Exigentes y legendarios miuras en Huelva

Hace 14 horas 1

Sus paisanos obsequiaron a Alejandro Conquero con una oreja para darle ánimo; El Fandi paseó dos trofeos y salió a hombros tras un derroche de energía y entrega ante el cuarto toro, y Manuel Escribano se debió conformar con una vuelta al ruedo ante el quinto. Pero, lo que son las cosas, el primer toro de Miura le arrancó el lóbulo de la oreja izquierda al torero sevillano al pasar sus 610 kilos por encima de su anatomía tras caer en la cara del animal al resbalar a la salida de un par de banderillas que compartía con el granadino.

Aunque pueda dar lugar a la chanza, el asunto es serio. Escribano se levantó con toda la zona izquierda de la cara ensangrentada y pasó a la enfermería donde le reconstruyeron la oreja y pudo lidiar sus dos toros.

Pero así se las gastan los miuras, que volvían a la plaza de Huelva tras 49 años de ausencia (desde el 30 de julio de 1977), y se empeñaron en demostrar que son toros diferentes, y no solo por su deslumbrante anatomía, sino por su carácter indómito, por su empuje en los caballos, por su facilidad para hacer un curso acelerado sobre el cuerpo humano, por su exigencia y dificultad para la lidia, por su aspereza, por su particular concepción de la nobleza y por su innata capacidad para introducir una corrida moderna en un túnel del tiempo y trasladarla a cien años atrás.

Miura es un toro diferente por su carácter indómito y su innata capacidad para introducir una corrida moderna en un túnel del tiempo y trasladarla a cien años atrás

Ese es el misterio y la grandeza de este encaste, diferente a todos los demás, imprevisible siempre, que obliga a los toreros a un ejercicio de atención extraordinario, a mantener los ojos muy abiertos y los cinco sentidos alertas durante toda la lidia.

No es fácil que un miura se deje lancear en sus primeros compases en el ruedo, y no lo fue a pesar del manifiesto interés de la terna; los seis empujaron con fuerza en el primer tercio, especialmente el primero, al que masacraron en varas y llegó casi sin vida a la muleta, y tercero y sexto; este último acudió tres veces al caballo, dos de ellas desde el centro del ruedo. Todos persiguieron con codicia y osadía en banderillas y pusieron en aprietos a más de uno de oro y plata; y en la muleta ofrecieron toda una lección magistral de toros antiguos que no permiten confianza alguna, ni son colaboradores, que humillan cuando les parece y, cuando no, sueltan derrotes directos al corbatín o buscan las nubes con sus largos pitones. En resumen, que los toros de Miura, y estos de Huelva lo eran, obligan a que sus lidiadores estén dispuestos a sudar la camiseta y pasar un mal rato, no exento de derramamiento de sangre, como fue el caso de Escribano.

Con este encierro de toros tan singulares, los toreros exhibieron compromiso y entrega, aunque con diferentes resultados, según los casos.

El Fandi, a hombros después de cortar las dos orejas al cuarto toro de la tarde.Alberto Díaz (Efe)

El mejor parado fue el veterano David Fandila El Fandi, que ya no banderillea a toro pasado, sino desde el costado de su oponente. Se apoya todavía en un magnífico estado físico y en su larga experiencia, lo que le permite encandilar a los públicos generosos con la ejecución de pares que enrojecerían de vergüenza al aficionado más imberbe. Es un consumado experto en dejar pasar la cara del toro y clavar los garapullos antes de que aparezca el rabo. Inaudito.

Su engaño manifiesto con las banderillas no le resta otros méritos, como su desmedida entrega en todos los tercios. Intentó veroniquear a su primero, recibió con una larga de rodillas en el tercio al cuarto, y a este le clavó hasta cinco pares de banderillas, e impresionó, y de qué manera, a los festivos tendidos onubenses; con la muleta entre las manos se le notan los años y se le apreciaron más sus precauciones que su firmeza. Su doble actuación naufragó entre los muletazos despegados y destemplados y el movimiento inestable de sus piernas. Mató mal al quinto, lo que no impidió que le concedieran las dos orejas.

Alejandro Conquero cumplía cuatro años de su alternativa en 2022 en esta misma plaza, pero ha toreado muy poco. Tiene mucho mérito anunciarse con una corrida de Miura en su situación, y saldó el compromiso con tanta decisión como escaso oficio y tanta suerte como pocos resortes para salir airoso.

Y a Manuel Escribano le sentó muy mal la voltereta, y se le notaba en su semblante. Puso banderillas, como en él es habitual, casi siempre a toro pasado, pero con una gallardía encomiable; se esforzó sobradamente ante el muy soso tercero, y no le perdió la cara al quinto, que embestía con la cara por las nubes, y al que había recibido de rodillas frente a la puesta de toriles.

Al final, se llevaron a hombros a El Fandi, que se reivindicó como torero para futuras Colombinas, a pesar de su veteranía, y quedó claro por qué Miura es un hierro legendario. Casi nada.

Miura/El Fandi, Escribano, Conquero

Toros de Miura, muy bien presentados, bravos en los caballos y descastados, complicados y sosos en el último tercio.

David Fandila El Fandi: media estocada tendida y baja (ovación); pinchazo hondo y un descabello (dos orejas). Salió a hombros.

Manuel Escribano: estocada _aviso_ y dos descabellos (ovación); _aviso_ y estocada caída (petición y vuelta al ruedo). Parte médico: Herida inferior del pabellón auricular izquierdo del lóbulo. Bajo anestesia local se realiza reconstrucción plástica, quedando suturado al trazo y a la porción superior del lóbulo. Pronóstico, menos grave.

Alejandro Conquero: estocada perpendicular (oreja); tres pinchazos, dos descabellos _aviso_ y un descabello (silencio).

Plaza de la Merced de Huelva. 31 de julio. Feria de Colombinas. Casi lleno.

Leer el artículo completo