India, un nido de víboras

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Manolo Márquez, ex entrenador de Espanyol B y Las Palmas, cogerá mañana un vuelo rumbo a India. La espera ha sido larga para uno de los técnicos más prestigiosos de un país que no despierta de su letargo deportivo y cuyo fútbol ha vivido la peor crisis de siempre. La Indian Super League arrancará en un formato reducido, con cinco meses de retraso, con un éxodo de jugadores extranjeros del “60 por ciento” y con una rebaja salarial considerable (en algunos casos llega al 30 por ciento). “Ha sido un desastre”, confiesa el técnico catalán, que alzó la Copa recientemente con el Goa y fue seleccionador durante un año. Se le hizo eterno. Dimitió.

El trasfondo es el pulso entre “la vieja y la nueva guardia”, o lo que es lo mismo, la federación de fútbol (“anquilosada desde hace 80 o 90 años”) y Reliance, la empresa que se encarga de financiar una competición por franquicias, como funciona la NBA o la liga de criquet, el deporte popular del país. “Una lucha de poder y de dinero”.

Reliance creó la Super League en 2014 para atraer a grandes jugadores, mejorar la visibilidad y desarrollar el fútbol. El dueño de la empresa es el multimillonario indio Mukesh Ambani, mandamás de Bollywood y otros conglomerados, quien colocó de presidentes de los clubs a varios socios millonarios (una especie de jeques). En este tiempo, y aunque la liga ha atraído a figuras como Alessandro Del Piero o Robert Pires, no ha acabado de cuajar y la selección del país ha caído a la 142º posición del ránking FIFA. Si el reto era entrar en el Mundial de 2026, la India quedó apeada ante Kuwait, Afganistán y Qatar. Solo ganó un partido. El expresidente de la FIFA sumido en casos de corrupción (fue absuelto el pasado marzo), Joseph Blatter, habló de India como un “gigante dormido”. El país más poblado del mundo (1.450 millones de habitantes) sigue en plena hibernación por sus profundos problemas internos.

Un ejemplo del caos y los intereses clasistas fue el del pasado diciembre en el Salt Lake Stadium de Calcuta, donde aterrizó Leo Messi (junto a Luis Suárez y Rodrigo de Paul) en medio de una gira que le reportó a sus bolsillos 11 millones de dólares. La aparición de Messi en el estadio, rodeado de amplias medidas de seguridad, actores y gente adinerada, duró 20 minutos. Los espectadores habían pagado 115 euros y el recinto estaba a rebosar... Pero apenas pudieron disfrutarlo. Hubo lanzamiento de objetos, de sillas y detenciones policiales. Y el ministerio pertinente abrió una investigación para esclarecer por qué un día de fiesta fue un día de vergüenza nacional, en una imagen que dio la vuelta al mundo.

Mientras la federación advierte de que con tanto extranjero el jugador indio no prospera, desde dentro se señalan los problemas estructurales y de corrupción (ránking 93 de 180 países según la Organización para la transparencia Internacional) de un país bajo sospecha hasta en el Comité Olímpico Internacional. Sin ir más lejos, y según el estudio de la Agencia Mundial Antidopaje, fue el que tuvo más positivos en 2024 por tercer año consecutivo con un índice elevado: de 7.113 tests, 260 resultaron alterados. Eso supone un 3,6%; Rusia marca un 0,7%, por ejemplo.

En la historia olímpica, India es el país número 49 en la clasificación, con 41 medallas, diez de ellas de oro: ocho de las cuales las logró la selección de hockey cuando se jugaba en hierba... Ahora, desde hace ya más de cuatro décadas, la superficie es sintética.

Datos terroríficos 

El país más poblado del mundo solo lleva 41 medallas olímpicas, entre ellas diez oros

En 2012, el COI tuvo que sancionar a su comité olímpico con la prohibición de participar en los Juegos de Invierno de Socchi de 2014, debido al incumplimiento de la Carta Olímpica en el apartado sobre “las reglas de buena administración”. Las injerencias políticas fueron más acentuadas en federaciones y en el comité indio. Se levantó el veto a última hora, e India se libró pasar a la historia negra: desde Sudáfrica en los años 80, sancionada por el apartheid, ningún otro país había sido vetado por este tipo de incumplimientos.

Según las fuentes consultadas conocedoras de la situación federativa del país, India es uno de los más complicados de gestionar y que más dolores de cabeza le ha dado al Movimiento Olímpico. En primer lugar, por sus bases sociales, compuestas por una enorme oscilación entre las clases ricas y pobres. Y por su compleja manera de gobernar en la que se juntan caos, corrupción e injerencias para tener poder e influencia, y no para desarrollar el deporte con un programa estable.

Precisamente, Ambani quiere hacer realidad otro sueño, el de llevar los Juegos Olímpicos a India. En 2022, el país asiático le envió una carta al COI para expresar oficialmente su deseo de ser la organizadora del evento en la ciudad de Ahmedabad. Hasta el momento, hay cuatro candidatas más: Indonesia, Qatar, Chile y Turquía. Todavía queda margen para presentarse, pero el sueño indio se toma como una especie de “brindis al sol” que nadie “se lo cree”, teniendo en cuenta las complicaciones que tiene un país tan estridente donde no le sobra el dinero, pero sí le falta la organización y la seguridad requeridas. “Todo siempre lo deciden a última hora. La liga de fútbol del año que viene la discutirán en septiembre, cuando debe empezar”, resume Manolo Márquez.

Una manera de hacer que convierte el país con más posibilidades en un nido de víboras.

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