La historia se repite. Una falsa promesa de trabajo, una mujer vulnerable que cree que va a ganar dinero para su familia, un ser humano dispuesto a abandonar su casa con la esperanza de prosperar. Y, al llegar, lo que le espera es un pedazo de suelo mugriento en un polígono oscuro a las afueras de Madrid por el que tienen que pagar una cantidad mensual. A esto se exponían decenas de mujeres peruanas engañadas por una mafia con los pocos escrúpulos de obligarlas a alquilar la superficie del polígono Marconi, sitio habitual esclavitud sexual, sobre la que pasear para exponerse a los puteros. Esta organización ha caído tras una investigación de más de un año en la que han intervenido policías y jueces de tres países y que también ha detectado que los criminales exportaban a las mujeres según las necesidades del negocio.
La organización estaba compuesta por, al menos, 13 personas que se encargaban de la captación, amenazas, recaudación y control de las mujeres. El año pasado hubo 593 detenciones de la Policía Nacional en España relacionadas con delitos de trata y prostitución, según datos del Ministerio de Interior. Esta banda les hacía creer que habían adquirido deudas con ellos por traerlas a España de hasta 16.000 euros, una cantidad astronómica para cualquier persona que viene sin nada a un país extranjero. No solo eso, sino que utilizaban a algunas de estas víctimas como mulas, es decir, las obligaban a venir a España con droga, según la investigación policial. Una vez en territorio nacional, también las obligaban a mover la droga dentro del país. En los registros policiales intervinieron un kilo de cocaína, así como decenas de pastillas de viagra.
Hace ya algunos años que las mafias que explotan a mujeres empezaron a abandonar las calles y meterlas en pisos, donde las invisibilizan aún más y donde la policía tiene más difícil investigar. Pero todavía quedan organizaciones que explotan la calle hasta el último resquicio. Los agentes de las unidades contra la explotación de la Policía Nacional han trabajado durante un año para reunir pruebas contra esta banda que usaba a las mujeres como mulas de droga y esclavizó a decenas de víctimas en esas calles del polígono Marconi, en el distrito de Villaverde.
La mafia no necesitaba cadenas para mantener a las mujeres atadas a esas esquinas. La policía y las asociaciones que trabajan con estas víctimas lo saben bien. Tal y como explicaba en una entrevista con EL PAÍS Andrea, superviviente que estuvo cinco años explotaba en ese mismo polígono, ella pensaba que la policía no iba a creerla y además, se sentía responsable del engaño que la trajo a España. Las amenazas a su familia en su país natal, hacían el resto. “Hay mujeres que han recibido fotos de sus hijos en el colegio”, señalaba la superviviente.
Andrea se dedica ahora a recorrer ese mismo polígono de la mano de la entidad especializada Apramp en busca de mujeres a las que ayudar a salir de ahí. La mayoría le espetan que no tienen ni idea de cuál es su situación. Todas se sorprenden cuando ella les responde que ella salió exactamente de esa misma jaula invisible. “Es que a veces no saben ni donde están. Imagínate a una mujer que traen de Cali, la hacen llegar a Barcelona, la meten en un coche y la sueltan en la calle o la meten en un piso. Se quedan con su pasaporte. No tienen teléfono o, si lo tienen, no cuentan a su familia qué ha pasado. ¿Dónde van a ir por mucho que no estén encerradas?”, indica.
Esta investigación comenzó en junio de 2025 con la denuncia de algunas de esas mujeres, apoyadas por organizaciones contra la trata y agentes de la policía especializadas en tomar declaración a este tipo de víctimas. En esas primeras conversaciones, el engaño se hizo patente. Los policías han dedicado más de un año a recopilar mensajes intimidatorios, testimonios e información bancaria para acorralar a este entramado. En la investigación han colaborado agentes de la brigada provincial de Madrid y de la central de Extranjeria y también ha participado la policía de Perú y la francesa. Los agentes han detectado que, cuando las mujeres regularizaban su situación en España, eran trasladadas a otros puntos que la organización tenía en Francia, donde seguían siendo explotadas sexualmente.
Las entradas y registros han permitido acceder a más documentación y dispositivos electrónicos que tendrán que ser analizados en los próximos meses para detallar el modus operandi para esclavizar a mujeres y desde cuando operaba la organización criminal. Entre la documentación requisada, hay papeles en los que constan las supuestas deudas de las víctimas y los servicios que realizaban. Es posible que, después de analizar todo el material recopilada, haya nuevas detenciones.
Y, a partir de la liberación ¿qué? El itinerario que aguarda a estas supervivientes es complicado aunque hayan salido del sometimiento diario a hombres en busca de sexo de pago. Tal y como explicaba Rocío Mora y Ana Estevez, directora y coordinadora de Ampram, respectivamente, explican que entidades como la suya intentan darles un recorrido personalizado. Algunas deciden quedarse. “Con ellas se trabaja en diferentes áreas en las que prima la formación, compatibilizada con esa atención psicológica, para dotarlas de habilidades, de herramientas y que sepan afrontar situaciones”. Otras, optan por volver a su casa. “También ahí hay consecuencias negativas. ¿Por qué? Porque se están encontrando con el señor que las trajo, el señor que las engañó y con su propia familia que las cuestiona", indica Mora.
En 2025, la Policía Nacional liberó a 731 mujeres de la esclavitud sexual, según datos del Ministerio del Interior. 341 de ellas habían sido traídas a España específicamente para su explotación y 372 habían sido captadas dentro del territorio nacional.

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