Previsores, con tiempo suficiente, en Estocolmo ya han empezado los preparativos para celebrar los cincuenta años de casados de los reyes Carlos Gustavo y Silvia de Suecia. Pero antes, el 3 de abril, habrá otro evento conmemorativo: el cumpleaños del monarca, quien para ese día ya será octogenario.
Un programa de la televisión sueca ha tenido días atrás como invitada a la reina Silvia, en el que se han recordado tanto capítulos del pasado de Carlos Gustavo como muchos detalles de su boda.
Carlos Gustavo, nacido en el castillo de Haga en 1946, hubo de asumir el trono a los cuatro años de edad, por la trágica muerte de su padre, entre tanto la regencia cayó en manos de su hermana Cristina. Ya en 1973, muerto su abuelo, el rey Gustavo Adolfo VI, fue cuando su reinado se hizo efectivo.
Tenía el joven monarca una bien merecida fama de solterón mujeriego. A su condición regia unía un atractivo físico indudable: buen porte, ojos azules, de cabellos rubios, rostro agraciado… ¡Vamos, la estampa de un galán de cine!
Tres años de secreto noviazgo

Cuando durante los Juegos Olímpicos de 1972, siendo aún príncipe heredero, asistió a la inauguración, se detuvo en uno de los estands, fijando su mirada en la de una atractiva azafata, por la que se sintió inmediatamente interesado. Tanto es así que se vieron después y poco a poco se fueron enamorando, aunque tuvieron que pasar cuatro años hasta casarse.
La mujer que había despertado en Carlos Gustavo la admiración era Silvia Sommerlath, hija de un empresario alemán, Carl Walther y de la brasileña Alicia Sommerlath, tres años mayor que aquel. Se dijo que su progenitor había sido nazi durante la Segunda Guerra Mundial cuando se benefició del negocio de un ciudadano judío. Contaba Silvia sólo dos años cuando se estableció con su familia en Brasil, hasta su regreso a Alemania en 1957 y su posterior residencia en Suecia.
Silvia estaba dotada de una facilidad para los idiomas, dominando siete en total, entre ellos el español, que pudo además ejercerlo cuando trabajó una temporada en un consulado argentino.
Recordando estos días pasados aquel primer encuentro con el futuro rey sueco, la reina Silvia comentaba ante las cámaras de televisión: "Lo que me enamoró de él creo que fue su sentido del humor. Era la de una persona muy simpática y divertida".
Seguramente Carlos Gustavo le dijo que tenían que llevar su relación lo más discretamente posible, a juzgar por el hecho confirmado por ella misma de que los padres de Silvia se enteraron del regio noviazgo de su hija ¡por la prensa! Entonces, ya no tuvo más remedio que confesar su íntimo secreto. Este noviazgo lo mantuvieron en secreto a lo largo de tres años.
… y ella le hizo "clic"
Acerca del vestido que llevaba Silvia cuando conoció a Carlos Gustavo, se ha conocido una curiosa anécdota. Resulta que en Estocolmo vive una drag queen que lleva desde 1977 interpretando una comedia simulando ser la mismísima reina Silvia. A ésta debe divertirle esa artista a la que, en un homenaje, participó vistiendo el mismo traje que conservaba de cuando conoció al futuro rey.
El compromiso nupcial se anunció el 12 de marzo de 1976. El novio regaló a su prometida un anillo con un diamante de dos quilates, que había pertenecido a la madre de él. En una rueda de prensa inmediata, Carlos Gustavo dijo esto: "He conocido a esta joven y sencillamente me ha hecho clic". A los suecos, en general, les hizo gracia esa expresión coloquial del novio. Pero en ciertos sectores de la sociedad ese anuncio de boda suscitó no pocos comentarios adversos. "De haber vivido el abuelo del rey esa boda no tendría lugar". Y el Congreso sueco hubo de aprobar esos esponsales tras una reñida votación de sus miembros. Todo ello porque los matrimonios morganáticos no estaban bien vistos por las mentes conservadoras. Haciendo memoria, entonces sólo se habían celebrado un par de esponsales en los que uno de los dos emparejados no procedía de la realeza: Grace de Mónaco y Sonia de Noruega. En Europa, se quedaron arrinconadas bastante tiempo después, en décadas pasadas, otros enlaces morganáticos presentes en la memoria de todos: los de Diana de Gales, Máxima de Holanda, Kate Middleton y nuestra Letizia.
El mundo cambia y esas costumbres tradicionales de antaño quedaron arrinconadas al imponerse los sentimientos de los novios por encima de su condición aristocrática o regia.
Los duques de Cádiz en representación española

Y llegó el día de la boda, viernes 19 de junio de 1976 en la Catedral de San Nicolás de Estocolmo. El novio vestía uniforme de almirante de la Marina de Suecia en tanto la novia lucía un elegante y sencillo modelo diseñado por Marc Bohan, de la casa Dior.
Tras la ceremonia, los reyes de Suecia recién casados recorrieron en carruaje las calles más céntricas de la capital nórdica para luego desplazarse en un barco que los trasladó al palacio real. Mil cuatrocientos eran los invitados, pertenecientes a la realeza europea, jefes de Estado, la aristocracia y sectores destacados del mundo social. La representación española correspondió a Alfonso de Borbón y su esposa, María del Carmen Martínez-Bordiú, duques de Cádiz.
Quienes pusieron una nota simpática fueron los cuatro componentes del grupo sueco Abba, estrenando una canción dedicada a los contrayentes: ‘Dancing Queen’
Madre de tres hijos sometida a la cirugía estética
La reina Silvia se ganó muy pronto el cariño y respeto de los súbditos suecos. Como en otras monarquías parlamentarias, el rey reina… pero no gobierna. Le siguen tres hijos: la heredera, princesa Victoria, nacida en 1977, que ha preocupado mucho a sus padres al padecer anorexia. Le sigue el príncipe Carlos Felipe (1979) y la benjamina, princesa Magdalena (1982).
El atractivo físico de la reina ha ido transformándose por el paso del tiempo. Haciendo frente a ese proceso, de la manera más discreta posible, ha viajado de vez en cuando a Brasil, el país de su madre, no precisamente para hacer turismo, sino a someterse en una clínica de confianza a varias intervenciones de cirugía estética.
Les contábamos al principio la fama donjuanesca del rey Carlos Gustavo, que al poco tiempo de casado sucumbió a sus deseos de encontrarse con más de una amante. Asunto que pasó a conocimiento de la reina. Cuando también la prensa se hizo eco de que el monarca le era infiel a la reina Silvia, la actitud del monarca tuvo que cambiar, hasta pedirle perdón a su esposa. Hoy, a tres meses vista de llegar a los ochenta años, Carlos Gustavo ya ha declinado su ardiente pasión por las mujeres como puede suponerse.

Hace 2 días
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