La crisis Ceuta sacude a Portugal en plena ofensiva del ultra Ventura para liderar la derecha

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El sustrato portugués de Ceuta resulta tan intenso que, por más olvidado que esté en la actualidad en la escena pública, que el escudo luso luce en el centro de la bandera de esta ciudad autónoma española. Sin embargo, tras la masiva entrada de inmigrantes del pasado jueves no es la pretérita pertenencia a Portugal de este enclave norteafricano, que fue incorporado a España tras consolidarse a partir de 1640 la definitiva independencia lusa, lo que sacude la ya de por sí convulso tablero político lisboeta, sino sus implicaciones en la batalla que libra la ultraderecha de Chega de André Ventura con el Gobierno del conservador Luís Montenegro por la hegemonía en la derecha y que tiene a la inmigración como uno de sus principales ejes. Así, Ventura pidió el jueves el cierre inmediato de la frontera con España para frenar una eventual arribada a gran escala de “delincuentes” a Portugal. Pero el jefe del Gobierno le respondió rechazando caer en la “histeria” y abogando por la tranquilidad, las medidas “meditadas” y una mayor supervisión de las fronteras.

Este sábado, justo en el inicio de las vacaciones de agosto que llena a rebosar el Algarve desde algunas playas eran visibles las lanchas que vigilaban las aguas ribereñas. “La Policía Marítima y la Marina Portugal en cooperación con la la Unidad de Control Costero y de Fronteras de la Guardia Nacional Republicana está efectuando un control de las fronteras a través de patrullas regulares y diarias, realizadas por mar y por tierra, en el borde costero del Algarve”, se afirma en un comunicado emitido este sábado por la Armada lusa.

El despliegue de patrullas marítimas en el Algarve contrasta con la escasa actividad de la que hay constancia pública en la ruta de las pateras procedentes de Marruecos

Esta iniciativa del Gobierno portugués contrasta con la escasa actividad, por lo menos conocida públicamente, registrada desde que a comienzos de esta década se detectó la apertura de una ruta de pateras procedentes de Marruecos. Se trata de una singladura de entre 300 y 400 kilómetros que según los cálculos que hacían las autoridades en 2020 se tarda entre 40 y 50 horas en recorrer, lo que lo convierte en un trayecto de elevado riesgo. La arribada hace justo un año de una patera con 38 personas a bordo a Vila do Bispo, en las proximidades del cabo de São Vicente, constituyó el último episodio en este itinerario que tuvo transcendencia pública.

En este contexto, a no ser que maneje información clasificada de la que no se ha ofrecido dato alguno, el despliegue aplicado este fin de semana por el Gobierno portugués en respuesta a los sucesos de Ceuta aparece en principio más como un movimiento propagandístico, o como mucho una medida preventiva amplificada ante los medios de comunicación, que como una reacción a un temor genuino a que el Algarve se pueda convertir en un nuevo eje de la presente crisis migratoria. 

De hecho, en sus declaraciones del viernes el primer ministro Montenegro lanzó un mensaje de tranquilidad y enfatizó que la actual coyuntura merece de atención, pero sin “caer en la histeria y anunciar a los cuatro vientos medidas que deben ser analizadas, meditadas y afrontadas con el realismo que impone la situación”. El jefe del Gobierno luso arremetió indirectamente contra su homólogo español Pedro Sánchez, al señalar que son las “políticas de puertas abiertas” las que conducen al descontrol, y defendió la línea de mano dura que empezó a aplicar en el verano de 2025. Pero no se puso del lado de Italia, Dinamarca y Finlandia en la apuesta por tomar medidas contra las decisiones del Gobierno de Madrid.

Las críticas a Sánchez constituyen uno de los escasos puntos de coincidencia en estos momentos entre los dos políticos que se disputan el liderazgo de la derecha portugue sa, Montenegro y Ventura. Pero mientras el ataque del primero fue indirecto y mesurado, el del segundo, ya en la tarde del propio jueves, resultó desaforado. En una rueda de prensa en Lisboa el líder de la ultraderecha portuguesa, que encabeza la segunda fuerza en número de diputados, siguió la partitura de su gran aliado Santiago Abascal, presidente de Vox, para culpar al presidente del Gobierno español de provocar la avalancha de Ceuta con su política de regularizaciones, que relacionó con intereses electorales y con los escándalos de corrupción. Para Ventura la intervención del Gobierno marroquí constituye una cuestión secundaria, pues lo esencial es que, a su juicio, el Ejecutivo de Madrid ha puesto en riesgo al conjunto de sus socios europeos, en especial a Portugal y Francia. 

Las críticas a Sánchez, si bien con un tono muy distinto, constituyen  en este momento uno de los pocos elementos de coincidencia entre Ventura y Montenegro

Al igual que el primer ministro Luís Montenegro, el presidente de la República, el socialista António José Seguro, también rechazó la propuesta del líder de Chega para la suspensión inmediata del acuerdo de Schengen a fin de cerrar la frontera española, al tiempo que apostaba por combatir la inmigración ilegal. Asimismo, el PS y las otras formaciones de la oposición de centro-izquierda insisten desde el jueves en los riesgos de las tentaciones “populistas” y en la denuncia del intento de Ventura para aprovechar los hechos de Ceuta para dar nuevos pasos en pro de las políticas xenófobas que defiende y a las que dese las elecciones parlamentarias de mayo del año pasado fue arrastrando al Gobierno de Luís Montenegro, si bien buena parte de las medidas fueron trabadas por el Tribunal Constitucional.

Sin embargo, ese escenario de aproximación entre conservadores y ultras que existía hace un año, fruto de la asunción de los primeros de buena parte de la agenda que propugna el Chega desde su fundación en el 2019, resulta bastante diferente al actual. El jueves cuando la prensa le preguntó a Ventura si había planteado directamente al primer ministro su apuesta por cerrar la frontera con España, el líder ultra bromeó con que Montenegro evita hablar con él para no tener que darle explicaciones por el tóxico escándalo de presunta corrupción que afecta al ministro del Interior. 

Se trata uno de los numerosos frentes abiertos que está desgastando al Gobierno y debilitándolo en su pugna con Chega por la segunda plaza en unas encuestas encabezadas desde la primavera por los socialistas, pero en un panorama de claro dominio de la derecha en su conjunto. Es en este marco en el que la crisis de Ceuta ha abierto un nuevo frente en la batalla por la hegemonía en el espacio sobre el que gravita la política lusa ahora mismo, con un centroizquierda que pese a la recuperación experimentada por los socialistas sigue hundido en su conjunto y sin que se le vislumbren condiciones de convertirse en una alternativa. Y todo en un ámbito, el de la inmigración, que, tras su vertiginoso crecimiento en Portugal durante la presente década, combinada con graves problemas sociales como el acceso a la vivienda y la carestía de la vida, se ha convertido en una de las cuestiones esenciales.

Anxo Lugilde

Corresponsal en Galicia y Portugal y redactor de Política. Licenciado en Ciencias de la Información (UPV) y en Ciencias Políticas (USC). Doctor en Historia Contemporánea (USC).

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