
El destino de Giorgia Meloni está en manos de un referéndum que pocos entienden.
La primera ministra ha decidido mover cielo y tierra para ganar la consulta sobre la justicia, que hasta hace pocas semanas parecía ya encarrilada. Ha llegado al punto de participar en el pódcast de Fedez, un rapero polémico, exmarido de la influencer Chiara Ferragni. Un movimiento impensable hasta hace unos meses, pero que responde a una circunstancia clara: el no a la reforma ha protagonizado, según los sondeos, una remontada notable y la mandataria corre seriamente el riesgo de encajar su primera gran derrota electoral desde que está en el poder.
El domingo y el lunes los italianos votarán en un referéndum para confirmar la reforma de la carrera de los magistrados, que prevé separar las carreras de jueces y fiscales y modificar en profundidad el órgano de autogobierno de la judicatura. Entre otras medidas, se introduce el sorteo de sus miembros para reducir el peso de las asociaciones corporativas.
Son cuestiones complejas que tienen un trasfondo claro: reabrir la batalla entre política y justicia en Italia, abierta desde los tiempos de Mani Pulite —la investigación que desmanteló los partidos nacidos tras la Segunda Guerra Mundial— y que alcanzó su punto álgido durante los años de Silvio Berlusconi.
Para modificar la Constitución de 1948 —en este caso se cambiarían siete artículos— se necesitan dos tercios del Parlamento; de lo contrario, tras la aprobación en ambas cámaras, es necesario un referéndum confirmatorio que no prevé quórum (a diferencia de los abrogativos). Los aspectos técnicos son muy complejos, y casi nadie los entiende del todo. Así, también para evitar que el debate quedara en manos de juristas, la campaña ha derivado hacia cuestiones que en realidad no figuran en las preguntas del referéndum. La derecha ha impulsado el sí apelando a la hostilidad hacia los jueces, acusados en esencia de boicotear las medidas del gobierno, a partir de la inmigración (como los centros en Albania) y la seguridad. Meloni llegó a afirmar en un mitin en Milán: “Si gana el no, inmigrantes ilegales, violadores, pederastas y traficantes serán puestos en libertad”. Por su parte, el fiscal jefe de Nápoles, Nicola Gratteri, sostuvo que “mafiosos y masones desviados votarán sí”.
Resultado incierto
Semanas atrás, la jefa de Gobierno parecía tener encarrilada la victoria pero el no ha dado la vuelta en los sondeos
Los bandos están bastante definidos: a favor del sí se sitúan todos los partidos del gobierno. Por el no está prácticamente toda la oposición: el Partido Demócrata, el Movimiento 5 Estrellas y Alianza Verdes e Izquierda. Sin embargo, los verdaderos protagonistas de la campaña han sido los jueces, incluidos algunos de los nombres más relevantes en la lucha contra la mafia, que advierten del riesgo de limitar la independencia de la magistratura.
Las encuestas ya no se pueden publicar, pero los rumores circulan sin freno y apuntan a una contienda muy ajustada. En los partidos del centroderecha, en privado, predomina cierto pesimismo. La derecha confiaba en una movilización extraordinaria en la última semana, pero la guerra en Irán ha desplazado la atención de la opinión pública.
La votación se desarrollará en dos jornadas, las de los próximos domingo y lunes
Meloni había pensado inicialmente en no implicarse demasiado, para evitar ligar su destino político a una reforma que, además, no forma parte del bagaje histórico de la derecha posfascista, sino más bien de la tradición berlusconiana. En el Palazzo Chigi aún sobrevuela el fantasma de Matteo Renzi, que tuvo que dimitir tras perder de forma contundente el referéndum constitucional de 2016. Meloni ha repetido en varias ocasiones que no hará lo mismo, y sin embargo no ha podido evitar la personalización de la consulta, convertida de hecho en un plebiscito sobre su figura.
Así, una eventual derrota sería su primer tropiezo serio. Una victoria, en cambio, le permitiría volver a abrir el cajón de las reformas, incluido el llamado “premierato”, presentado y luego guardado en un cajón.

Hace 1 día
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