Los ayatolas redoblan su ofensiva contra el suministro energético mundial con el ataque a Ras Laffan en Qatar

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Tras el ataque israelí a las instalaciones gasísticas de Pars Sur —que forman parte del mayor yacimiento de gas del mundo que comparten Irán y Qatar—, Qatar ha confirmado nuevos impactos en la refinería de Ras Laffan mientras la Administración estadounidense intenta equilibrar su apoyo estratégico a Israel y la preocupación con una escalada en el Golfo Pérsico y la subida de los precios de la energía.

El polvorín en que se ha convertido Oriente Medio desde el 28 de febrero, inicio del ataque de Israel y EEUU a Irán, ha vuelto a saltar por los aires, y esta vez el objetivo es el corazón energético del planeta. Tras el preciso ataque de Israel este miércoles contra las instalaciones de Pars Sur, el régimen teocrático de Teherán ha cumplido sus amenazas. En una demostración de fuerza, los ayatolas han lanzado una nueva andanada de misiles contra la infraestructura civil y económica de Qatar, afectando gravemente a la refinería de Ras Laffan.

El golpe de Teherán a la economía global

Según ha confirmado QatarEnergy, las instalaciones de gas natural licuado (GNL) han sufrido "incendios considerables y amplios daños" tras una lluvia de misiles balísticos durante la madrugada de este jueves. Aunque el Ministerio de Defensa Qatarí se ha apresurado a informar de que no hay víctimas mortales, el daño reputacional y económico para el mercado energético es incalculable, que se suma al estrangulamiento del estrecho de Ormuz.

QatarEnergy Statement on Missile Attacks on its LNG Facilities

In addition to the previous attack on Ras Laffan Industrial City on Wednesday 18 March 2026 that resulted in extensive damage to the Pearl GTL (Gas-to-Liquids) facility, QatarEnergy confirms that in the early hours…

— QatarEnergy (@qatarenergy) March 19, 2026

La ofensiva iraní no es un hecho aislado, sino parte de una estrategia de chantaje energético. Teherán ya ha puesto en su diana infraestructuras críticas en los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí, evidenciando que su respuesta a los ataques de Israel es golpear la estabilidad de sus propios vecinos y, de paso, la factura energética de Occidente.

Los equilibrios diplomáticos de Washington

Desde Estados Unidos, la reacción al bombardeo previo de Israel en Pars Sur ha seguido un difícil equilibrio entre el respaldo al Estado de Israel y el pánico a una subida de los precios del crudo en año electoral. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este miércoles que no tenía conocimiento del ataque que Israel ejecutaría sobre el campo de gas natural Pars Sur en el golfo pérsico de Irán. "Israel no volverá a atacar el campo de gas Pars Sur, de vital importancia, a menos que Irán decida imprudentemente atacar a un país inocente, en este caso Qatar", agregó el republicano.

El Departamento de Estado ha evitado una condena frontal a Israel, reconociendo su necesidad de neutralizar las fuentes de financiación del terrorismo iraní. Marco Rubio ha dejado claro que Israel tiene pleno derecho a neutralizar las fuentes de financiación del terrorismo iraní. "Si los ayatolas usan el gas para financiar a sus marionetas terroristas, no pueden pretender que esas instalaciones sean intocables", deslizan fuentes diplomáticas. Pero al mismo tiempo desde este Departamento se ha subrayado la "preocupación" por la seguridad del suministro global. Fuentes cercanas al Ejecutivo de Washington han deslizado que, si bien Israel tiene derecho a golpear la maquinaria de guerra de Teherán, la elección de Pars Sur supone un "riesgo sistémico" que EEUU preferiría haber evitado.

En definitiva, mientras Israel trata de cortar los tentáculos financieros del terrorismo islamista, el régimen de los ayatolas responde con el manual de la tiranía: fuego, misiles y el intento de asfixiar la economía global atacando las instalaciones de gas de sus vecinos.

La vulnerabilidad de la Unión Europea

La crisis actual evidencia el fracaso estrepitoso de las políticas energéticas de la Comisión Europea, el poder de los lobbies ecologistas y la Agenda 2030, que han llevado a Europa a desmantelar su capacidad de generación propia y a una dependencia energética de regímenes inestables cuando no abiertamente hostiles. Es lógico que en Bruselas cunda el pánico pues el 20% de las importaciones de gas natural licuado de la UE pasan por esas instalaciones ahora bombardeadas.

Por lo que se refiere a España, aunque nuestro país cuenta con la mayor red de regasificadoras de Europa, de poco sirven los tanques si el suministro se corta en origen consecuencia de un bombardeo como el ocurrido este miércoles.

El ataque a Ras Laffan pone en jaque la seguridad del suministro para el próximo invierno, justo cuando la industria española empezaba a respirar tras la crisis anterior. Irán sabe que Europa es el eslabón débil. Al atacar la infraestructura de Qatar, Teherán no solo golpea a Israel de forma indirecta, sino que busca fracturar la unidad de Occidente provocando una nueva escalada de precios que asfixie los hogares y las empresas europeas.

Ante esta situación, Bruselas se encuentra sin plan B, todo lo contrario que la Administración Trump, que apuesta por la independencia energética total mediante la explotación masiva de sus recursos.

La capacidad de maniobra a corto plazo de Europa es muy pequeña sin el gas de Qatar. Mientras Europa siga criminalizando la utilización de fuentes de energía baratas y seguras, seguiremos siendo el blanco preferido en cualquier conflicto en el que se vea involucrado el suministro de energía, ya sea la guerra de Ucrania o la de Irán, lo que debilita nuestra posición negociadora y nuestra independencia.

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