El veterano de guerra Graham Platner se ha alzado con la victoria en las primarias demócratas por Maine, consiguiendo así el pase para competir por un escaño en el Senado estadounidense el próximo mes de noviembre. Será el rival de Susan Collins, la senadora republicana más moderada de la Cámara y la única que queda de una especie antaño numerosa, pero hoy casi extinta: el senador de un partido distinto al que vota la mayoría del estado. Según algunas encuestas, esta carrera electoral será determinante para dictaminar si los republicanos lograrán mantener el control del Senado en noviembre.
Este triunfo se ha producido a pesar de la reciente ola de controversias personales que han rodeado al candidato, relacionadas con el envío de mensajes sexualmente explícitos a varias mujeres durante su matrimonio, así como diversas acusaciones de maltrato: una antigua novia que estuvo dos años con él ha declarado al The New York Times que la agarraba por los hombros con la suficiente fuerza como para dejar marcas, la sacó de un taxi tirándola por la muñeca en una discusión, la empujó a una habitación y la mantuvo confinada allí durante la noche. Aunque reconoce que nunca la pegó, admite que la hacía sentir miedo. Otras mujeres mencionaron un comportamiento intimidante, inestable emocionalmente, depresivo y despectivo con ellas.
Se han conocido también algunas publicaciones en redes con lenguaje racista, sexista y homófobo, que al igual que su alcoholismo y sus comportamientos abusivos con mujeres, Platner atribuyó al trastorno de estrés postraumático derivado de su servicio militar.
Todo esto se suma a la polémica por el tatuaje de las SS que llevó en el pecho durante dieciocho años y que sólo retocó tras tomar la decisión de presentarse. Se trata del símbolo conocido como Totenkopf, una versión muy específica de la clásica calavera con dos tibias cruzadas, empleada por la división de las SS encargada de custodiar los campos de exterminio. Un símbolo tan conocido que inspiró un famoso show de Mitchell y Webb, convertido en meme desde hace años, en el que dos oficiales nazis se preguntan si son ellos los malos.
Aunque Platner aseguró públicamente que no conocía el origen nazi del tatuaje, lo cierto es que conversaciones en redes sociales y distintos testimonios de personas cercanas, entre ellos el de la novia maltratada, muestran que estaba perfectamente al tanto. Incluso una antigua directora de su campaña ha reconocido haber hablado con él del asunto y que era perfectamente consciente de qué era el símbolo y de la necesidad de quitarlo para poder ganar las primarias.
Apoyo de la extrema izquierda y silencio demócrata
Graham Platner, de 41 años, logró asegurar su nominación en gran medida gracias al respaldo de figuras de la izquierda más radical del partido, como el senador Bernie Sanders y el congresista Ro Khanna. Antes de que los votantes acudieran a las urnas, el candidato demócrata se vio obligado a pedir disculpas públicamente tras la filtración de sus comunicaciones privadas. En su defensa, Platner atribuyó parte de su errática conducta a supuestos problemas de salud mental derivados de su etapa militar.
La última de las polémicas saltó a la luz pública a finales de mayo, cuando medios como el Wall Street Journal, el The New York Times y la cadena de televisión CNN desvelaron que Platner había intercambiado múltiples mensajes de contenido sexual con distintas mujeres a espaldas de su esposa, Amy Gertner. El escándalo ha puesto a prueba la coherencia interna de una formación que durante años ha abanderado las reivindicaciones del movimiento MeToo.
Según la información trascendida, Gertner descubrió estas conversaciones en la primavera de 2025. Meses después, en agosto, decidió comunicar los hechos al equipo de campaña que preparaba la carrera de su marido hacia el Senado, con el objetivo de evaluar sus posibles consecuencias electorales. En aquel momento, los asesores consideraron que se trataba de un asunto estrictamente privado y decidieron ocultarlo a la opinión pública, aunque eran conscientes del riesgo que suponía de cara a los electores.
Desde que la prensa destapó el caso, la preocupación se instaló en el seno del Partido Demócrata. Numerosos simpatizantes y figuras vinculadas al feminismo cuestionaron la idoneidad de mantener a un candidato envuelto en semejante controversia, pero ninguna figura política demócrata relevante, salvo el senador por Pensilvania John Fetterman, ha criticado a quien podría ser la llave del Senado para el partido. Ni siquiera las mismas figuras que incitaron al cómico y entonces senador Al Franken a dimitir por acusaciones de sobar a una mujer mientras dormía han dicho nada.
Con la vista puesta en las elecciones de noviembre, el panorama político estadounidense sigue completando su mapa de candidatos. En las próximas semanas, estados clave como Florida, Texas, Arizona, Michigan y Wisconsin celebrarán sus respectivas primarias para definir las candidaturas tanto para el Congreso como para las elecciones a gobernador de varios de estos estados.

Hace 2 días
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