los del filósofo Zsolt Varga, que solo debían hacer una defensa dura ante un ataque imposible de los de David Martín. Pero, al igual que ocurriera en Singapur con el gol de Alberto Munarriz ante Grecia en las semifinales, Cabanas se sacó una vaselina de la chistera que superó a Soma Vogel. El balón entró con delicadeza, como un golpe de Federer, y el tiempo expiró. Todo se decidiría en los penaltis, aunque en esta ocasión el meta magiar, quien ya les dio el título en los Mundiales de 2023 ante Grecia, fue el hombre del partido.
Marcaron Granados, Munárriz y Cabanes. Unai Biel y Sanahuja se toparon con el larguirucho meta del Ferencvaros, uno de los mejores del mundo. La alegría invadió Hungría. España se fue sabiendo que habrá más batallas y que no se pueden ganar todas.
Con el precedente del último mundial y la igualdad de siempre arrancó el partido. Manhrecz inauguró el marcador al contraataque (0-1) y anotó de penalti para volver a poner por delante a los magiares tras el gol de Granados (1-2). Hungría, a veces perezosa en acciones defensivas, había activado el botón de la concentración y de la intensidad. España debía bordarlo para pasar a las semifinales y hacer piruetas en el alambre.
Jansik abrió la brecha desde posición uno (1-3) y España es estrelló en las superioridades: apenas anotó una de las primeras cuatro. Tahull recortó distancias y Cabanas, al límite del primer cuarto, le enseñó las uñas a Hungría. El partido era una batalla acuática en la que Manhrecz, la estrella magiar, acumuló ya dos exclusiones y tuvo que jugar el resto al borde de la descalificación.
No logró España ponerse por delante, siempre a remolque. Apareció Bernat Sanahuja para igualar de nuevo (4-4) y, cuando más apretaron los de David Martín, emergió el gigante Soma Vogel para detenerle un penalti a Sanahuja con la cabeza y sacarle a Larumbe otro tiro imposible. Unai Biel, con un giro de muñeca, volvió a empatar. Hungría sabía a quien tapar después de que Munarriz y Granados acumularan los goles en la fase previa, pero esta tarde quedaron minimizados; en el tercer cuarto, los magiares de nuevo se pusieron por delante con goles de Nagy y Vigvari, goleador y marinero (5-7). Larumbe recortó distancias, pero vio la tarjeta roja por una agresión. España se quedaba sin uno de sus cerebros, pero sacó de neuronas especialmente de Cabanas, que este verano regresó a Sabadell tras su periplo en Croacia.
En el toma y daca final, España se puso por delante por primera vez al haber mejorado en las superioridades (seis de 11) y contar con el acierto de Lorrio en los momentos limítrofes (10-9). Pese a ello, la defensa magiar y el acierto de Nagy le dieron la vuelta a un partido que no cayó esta vez del lado español.
Fue una hora de emoción. Las derrotas así sientan mejor. España jugará el jueves por el quinto puesto en Belgrado.

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