Durante las últimas semanas, el mercado cripto parecía un oasis de calma. Cuando estalló la guerra en Irán, los activos digitales fueron los primeros en reaccionar con caídas, ya que cotizan las 24 horas, los siete días de la semana. Pero sus retrocesos fueron más moderados respecto a las Bolsas: bitcoin, que suele amplificar las caídas de las acciones estadounidenses, aguantó el pesimismo en los mercados. Las caídas de las grandes tecnológicas durante los primeros días del conflicto no lo arrastraron consigo; al contrario, logró incluso retomar su senda alcista. Después de meses estancado, rozó los 76.000 dólares el pasado martes. Pero tras la reunión de la Reserva Federal, que optó por mantener los tipos sin cambios, y los ataques de Irán a varias instalaciones energéticas, las criptomonedas no han aguantado la presión ni han podido aguantar el deterioro del sentimiento externo y han sucumbido a la volatilidad: bitcoin cae un 7% en dos sesiones y vuelve a situarse debajo de los 70.000 dólares.
La ofensiva de Irán contra la planta qatarí de Ras Laffan, la mayor infraestructura de exportación de gas licuado del mundo, y una terminal petrolera saudí en el mar Rojo este miércoles ha impulsado al alza los precios energéticos —con el precio del gas que se dispara un 20% y el petróleo en los 119 dólares—, mientras las Bolsas vuelven a caer en un profundo pesimismo. Así, la escalada de las tensiones en torno al conflicto ha provocado una aversión al riesgo generalizada en los mercados globales. “Los inversores están empezando a entrar en modo pánico y eso se refleja en los activos de riesgo, que son los primeros que se venden”, destaca Manuel Pinto, analista de mercados.
Si la Fed enfrió el intento de rebote de bitcoin (que a principios de semana llegó a tocar los 76.000 dólares), los ataques de Irán dieron el golpe de gracia, llevándolo a profundizar sus caídas. Las criptomonedas suelen preferir un entorno de tipos de interés bajos y les conviene una disminución de las presiones inflacionarias. “Pero el aumento de los precios de la energía podría provocar un alza de los precios y un cambio en las políticas monetarias de los bancos centrales”, señala el analista. El signo rojo es generalizado en el mercado cripto y las principales criptomonedas retroceden en las últimas 24 horas.
La aversión al riesgo no es el único factor que explica estas caídas, y la especulación también es uno de ellos. En un entorno marcado por el encarecimiento de la energía y el aumento de la incertidumbre geopolítica, los inversores tienden a rotar hacia activos que se benefician directamente de ese escenario. “Las materias primas, las petroleras o las compañías ligadas a la energía ofrecen una exposición clara al shock actual, mientras que los activos digitales siguen comportándose como activos de riesgo. Además, el mantenimiento de tipos de interés elevados penaliza especialmente a los activos sin flujo de caja, como las criptomonedas, mientras que favorece sectores con generación de ingresos vinculada a precios más altos, como el energético. Esto puede incentivar una reasignación táctica de capital hacia estos sectores”, añade.
Para los expertos, en los últimos meses los inversores más especuladores se movieron progresivamente de las criptomonedas a activos como el oro y la plata. Pero tras las correcciones de finales de enero, ese capital más táctico o apalancado parece estar en búsqueda de nuevas oportunidades. Y en un entorno como el actual, es razonable pensar que parte de ese flujo pueda desplazarse hacia activos que son los principales beneficiados del shock actual.
Pese a ello, por una vez bitcoin parece resistir mejor que la renta variable estadounidense.“Incluso en el actual conflicto con Irán, mientras el S&P 500 cae un 3,7% y el oro un 7%, bitcoin acumula una subida del 8%. Eso refuerza la idea de que, al menos en esta fase del ciclo, el mercado empieza a tratarlo no solo como un activo especulativo, sino como una alternativa de protección o de descorrelación frente al estrés geopolítico”, asevera Pinto. Para otros, esta resistencia es síntoma de que el mercado está agotado y que las caídas de los últimos cinco meses han provocado ya cierta limpieza de posiciones, lo que limita la intensidad de nuevos descensos. No obstante, las criptomonedas son imprevisibles, y los expertos no bajan la guardia, especialmente ante un mercado muy vulnerable, donde domina la volatilidad.

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