La explosión inflacionaria cierra el grifo de la cerveza en Europa

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Las señales de alarma empiezan a resonar en el sector cervecero. El pasado lunes, el segundo fabricante mundial, Heineken, comunicó la salida de su presidente y consejero delegado, Dolf Van den Brink. Pese a que la compañía no compartió detalles de la decisión, la cervecera neerlandesa comunicó en octubre una reducción de sus previsiones de rentabilidad para el ejercicio, y sus volúmenes de ventas caían cerca de un 3% al cierre del tercer trimestre, tras completar un 2024 también a la baja.

Una pérdida de ventas que es común entre los grandes fabricantes mundiales de esta bebida. AB Inveb (el mayor del mundo y dueño de Budweiser), Carlsberg, Molson-Coors y Asahi, además de Heineken, también han reportado caídas en los volúmenes comercializados en los primeros tres trimestres de sus respectivos ejercicios fiscales. La receta habitual para compensar este efecto, la subida de precios, no está sirviendo: de esas cinco empresas, solo una, Carlsberg, mejoró su cifra de ingresos, pero debido a la adquisición de otra cervecera.

Todas ellas, en mayor o menor medida, aluden a factores similares: un ánimo negativo del consumidor, menos propenso al consumo fuera del hogar, y que ha recibido toda clase de impactos macroeconómicos que han mermado su poder adquisitivo. Desde 2022, los precios de los productos de gran consumo, incluida la cerveza, no han dejado de subir. “El tercer trimestre fue difícil, con una volatilidad macroeconómica persistente, agravada por otros factores cíclicos que afectaron la confianza del consumidor”, resumió en noviembre el responsable financiero de Heineken, Harold van den Broek.

Todas las geografías atraviesan coyunturas complicadas, en especial Europa. Tanto AB Inveb (-0,1%), como Heineken (-4,8%), Carlsberg (-6,4%) y Molson-Coors (-7,5%) disminuyen sus ventas en hectolitros en el continente durante este año. Para las tres últimas, el segmento europeo es el que más retrocede, aunque en el caso de Molson, el negocio europeo comparte segmentación con el de oriente medio, norte de África y Asia Pacífico.

Cajas de cerveza de Heineken en su fábrica de Zoeterwoude, Países Bajos.Piroschka Van De Wouw (REUTERS)

“El consumidor está claramente presionado en toda Europa occidental”, dijo el consejero delegado de Carlsberg, Jacob Aarup-Andersen. “Sin duda que el consumidor europeo ha tenido épocas de mayor fortaleza de la que vemos ahora, con un poder adquisitivo limitado”, añadió al presentar sus resultados del tercer trimestre. Van den Broek, de Heineken, puso énfasis en el impacto de los impuestos especiales, como los vinculados al retorno de los envases, “porque hacen que la cerveza sea más cara, y eso pesa en el ánimo del consumidor”.

Pero también los incrementos de los fabricantes: solo en el tercer trimestre, los ingresos netos de Heineken por hectolitro crecieron un 3,6% por las alzas acometidas para “mitigar las presiones inflacionarias”, y dentro de una estrategia general por lo premium: apostar por las marcas de más precio y, en principio de, de mayor calidad.

”En un contexto donde la confianza del consumidor para gastar es reducida, subir los precios sin elevar la calidad no funciona a ninguna cervecera", explica Julia Leferman, secretaria general de Brewers of Europe. “Pero no es tanto que la premiumización esté provocando una caída de volúmenes, sino que con la disminución del consumo, el aumento de los costes y la reducción del gasto, cada cervecera necesita demostrar el valor de su producto al consumidor”, añade.

Tendencia de medio plazo

En realidad, tanto consumo como producción de cerveza acumulan una tendencia de medio plazo a la baja en Europa. En 2024, ambas variables se situaban un 6% por debajo de los niveles de 2019, según los datos de la patronal Brewers of Europe. La remontada a la que apuntaban los datos de 2022 se esfumó, una vez desatada la guerra en Ucrania. Misma situación vive el sector en España, encadenando dos años a la baja. Solo la cerveza sin alcohol, de la que el mercado español es líder, sigue creciendo a buen ritmo en todo el continente. “El consumidor no está bebiendo más. Ahora prueba diferentes estilos y marcas, intercala cervezas con y sin alcohol para moderar su consumo”, dice Leferman.

En esa caída general, pesa mucho el retroceso del canal hostelero. Como explica la portavoz de la patronal europea, este ha pasado de representar el 33% de las ventas del sector a nivel europeo, a un 25%. Desde 2019, este canal ha retrocedido en 16 de los 22 de los países de los que Brewers of Europe tiene datos comparables con 2024.

“El singular elemento socializador que tiene la cerveza implica que esta queda muy expuesta cuando los consumidores salen menos o gastan menos fuera”, dice Leferman. Esta añade que, pese a reducir su peso sobre la venta global, la cerveza vendida en hostelería genera el doble de valor que la que se vende en el supermercado.

A juicio de la secretaria general, la presión de los costes y la caída de la confianza del consumidor afecta más a la cerveza que a otras categorías de bebidas, debido, dice, a la extensa cadena de valor: desde los cultivos de cereales y lúpulo, fábricas, envases, distribución, y los cientos de miles de locales que las sirven. “La fuerte dependencia de los envases, la producción con un alto consumo energético, y la exposición a los impuestos especiales hace que el sector sea especialmente sensible a los cambios regulatorios y fiscales”, añade Julia Leferman. El sector apunta, sobre todo, a la directiva europea de envases y residuos de envases.

Aun así, este espera volver a ganar relevancia entre los consumidores. “Los ingresos disponibles se irán recomponiendo a medida que lleguen aumentos salariales. Eso debería aliviar parte de la situación”, dijo el consejero delegado de Carlsberg, Jacop Aarup-Andersen. “El interés por la cerveza no ha bajado. El foco de los fabricantes en la calidad y en la variedad de estilos significa que hay una cerveza para cada uno, incluso si no tiene alcohol”, analiza Julia Leferman.

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