La marcha de Javier Ruiz de la televisión pública para asumir la dirección de contenidos y convertirse en la gran apuesta en pantalla de La Séptima ha actuado como el detonante de un profundo terremoto mediático. Esta salida no solo deja un vacío en el bloque de actualidad política de La 1, sino que ha desatado un frenético baile de caras, fichajes de urgencia y una reestructuración de espacios que vuelve a poner bajo la lupa la gestión del Ente Público, la sombra del control gubernamental sobre el relato televisivo y la intensa pugna por la hegemonía ideológica.
La etapa de Ruiz al frente de Mañaneros 360 llega a su fin tras meses marcados por una presencia estelar que acumuló tantas alabanzas en las esferas oficiales como severas denuncias por parte de la oposición y de sectores de la propia plantilla. A sus espacios de análisis económico y debate se le achacó de forma reiterada un evidente sesgo ideológico concebido a la medida del argumentario de la Moncloa, instrumentalizando la televisión que pagan todos los españoles para apuntalar la versión del Ejecutivo. Sin embargo, la oferta del grupo impulsor de La Séptima —el nuevo canal en abierto apadrinado por el entorno de José Miguel Contreras y la órbita de Prisa— ha terminado por certificar su salida. Ruiz asumirá no solo la conducción de un gran prime time de debate, sino la dirección editorial de una cadena de la TDT que busca plantar cara al duopolio tradicional y disputarle el espacio a laSexta a partir de noviembre.
El trasvase no se produce de forma aislada. Ruiz desembarcará en el nuevo proyecto privado acompañado por una parte sustancial de su equipo de confianza y de su nómina de analistas predilectos. Entre los nombres confirmados destacan colaboradores habituales de la tertulia de la pública como la analista Sarah Santaolalla, además de figuras clave del apartado técnico y de realización como el propio director de producción de programas informativos de TVE, Daniel Fernández. Esta migración en bloque de mandos e ideólogos de pantalla ha sentado como un jarro de agua fría en Torrespaña.
Para tapar el agujero dejado por Ruiz en la franja matutina y evitar perder el control del debate en un año político convulso, la cúpula de RTVE ha decidido echar mano de sus perfiles más combativos y leales a la causa. El encargado de asumir las riendas de la tertulia informativa en La 1 será Jesús Cintora. El periodista soriano regresa a la primera línea del tramo matinal de la televisión pública después de su convulsa etapa al frente de espacios marcados por la polémica y por las críticas ante la falta de neutralidad periodística. Con su designación, TVE liquida cualquier ademán de despolitización y redobla su apuesta por una figura de marcado sesgo partidista para garantizar que el tono del análisis mantenga una línea incisiva y alineada con los intereses gubernamentales.
El movimiento de Cintora hacia la mañana ha provocado a su vez una reacción en cadena que salpica de lleno a otros formatos estrella de la corporación, como el espacio de debate vespertino Malas Lenguas. Para cubrir la vacante dejada por el comunicador soriano al frente del magacín que se emite a caballo entre La 1 y La 2, RTVE ha diseñado una nueva y llamativa pareja de presentadores: Gonzalo Miró y la periodista Ane Ibarzabal tomarán las riendas del programa de manera inmediata.
La llegada de Gonzalo Miró al frente de un formato de análisis como Malas Lenguas sintetiza la deriva del modelo televisivo que impera en San Cugat y Prado del Rey. El tertuliano, omnipresente en los platós de la casa y conocido por defender sin ambages las posturas de la Moncloa, pasa ahora a copresentar la actualidad diaria acompañado por Ibarzabal. Junto a ellos, la periodista Esther Palomera —adjunta a la dirección de elDiario.es y una de las firmas más alineadas con la línea oficial del Gobierno— ganará todavía más peso institucional en la conducción y codirección del espacio, apuntalando una mesa donde la discrepancia brilla por su ausencia.
Esta profunda reestructuración deja al descubierto una realidad institucional cada vez más contestada: el uso de la corporación RTVE como una plataforma de colocación de comunicadores afines y como un altavoz al servicio de la trinchera ideológica. Lejos de aprovechar la marcha de Javier Ruiz para reconducir la oferta informativa hacia los principios de objetividad, equilibrio y pluralidad que exige su mandato marco de servicio público, la dirección de RTVE prefiere blindar sus tertulias con perfiles aún más adoctrinados.

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