La corta fragilidad del relato

Hace 1 día 1

Era un capítulo de mi vida que tenía que terminar”. La frase de Carlos Alcaraz, lanzada con aparente naturalidad en la rueda de prensa del Open de Australia, reescribe de golpe el relato de su ruptura con Juan Carlos Ferrero. Más que una explicación, esa sentencia, quedará como testamento: lo que se presentaba como un final de etapa de mutuo acuerdo, queda transcrito como una decisión tomada unilateralmente.

Mientras repetía hasta tres veces el concepto “es algo interno”, con una gorra que le encubría, la mirada baja era un indicador de comunicación no verbal nada menospreciable. Los gestos explican. Esa panorámica revela la incomodidad de una aseveración preparada con un único objetivo: cerrar el tema con su versión personal, que sonó a tan incómoda, como transcrita y acordada.

Ferrero, coautor del guion que llevó a Alcaraz a la cumbre, pasó a ser considerado prescindible

Primer aspecto que considerar: la forma en que Alcaraz gestiona la comunicación responde a su lógica generacional. Una frase instagrameable puede ser torpe en rueda de prensa. Gestionar no debería ser asimétrico a comunicar. A esa mal entendida naturalidad, se le añade una hiperactividad operada desde el exceso comercial. Revisiten su prematuro documental y entenderán mi reflexión.

La contundencia del murciano choca con la prudente incomodidad de Ferrero. Cuando inicialmente se tilda de “decisión mutua”, aunque una parte deja claro que no esperaba el desenlace, no estamos ante un divorcio pactado, sino ante una rescisión envuelta en celofán comunicativo rota abruptamente ahora.

Segundo precepto, el tenis de élite convive con una anomalía estructuralmente inestable: el entrenador es, a la vez, jefe y empleado contratado por el jugador. Esa estructura perversa convierte al entrenador en fusible natural del sistema. Cuando las cosas salen bien, el mérito se lo apunta el jugador; cuando se tuercen, la diana es trivial. Cuando no chirría lo deportivo, busquen el origen en lo personal o lo económico. Un contrato indexado a resultados se revalora cuando el jugador explota, disparando la curva de ingresos del entrenador: lo razonable cuando el jugador empezaba, se percibe actualmente como optimizable desde la perspectiva del contratante. Revisar es tan lógico como ser capaz de subjetivizar el grado de relevancia del rol central del entrenador en el tenis cuando asumes el riesgo de introducir cambios.

Para cerrarlo, el entorno nunca es decorado: es estructura de poder. En esa fase, el discurso de “somos una familia” se cruza con la fría aritmética que separa el deporte del negocio: agentes que gestionan ingresos mezclados con familiares que juegan un rol en el equipo. La tempranera y mediática apuesta comercial por una academia en Murcia con ambición de marca global, que debe tener un rol en la preparación del tenista, no es baladí en la ecuación.

Demasiados vectores para un delicado equilibrio. El coautor del guion que llevó al murciano a la cumbre parecía ser respetado, incluso querido, pero se consideró que era prescindible. Final de un “capítulo”, como Carlos calificó en la misma rueda de prensa, que ha llevado al jugador al número uno y que, por tanto, solo puede calificarse de brillante. Pero en la vida, como en el deporte, el aprendizaje debe ser constante; reflexionar y entender que podría haberse gestionado y escrito mejor este finiquito debería ser una lectura más que lógica. Empieza una nueva etapa, mucha suerte y mejor gestión­. Los referentes deberían ayudar a modelizar trayectorias, nunca a compararlas.

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