Por qué congelar una botella de agua es un error que puede arruinar tu termo o tu congelador

Hace 21 horas 1

Cuando aprieta el calor, una de las soluciones más habituales para mantener el agua fría durante horas consiste en meter una botella en el congelador. Es un gesto cotidiano que millones de personas repiten cada verano antes de ir a la playa, la piscina o de salir de excursión. Sin embargo, los expertos advierten de que esta práctica no siempre es tan inocua como parece. Si no se hace correctamente, puede provocar desde la rotura del envase hasta daños en el congelador e incluso inutilizar algunas botellas reutilizables.

La clave está en una propiedad física única del agua que muchas personas desconocen. A diferencia de la mayoría de los líquidos, el agua aumenta de volumen cuando se congela. Ese pequeño detalle es suficiente para convertir una simple botella en una fuente de problemas si está completamente llena o fabricada con un material poco adecuado.

El agua es una excepción en la naturaleza

La explicación está en la denominada anomalía térmica del agua. Mientras la mayoría de las sustancias se contraen al solidificarse, el agua forma una estructura cristalina que ocupa más espacio cuando alcanza los 0 ºC.

En la práctica, esto significa que el volumen del agua aumenta alrededor de un 9 % al congelarse. Si la botella está llena hasta el borde y cerrada herméticamente, el hielo no dispone de espacio para expandirse y comienza a ejercer una enorme presión sobre las paredes del recipiente.

El resultado dependerá del material con el que esté fabricada la botella, aunque en todos los casos existe riesgo de deterioro si no se deja margen suficiente para la expansión del hielo.

No todos los recipientes reaccionan igual

Las botellas de vidrio son las más peligrosas para introducir en el congelador. La presión generada por el hielo suele provocar que el cristal estalle, dejando pequeños fragmentos repartidos entre los alimentos y convirtiendo el congelador en un riesgo para las manos al manipular su contenido.

En las botellas de plástico el peligro es menor, pero no desaparece. Lo más habitual es que la base se deforme, aparezcan pequeñas grietas o que el tapón termine cediendo por la presión interna, provocando fugas cuando el hielo comienza a derretirse.

El problema también afecta a las botellas térmicas o cantimploras de acero inoxidable. Aunque externamente parezcan muy resistentes, el hielo puede deformar su estructura interior y romper la cámara de vacío que les permite conservar la temperatura. Cuando esto ocurre, el recipiente pierde definitivamente su capacidad aislante.

Un bloque de hielo no siempre es la mejor solución

Más allá del riesgo de rotura, congelar completamente una botella tampoco resulta especialmente práctico si el objetivo es beber agua inmediatamente.

El hielo transmite el calor mucho más lentamente que el agua líquida. Por eso, una botella totalmente congelada apenas permite beber unos pocos sorbos mientras se derrite la capa exterior. Para disponer de agua líquida habrá que esperar bastante tiempo, precisamente cuando lo que se buscaba era refrescarse cuanto antes.

En muchas ocasiones resulta más eficaz enfriar el agua sin llegar a congelarla completamente o utilizar otros sistemas que permitan mantener baja la temperatura durante más tiempo.

Cuándo sí puede ser una buena idea

Congelar una botella de agua no siempre es un error. De hecho, puede resultar útil si se siguen unas normas básicas.

Los especialistas recomiendan utilizar únicamente botellas de plástico flexible y llenarlas como máximo entre un 60 % y un 80 % de su capacidad, dejando espacio suficiente para que el hielo pueda expandirse sin generar presión excesiva.

Además de proporcionar agua muy fría durante varias horas, una botella parcialmente congelada puede actuar como acumulador de frío dentro del congelador. Esto ayuda a mantener la temperatura durante un corte eléctrico y también mejora ligeramente la eficiencia energética cuando el congelador no está completamente lleno.

Cómo enfriar el agua de forma más segura

Si el objetivo es disponer de agua fría rápidamente, existen alternativas más eficaces y seguras.

Una de las más conocidas consiste en introducir la botella durante unos minutos en un recipiente con agua, hielo y sal. La mezcla reduce el punto de congelación del agua y acelera la transferencia de calor, permitiendo enfriar la bebida en apenas unos minutos sin llegar a congelarla.

Otra opción es utilizar cubitos de hielo de gran tamaño dentro de una botella térmica, que mantendrán el agua fría durante horas sin someter el recipiente a la presión del hielo en expansión.

En definitiva, congelar una botella de agua no es una práctica peligrosa por sí misma, pero sí requiere ciertas precauciones. Elegir el recipiente adecuado, no llenarlo completamente y controlar el tiempo que permanece en el congelador son pequeños gestos que evitan roturas, prolongan la vida útil de las botellas y permiten disfrutar de agua fría con total seguridad.

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