“Yo también fui bastante rebelde y la interpretación fue como una segunda oportunidad”. Mariona Terés (Barcelona, 1985) no lo dice como una frase hecha, sino como una especie de confesión tranquila que explica muchas cosas. También por qué ahora, en Barrio Esperanza , encuentra un personaje que parece dialogar directamente con su propia vida.
El estreno de la serie este domingo en La 1 (y a partir de la próxima semana, los miércoles tras La Revuelta) es, en realidad, una excusa perfecta para detenerse en ese cruce entre actriz y personaje. Porque Esperanza —esa mujer que sale de prisión, vuelve a su barrio y decide empezar de nuevo como maestra— no solo articula la historia, también refleja una idea que Terés reconoce como propia: la posibilidad de cambiar de rumbo. “Yo desde pequeña no quería estudiar y de repente encontré la interpretación y me llevó por caminos mucho más divertidos”, explica. “Si no me hubiera pasado eso, no sé qué estaría haciendo ahora mismo”.
La actriz empezó a hacerse popular con su participación en la serie diaria Acacias 38 pero se hizo visible para el gran público sobre todo con Paquita Salas, donde se interpretaba a ella misma . Ahora le ha llegado el primer papel protagonista. “Durante el rodaje no tenía esa sensación de responsabilidad, me lo tomé como una diversión”, admite. “Pero luego, cuando vi el cartel, pensé: ‘anda… parece que soy la protagonista’”.
Y lo es. Aunque la serie tenga vocación coral, es su personaje el que sostiene el relato. Esperanza es el hilo conductor, la mirada a través de la cual se observa el colegio, el barrio y las vidas que lo habitan. “A través de ella se cuentan todas las historias”, reconoce Terés. Y entonces sí, aparece el peso: “espero que la gente entienda al personaje, que tenga empatía con ella”.
Esa empatía es, precisamente, la materia prima de Esperanza. “Es muy observadora, está muy en la escucha, no juzga”, describe la actriz. “Entiende muy rápido lo que le pasa al de enfrente”. Una cualidad que, reconoce, no le es del todo natural: “yo no soy tan así, voy más a mi bola… pero es algo que me quiero quedar de ella”.
El personaje, como la propia Terés, también viene de una juventud complicada. “Tomó malas decisiones, se rodeó de gente que no debía y acabó en la cárcel”, explica. Pero ahí empieza realmente la historia: “en la cárcel se da cuenta de que no es así, hace terapia, estudia, descubre que quiere ser maestra”. Lo que viene después no es un camino fácil, sino todo lo contrario. “Cuando sale, todo el mundo la juzga, le da la espalda… y tiene que ir ganándose a la gente poco a poco”.
Barrio Esperanza aborda realidades muy reconocibles: la educación pública, la vida en un barrio, las dificultades cotidianas. “Es una mezcla de todo”, resume Terés. “Habla de segundas oportunidades, pero también de la educación y de la supervivencia en un barrio obrero, de las carencias que hay y de cómo la gente sale adelante”.
Y, sin embargo, el tono de la serie, producida por Globomedia (The Mediapro Studio) en asociación con RTVE, no es oscuro. Todo lo contrario. “Se cuentan cosas como el bullying, las altas capacidades o las separaciones de los padres, pero desde la comedia. Así todo se entiende mejor”. Hay en esa elección una intención clara: llegar a las familias. “Me gustaría que la gente la vea con sus hijos y que genere conversación, que haga pensar en cómo nos comunicamos con ellos”. Incluso se permite ir un poco más allá: “creo que puede ser un poco terapéutica, en una medida muy light”. Y enseguida aterriza la idea en una sensación más concreta, más emocional: “cuando la terminas, te quedas con el corazón contento… tiene algo muy bonito, muy de barrio, de hacer familia”.
Ese espíritu también se vivió fuera de cámara. El rodaje, concentrado en apenas dos meses de verano en un colegio real, fue intenso, casi sin pausa. “No libré ningún día”, recuerda. Pero lo que permanece no es el cansancio, sino otra cosa: “hicimos una familia, nos hemos reído muchísimo”. Menciona a compañeros como Mariano Peña o Ana Jara como parte de ese pequeño ecosistema donde todo fluía entre tomas y calor.
Quizá por eso, cuando habla de la serie, Mariona Terés no se queda en la promoción. Habla de lo que significa. De lo que le ha removido. De lo que le ha recordado. “Rodar en un colegio real me trajo muchos recuerdos de cuando era pequeña”. Aunque en su caso, admite, no tuvo ese profesor que le cambiara la vida en la infancia. “Eso me llegó después, cuando estudié interpretación”.

Licenciado en Periodismo por la UAB. Redactor de La Vanguardia desde 1987. En la actualidad en las secciones de Series, Televisión y Gente

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