Las acciones de Indra han amanecido este martes, 17 de marzo, con fuertes caídas en Bolsa, en el entorno del 8%. Los números rojos de la principal empresa de defensa española la convierten en la peor del Ibex 35 en el día de hoy y el retroceso que experimenta es el peor para Indra desde el pasado 4 de febrero, cuando se dejó más del 8% de su valor en una sola jornada y más de un 13% si se suma al batacazo el retroceso del día anterior. Con todo, la acción todavía sube en un 13,5% en lo que va de año tras haber sido la más alcista en todo el 2025, con un 184% de subida agregada.
Precisamente, el 4 de febrero y la jornada de hoy coinciden con una noticia similar en la prensa: la intención del Gobierno de que el actual presidente de Indra, Ángel Escribano, abandone la compañía. Tal y como adelanta este martes El Confidencial, desde el Ejecutivo se estaría presionando para que la marcha de su primer directivo se haga efectiva incluso antes del próximo consejo de administración de la empresa, previsto para el 25 de marzo.
El Gobierno es el primer accionista de Indra a través de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), con el 28% de los títulos. El segundo propietario es Escribano Mechanical & Engineering, la compañía que dirige su hermano, Javier Escribano, con un 14%. Precisamente, este cruce de grandes accionistas, con la intención del presidente de Indra de comprar la compañía de defensa familiar de principal factor, es lo que ha generado la controversia con Moncloa, que no ve con buenos ojos una fusión tal cual entre ambas firmas.
En concreto, según señalan fuentes al tanto de la situación, el Gobierno prefiere que la operación se haga a través de una compra de la mayoría del capital y no con una fusión por absorción, que incrementaría el peso de los hermanos Escribano en Indra a unos niveles cercanos a los de la SEPI o incluso los convertiría en primeros propietarios. Desde Moncloa se insiste en que hay que velar por el interés económico y financiero de la compañía y que debe salvaguardar el interés público. Máxime en una compañía llamada a ser estratégica en un sector como es el de la defensa.
Al margen de los potenciales conflictos de interés que podría entrañar la operación, y que están siendo supervisado por una comisión ad hoc para evitar suspicacias, la fórmula que se utilice es capital para entender cómo será la Indra del futuro y una cuestión clave es cómo se repartirá el poder dentro de la misma. Durante 2025, lo que había trascendido es que la manera de canalizar esta compra era a través de una fusión por absorción. Es decir, desplegar una ampliación de capital donde las nuevas acciones sean para los hermanos Escribano con el fin de evitar un pago en efectivo y alinear al 100% sus intereses con los de Indra.
Sin embargo, desde principios de 2026 este proceso no es tan evidente, y el consejo de administración está estudiando diferentes fórmulas, tal y como ha asegurado de manera continuada el consejero delegado, José Vicente de los Mozos, y ha informado en varias ocasiones a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV).
Indra, en su intención de convertirse en el campeón nacional que tire del resto del sector en pleno bum de la defensa en Europa y plante cara a los gigantes europeos Rheinmettal o Leonardo, disparó su beneficio neto un 57% en 2025, hasta los 436 millones. La tecnológica, a su vez, incrementó un 12,7% sus ingresos, hasta los 5.457 millones de euros. Especialmente reseñable fue cómo se disparó la cartera de pedidos de Indra, que se ha más que duplicado respecto a 2024, hasta los 16.083 millones de euros, gracias en buena medida a los cuantiosos contratos públicos con los que se hizo en 2025 en el marco de los Programas Especiales de Modernización (PEM).

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