Rabia, impotencia y decepción. La grada, el cuerpo técnico, los jugadores e incluso Alan Pace. El españolismo no encuentra explicación deportiva para el desenlace de dos de los dos partidos más importantes de la temporada en el RCDE Stadium, frente al Barça y al Girona. En menos de un mes, el equipo que tan brillantemente había conquistado la quinta plaza ha encajado dos derrotas muy duras. Sin ser capaces de marcar un gol. Sin el acierto ofensiva habitual ante rivales más efectivos.
La estadística pesa como una auténtica losa. El Espanyol no gana un derbi catalán como local en LaLiga desde enero de 2007, cuando venció 3-1 al FC Barcelona con Ernesto Valverde en el banquillo y Tamudo como referencia. Desde aquel día han pasado 22 partidos en casa ante Barça y Girona (23 si se tiene en cuenta la temporada 2020/21 en que coincidieron en Segunda con el Girona) sin victoria: nueve empates y trece derrotas. Una racha demasiado larga y que el españolismo no puede olvidar.
El Girona puede presumir además de ostentar un récord muy particular en la historia más negra del Espanyol. Se trata de uno de los cuatro equipos a los que el Espanyol no ha podido ganar en su feudo en LaLiga. Los otros son la Cultural Leonesa, la SD Huesca y el Xerez, todos con un empate. En el caso del Girona, la estadística es mucho peor, pues en los cinco partidos que han disputado, el Espanyol no ha conseguido ganar ninguno.
Si se tienen en cuenta los números en terreno visitante, la cosa tampoco mejora demasiado. Con el del pasado viernes, el Girona no ha perdido ninguno de sus últimos seis partidos ante el Espanyol en LaLiga (tres victorias y tres empates). La última victoria del Espanyol en Montilivi llegó en 2019, con Rubi a los mandos. Frente al Barça, es todavía peor, pues la última victoria en el Camp Nou, que es la última en Liga en general, data de febrero de 2009. Desde entonces, 29 derbis sin victoria perica.
La maldición que vive el Espanyol en este tipo de encuentros es completamente inaudita y nunca antes se había dado. Los motivos son, seguramente, puramente deportivos. En el caso del Barça es indudable su potencial futbolístico. En el caso del Girona ese no debería ser el único motivo, pues deberían ser dos equipos mucho más parejos. Factores psicológicos o de presión sobre el equipo por lograr por fin un triunfo seguramente han afectado al equipo.
Ayer, el Espanyol se quejó del condicionante arbitral por boca de su entrenador. Manolo González trató de morderse la lengua, pero terminó explicando que “incluso gente del Girona me ha dicho que no son penalti ninguna de las dos”, en referencia a los dos penaltis señalados por Galech Apezteguía.
“Hay un contacto leve en el pecho, no hay agarrón (dijo en referencia al penalti de El Hilali sobre Hugo Rincón). Si eso es penalti la acción de Roberto es penalti, son muchas cosas. Son cuatro minutos de descuento cuando el otro día en Levante hubo siete en un partido en el que pasaron muchas menos cosas. Hablamos de incidentes: yo lo que no puedo hacer como entrenador es provocar al público, un jugador tampoco supongo. Si tiene tarjeta y provoca al público es la segunda, Arnau Martínez tiene que estar en la calle”, resumió.
Con esos dos penaltis señalados, la estadística también es muy sorprendente. En los últimos ocho partidos entre Girona y Espanyol, los colegiados señalaron seis penaltis a favor de los rojiblancos, ninguno para los blanquiazules.

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