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Las caídas de la natalidad y de la fecundidad se aceleran en Francia a pesar del flujo de migrantes jóvenes en edad de procrear. Las últimas cifras del Instituto Nacional de Estadística y Estudios (Insee) son elocuentes sobre el imparable el declive demográfico de un país que, hasta hace unos años, había escapado a la tendencia de otros vecinos europeos. Ya no es así.
Los números que se dieron hace un año, en julio del 2025, ya fueron una alarma. Por primera vez desde la II Guerra Mundial, Francia había registrado en los últimos doce meses más defunciones que nacimientos. Los nuevos datos del Insee hechos públicos el jueves confirman la tendencia y describen la inquietante evolución desde el 2010.
El descenso del número de nacimientos fue del 14% entre el 2010 y el 2022. Luego la caída ganó velocidad, probablemente también bajo la influencia de la pandemia del covid. Entre el 2022 y el 2025 la natalidad volvió a caer un 11% adicional. A esto se añade la baja fecundidad (los hijos por mujer), el mínimo desde hace un siglo. En el 2010 era de 2,03 hijos. En el 2026, 1,55.
Todas estas cifras son a nivel global de Francia, pero con la excepción del departamento insular de Mayotte, en el océano Índico, donde se dan unas condiciones muy particulares debido a la fortísima inmigración desde las vecinas islas Comoras, desde donde salen al mar mujeres embarazadas con el único objetivo de dar a luz en Mayotte.
Con todo, el ritmo del declive demográfico es muy variado según el territorio. En los departamentos del norte y el centro de Francia,así como en las zonas rurales, la natalidad baja como consecuencia de un triple efecto: descenso de la fecundidad y del número de mujeres en edad de procrear, cambio en la estructura de población y traslado a otras regiones. En los departamentos más atractivos para vivir -sobre todo por razones laborales-, como el litoral atlántico y las grandes áreas urbanas en torno a París y Lyon, la llegada de nuevos habitantes -entre ellos inmigrantes- consigue amortiguar la caída de nacimientos, aunque no revertir la tendencia.
Algo similar ocurre con el tamaño de las ciudades. Vuelve a detectarse un contraste entre las urbes de menos de 200.000 habitantes, donde la natalidad desciende con mayor rapidez, y las de más de 700.000, que resisten mejor. Se observa también más cantidad proporcional de nacimientos en las periferias urbanas que en los centros. Eso se explica porque las familias optan por los suburbios, donde la vivienda es menos caras y se dan condiciones mejores para criar hijos.
Un caso interesante es el departamento de Gironde (Burdeos) y Alta Garona (Toulouse), donde el dinamismo económico atrae población y la fecundidad ha bajado mucho menos que en otras partes del país. Se teme que los repetidos incendios forestales en Gironde y las olas de calor con fuerte impacto allí hagan ese territorio menos atractivo en los próximos años. Es evidente que el cambio climático también influye como factor en la ecuación. En Alta Saboya, por ejemplo, donde la industria del esquí y el turismo es potente, la natalidad ha crecido ligeramente.
En los territorios de ultramar el paisaje es muy diverso. La Guayana Francesa tiene un fuerte crecimiento, al igual que Mayotte, mientras Martinica y Guadalupe tienen una evolución inversa por culpa de la emigración masiva hacia la metrópoli de las mujeres en edad fértil.
Hablar de demografía será inevitable en la campaña de las presidenciales cuando se aborden las pensiones
La evolución demográfica es una realidad que los políticos franceses no se atreven a abordar en serio, pues es difícil aportar soluciones a una cuestión tan compleja y topan además con el tema migratorio, muy susceptible de la demagogia. Será inevitable, sin embargo, que esté presente en la campaña de las presidenciales de la próxima primavera porque se habrá de discutir sobre la reforma de las pensiones, un asunto todavía pendiente. Tanto la extrema derecha como la izquierda radical juegan ahí al populismo cuando venden la idea de que Francia, como excepción a los países de su entorno, puede aún permitirse el lujo de mantener una edad de jubilación inferior (62 años), revocando una de las reformas más emblemáticas de la presidencia Macron. Nadie puede ya escapar al debate sobre el mantenimiento de un Estado del bienestar generoso cuando la evolución demográfica es desfavorable.

Corresponsal de 'La Vanguardia' en París desde el 2018. Anteriormente fue corresponsal en Alemania (1994-2002), en Estados Unidos (2002-2009) y en Italia y ante el Vaticano (2009-2018)

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