Los altos abetos, cubiertos de nieve, respiran suavemente
Rainer Maria Rilke
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Enfundados en sus monos, los pilotos parecen superhéroes.
Marc Márquez (32) y Pecco Bagnaia (29) descienden la escalinata hacia el escenario. Les contemplan miles de curiosos en el canal de YouTube y cerca de trescientos invitados en vivo y en directo. Son VIPS, mánagers, patrocinadores, directivos, mecánicos, ingenieros, también un buen abanico de periodistas, en su mayoría españoles e italianos, pues este deporte, el motociclismo, es cosa del sur de Europa.
-No, Márquez no es un personaje universal: Márquez es popular en nuestras latitudes, aquí le conocemos todos. Pero sospecho que no pasa lo mismo en Estados Unidos o en Japón -comentan algunos especialistas en la víspera, mientras cenamos en Hungry Wolf. Tomamos alguna pizza, alguna hamburguesa, alguna pinta.
(Y como argumento, subrayan que los pilotos españoles ocupan casi el 40% de la parrilla del Mundial de Motociclismo; el porqué es así ya abre otro melón que ahora no viene al caso).
Hay sosiego, la calma blanca de los Dolomitas de Brenta, el refugio de Ducati, a casi tres horas en furgoneta desde Milán. Estamos en Madonna di Campiglio y esta es una nueva edición de Campioni in Pista, las tradicionales jornadas de hermandad de Ducati, la apertura del año que implica la presentación en sociedad de sus pilotos, de sus prototipos y de sus sueños.
Ducati cumple cien años y por eso ha retocado su rojo insignia, ahora es rosso centenario, y a un mes largo del arranque del curso (28 de febrero en Tailandia), Marc Márquez se declara tranquilo, en una nueva onda, pues nada tiene que ver con el del año pasado.
-Lo hablaba con mi novia y con mi mánager. Este encuentro es como un déjà vu porque estamos en el mismo lugar y en el mismo escenario que en otras ocasiones, pero las circunstancias son distintas.
Marc Márquez, este lunes en Madonna di Campiglio
Ducati-¿En qué sentido? -le pregunta Gavin Emmett, que conduce el acto igual que conduce las retransmisiones del Mundial en TNT Sports.
-Ahora he venido como campeón del mundo.
Hace un año, Bagnaia (campeón del mundo en el 2022 y 2023, subcampeón en el 2024) acaparaba los focos y Márquez ocupaba un segundo lugar en la firma.
Hoy, Márquez es el puto amo, como diría Guardiola.
(Y lo es, es el puto amo, a pesar de una fractura en el hombro derecho tras verse embestido por Franco Bezzecchi en el último GP de Indonesia, a principios de octubre, lesión que ha condicionado su preparación en este invierno).
Saca pecho la gente de Ducati mientras canta sus números del 2025.
8 podios de un tirón.
13 victorias en GP en el 2026 y 19 sprints.
De esas trece victorias, once son de Márquez (y dos, de Bagnaia).
(...)
Un rato más tarde, sentado a solas en la sala de prensa, a Bagnaia le toca esperar a Márquez, que se retrasa veinte minutos en su encuentro ante los periodistas: a Márquez le abruman decenas de compromisos (“¿cuánto rato llevas aquí?”, le pregunta Márquez a Bagnaia cuando entra en escena; “media hora o más”, bromea el italiano).
-Me ha costado entender la situación. A veces me ha costado encontrar mi nivel y Marc se ha crecido más y más. Debo adaptarme y aceptar las circunstancias -dice Bagnaia, que es de Turín, a cuatro horas y media en coche de aquí, y agacha la cabeza tras su discreto quinto puesto en la general final.
Marc Márquez ha volado en un avión privado hasta Brescia y desde allí, otras dos horas largas en un magnífico Audi.
-Hace dos semanas tuve el típico bajoncillo en una rehabilitación y tocaba frenar. Desde luego, no hubiera pensado que hoy estaría tan bien. Mi recuperación ha tenido subidas y bajadas. El hueso se había soldado y me estaba acelerando demasiado. Debo analizarlo más a fondo, ha habido muchas sesiones de fisioterapia y gimnasio con poco peso, pero ahora estoy claramente mejor.
-¿Y se ve competitivo hoy?
-Puedo pilotar bien por un día, pero no tanto al día siguiente. He predicho que en Malasia me sentiré bien (test de Sepang el 29 de enero), sobre todo en el primer día. Ya veremos qué pasa en el segundo. Por un día, estoy en mi mejor nivel de pilotaje. Vamos a ver si consigo desarrollar la velocidad. Si estoy en la mejor condición, encontraré la velocidad. Por eso, no me importa haberme perdido los tests de Valencia (mediados del pasado noviembre).
-¿Se ha planteado usted sustituir el número 93 por el 1?
-No. Me siento identificado con mi 93 y mis fans, también.
-Y con sus nueve títulos en el bolsillo (siete en MotoGP), ¿qué le queda por conseguir?
-Seguir disfrutando. Si lo disfrutas, las cosas vienen. Lo mejor de mi carrera ya lo he conseguido. Entiendo que en este 2026, tengo la responsabilidad de volver a luchar por el título.
-Pero, ¿se ve ganando ese décimo título?
-El décimo es un objetivo, pero no puede ser una obsesión. Este 2026 no será como el 2025, que fue atípico por muchos fallos de los otros, como el mal año de Bagnaia, la lesión en un dedo de mi hermano Àlex, que le costó dos ceros en dos GP... Siempre pongo todos los nombres en la mesa, es algo que me han enseñado Andrea Dovizioso (Dovizioso nunca contaba entre los favoritos pero alcanzó tres subcampeonatos, de 2017 a 2019) y mi hermano Àlex (también sorprendente subcampeón en el 2025). En la quiniela pongo a Bagnaia, Bezzecchi, Àlex, y ya veremos cómo sale la unión entre Maverick Viñales y su entrenador, Jorge Lorenzo, que están muy motivados e ilusionados.
(No cita a Jorge Martín, campeón del 2024, sin duda son fallos del directo).
Marc Márquez lleva calma, no tiene prisa ni se impacienta, pasaría un buen rato en el corrillo, pero la gente de comunicación finalmente le reclama, se lo lleva a la carrera, el día se va a alargar y todos quieren saludar al fenómeno.
En el lugar queda Bagnaia, el italiano que oficia un papel menor y que, acaso resignado, proclama:
-Estoy muy feliz con mi vida.

Hace 23 horas
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