Los batidos que “sustituyen a una comida” impactan en nuestra relación con lo que comemos

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Una nueva moda ha conquistado los lineales del supermercado. Después de ver desfilar barritas energéticas altas en proteína, refrescos multivitamínicos y demás suplementos alimenticios en formatos de lo más variados, los batidos que prometen “sustituir una comida” han llegado con intención de quedarse. Tal y como se anuncian, son el producto que nuestras ajetreadas vidas necesitaban. “¿Renuncias a una alimentación saludable cuando no tienes tiempo?”, “Si la vida no te da, dale una comida completa en una botella”, “¿Días de locos? Tu aliado nutritivo”, son algunos de los claims que estas marcas utilizan para recordarte que no tienes tiempo ni para descansar, ni para cocinar, ni mucho menos para compartir una mesa. La solución que te brindan es una bebida que contiene todas tus necesidades nutricionales para bebértela de camino al trabajo.

Este formato no es tan nuevo como parece. Hace años, marcas como HerbaLife popularizaron unos batidos para la pérdida de peso que prometían sustituir una comida completa y te permitían controlar las calorías que comías en una comida. Hoy, el discurso es algo diferente, pero el efecto que pueden tener en nuestra relación con la comida es igual de conflictivo.

La nutricionista Sofía Giaquinta (AND-01121), especializada en Trastornos de Conducta Alimentaria (TCA), alerta de cómo la normalización de este tipo de productos afecta a la manera en la que comprendemos el alimento, la cocina y el acto mismo de comer. “En personas que tienen una mala relación con la comida o factores predisponentes está normalizando el control sobre la comida. Cuando cocinas o vas a un restaurante, no sabes con exactitud qué nutrientes y calorías tiene tu plato, sin embargo, este producto te dice que contiene ‘la cantidad necesaria de nutrientes’. ¿Qué pasa si tengo más hambre? ¿Cómo me lanzo después a la incertidumbre de comerme un plato de paella?”. No hay que descartar la relación entre el crecimiento de este tipo de soluciones y el auge de los medicamentos GLP-1. De hecho, una de las primeras campañas de la marca Alpro para promocionar su producto Meal to Go enunciaba: “El GLP-1 te quitó el apetito, no la necesidad de nutrirte”. Y a continuación, “1 botella = 1 comida”.

“Y si hablamos de población general, en esa ingesta se está perdiendo una parte gastronómica y cultural importantísima”. La existencia de estas bebidas y la promoción publicitaria en anuncios, vídeos en redes sociales o marquesinas, también normaliza la falta de tiempo y la hiperproductividad. No hace falta que pares a comer, que te cocines, que socialices en tu pausa del medio día. Prevalece el ahorro de tiempo al disfrute, al sabor y al descanso. “Elegir una de estas botellas elimina de un plumazo el aspecto cultural que conlleva cocinar”, cuenta Sofía. Y es que es interesante que atendamos a todo aquello que perdemos cuando dejamos de cocinar y optamos por soluciones ya preparadas.

Principalmente, dejar de cocinar implica perder autonomía. La capacidad que tenemos de pensar y organizar las comidas se reduce poco a poco conforme tiramos de comida precocinada o de batidos que te caben en el bolso. Tareas que parecen normales, como hacer una lista de la compra, reservar algo de tiempo a lo largo de la semana para comprar donde uno decida, diseñar un menú y escoger ingredientes y prepararlos, se hacen cada vez más difíciles para las nuevas generaciones. Y ese desconocimiento genera dependencia. Porque ante la torpeza, el miedo a no saber cómo va a quedar algo o la incapacidad de preparar una cena rápida con cuatro cosas de la nevera, tiramos de la solución más inmediata. Esto deriva irremediablemente en una disminución de nuestra capacidad para elegir con criterio y en una dependencia cada vez mayor de grandes multinacionales alimentarias.

Otro efecto es que dejamos de entender el alimento como comida, para ver solo nutrientes. Cuando nos sentamos delante de un plato de sopa de cocido o de lentejas con arroz, establecemos una relación con aquellos que vamos a comer. Conectamos con el apetito que tenemos, con lo que nos gusta y lo que no nos gusta, relacionamos lo que estamos comiendo con un contexto social. Sin embargo, un batido enajena. Da igual si estás en España que en Groenlandia, si es por la mañana o por la tarde, si estás desayunando o comiendo, la experiencia es igual en cada caso.

Al afirmar que una botella contiene una comida completa, se estandarizan también las necesidades de las personas. “Es todo un tema en cuanto a la relación con la comida, en cuanto a la percepción de los sabores y en cuanto a percepción de las cantidades”, afirma Giaquinta. “Si tú solamente te tomas un batido para comer y te han dicho que eso es lo suficiente, no te puedes plantear si para ti ha sido suficiente, si estás llena o si te has quedado con hambre, porque no están dando espacio a esa reflexión”. Ni todas las personas necesitan el mismo aporte nutricional ni cada persona necesita lo mismo según el momento del año. El clima, el esfuerzo físico, el momento del ciclo menstrual o incluso el estrés que pases, influyen en lo que necesitamos al final del día. Además, que afirmen contener todos los nutrientes que necesitas en una botella, no implica que sean buenas opciones nutricionales. “Muchos de ellos contienen edulcorantes, que a nivel digestivo siempre van a tener un impacto”.

Más allá de que exista o no la opción de beberte tu comida y que para algunas personas pueda ser una solución puntual a un día ajetreado, lo que igual debemos realizar es un ejercicio de reflexión para plantearnos qué tipo de vida queremos promover. Si una en la que el ahorro de tiempo sea el valor predominante o una que priorice la pausa, el cuidado y la cultura alimentaria.

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