En España estamos acostumbrados a sufrir su nefasto nivel. No tanto en Europa, donde hay algo más de nivel, pero lo vivido este jueves en el Groupama Stadium de Lyon pasará a la historia negra del arbitraje.
Se jugaba el Olympique de Lyon-Celta con ambos equipos jugándose el pase a cuartos de final de la Europa League. Tras el 1-1 de la ida en Balaídos, donde el equipo de Giráldez firmó un auténtico ejercicio de resistencia tras jugar más de media hora con un hombre menos.
El Celta salió con muchísima personalidad al partido. Como había avisado en la previa su técnico: "Tendrían que matarnos para ganarnos". Esa frase ejemplifica cómo el equipo olívico salió con todo al partido. Sin especular. Al ataque. A presionar la salida de balón del Lyon con sangre inyectada en los ojos. A ser protagonistas.
Aún no se había cumplido el primer minuto de juego cuando Javi Rueda —el carrilero derecho del equipo vigués— fue a presionar a Tagliafico y el lateral argentino le pisa el tobillo en una acción tan clamorosa como peligrosa por la fuerza con la que va esa pierna de apoyo.
El árbitro, el bosnio Irfan Peljto, y el colegiado que estaba a los mandos del VAR —el escocés Dallas, no, no es un chiste la dupla de trencillas— se lo fumaron.
A pesar de este tremendo error que perjudicó a un Celta que tendría que haber disfrutado de una pena máxima y que el Lyon se quedara en el minuto de juego con un jugador menos, no se descompuso. Siguió jugando su fútbol —brillante— y al árbitro pareció que la conciencia le jugó una mala pasada ya que sacó roja directa a Moussa Niakhaté por una entrada al tobillo del propio Javi Rueda.
El Celta, en superioridad, fue muy superior al conjunto francés. Maduró el partido y en la segunda parte consiguió ponerse por delante con el tanto del gran protagonista del partido, el propio Javi Rueda.
Con el 0-1 los de Giráldez anestesiaron el partido a través de la posesión y pusieron la guinda en el 92 con el tanto de Jutglá.
A pesar del triunfo, en Vigo tardará en olvidarse el penalti que le birlaron por la cara y de un arbitraje que generó tanto terror que hizo que Giráldez cambiara a cada jugador que recibía una tarjeta amarilla.
El Celta se cuela en cuartos de final donde se medirá a un Friburgo que destrozó al Genk.

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