En diciembre de 2025, José María Villalón cumplió treinta años al frente de los Servicios Médicos del Atlético de Madrid. Tres décadas de discreción, rigor científico y vocación de servicio en la retaguardia de un club donde la épica se escribe también lejos del foco. Villalón fue pionero: el primer especialista en medicina del deporte que se incorporó a un club profesional como una especialidad estructural, convencido -cuando aún no era obvio- de que la ciencia podía y debía mejorar la salud y el rendimiento del futbolista.
"Para mí ha sido un privilegio y un honor haber compartido estos años. He recibido mucho cariño y respeto; se ha creado un lazo muy íntimo", resume el doctor, hoy referencia indiscutida del fútbol de élite. Su idea del oficio va más allá de curar: prevención, educación y acompañamiento. Ese "entrenamiento invisible" -nutrición, descanso, hábitos- es, para Villalón, la base sobre la que se sostiene el rendimiento. Y cuando llega la lesión, su máxima es innegociable: acortar plazos con prudencia, volver sólo al cien por cien.
Una vida en rojiblanco
El recorrido de Villalón es también la historia reciente del Atleti. Llegó en la temporada 1995/96 desde la Real Federación Española de Atletismo, tras haber sido responsable médico en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988 y Barcelona 1992. Aquella primera campaña, con Radomir Antic en el banquillo, quedó grabada a fuego: doblete de Liga y Copa. "Fue un hito, un triunfo épico", recuerda.
Vivió igualmente el aprendizaje de la humildad en Segunda División y el regreso a la élite; compartió vestuario y tiempo con Diego Simeone jugador; y acompañó a Luis Aragonés en el retorno del club a Primera. "Más de 30 años al máximo nivel deportivo y mediático", resume, subrayando una idea que atraviesa toda su trayectoria: su trabajo no se ve, pero resulta imprescindible para que la maquinaria funcione.
El médico, dentro y fuera del campo
En la élite, cada decisión pesa toneladas. Desde una conmoción cerebral a una rotura muscular, el médico es el primero en actuar. A veces, en segundos. La presión es enorme: retirar o no a un jugador puede cambiar un partido… o una carrera. A ello se suman los chequeos exprés en los fichajes, evaluaciones exhaustivas que deben descartar secuelas y riesgos en cuestión de horas, especialmente en los llamados "jugadores franquicia", piezas clave dentro y fuera del césped.
Pero el cuidado integral no termina en lo físico. La salud mental ha ganado protagonismo, sobre todo en jóvenes sometidos a una disciplina temprana y a expectativas desmedidas. "Algunos talentos precoces desaparecen antes de los 24", advierte Villalón. Incluso tras cirugías impecables, la fortaleza psicológica es decisiva para volver a competir.
Una doble vocación
Casado con Mariola y padre de doce hijos, Villalón habla con orgullo de sus "dos vocaciones": la familia y la medicina deportiva. Presidente de la Federación Española de Familias Numerosas, ha sabido trasladar al ámbito profesional ese clima de hogar que considera ejemplarizante para jugadores, técnicos y pacientes. Su mirada serena no es casual: entiende la medicina como servicio y acompañamiento del sufrimiento ajeno, buscando siempre la sonrisa y el consuelo.
Guarda anécdotas que retratan su carácter. En su primer año, en un partido bronco ante el Deportivo, atendió indistintamente a un jugador propio y a otro rival. Al día siguiente, una breve crónica lo bautizó como "el buen samaritano". Su padre, atlético de cuna, le llamó orgulloso. También recuerda con emoción el viaje a Roma para ofrecer al Papa los trofeos del doblete.
De Madrid al Vaticano
Entre los episodios más singulares de su carrera figura la atención médica al Papa Francisco, afectado por un proceso artrítico en la rodilla. Integrado en una expedición sanitaria al Vaticano, Villalón asesoró tratamientos conservadores compatibles con la intensa agenda del Pontífice. "Es una gran responsabilidad", confesó entonces, subrayando la dificultad de tratar a un paciente que no puede -ni quiere- detenerse.
Un trabajo silencioso, un legado perdurable
Villalón ha vivido títulos y frustraciones, recuperaciones ejemplares y carreras truncadas. Y mantiene intacta su convicción: sin salud no hay rendimiento; sin salud, no hay fútbol. A sus treinta años en el Atlético, el reconocimiento llega como consecuencia natural de una vida profesional guiada por la ciencia, la prudencia y la humanidad. Un médico entre estrellas que nunca quiso ser protagonista, pero sin el que la historia rojiblanca sería incompleta.
Como cierre a este recorrido vital y profesional, el doctor quiso expresar su gratitud por el reconocimiento de la Asociación de la Prensa Deportiva de Madrid, que le ha concedido el Premio APDM Medicina y Deporte. Un galardón que, subraya, "cobra aún más valor" al figurar en una nómina que incluye a ilustres colegas como Pedro Guillén, Juan García Cota o Manuel Leyes. "A todos ellos les profeso un profundo reconocimiento y gratitud; compartir este premio me honra especialmente y me hace valorar aún más este APDM", afirma Villalón. El jefe de los Servicios Médicos del Atlético quiso, además, tener un recuerdo emocionado para Enrique Ibáñez, histórico médico del club rojiblanco, fallecido recientemente, a quien evocó con respeto y afecto como parte inseparable de la historia del Atlético de Madrid.

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