Posibilismo de las derechas

Hace 2 horas 1

En política, como en la meteorología, hay cambios que no se anuncian con estruendo sino con una persistente alteración de la presión. Las recientes elecciones autonómicas en Extremadura, Aragón y Castilla y León no han sido un relámpago aislado, sino la confirmación de un frente que avanza con paso firme: la expansión del mercado electoral de las derechas. El PP y Vox no solo suman, sino que consolidan una mayoría que, en votos y escaños, desborda con holgura la frontera simbólica de la mayoría absoluta.

Pero más revelador que la victoria de unos es la erosión de otros. En Aragón y Castilla y León, el PSOE centrifuga el voto a su izquierda, un espacio que en otros tiempos supo articular mayorías alternativas. Este debilitamiento no es meramente aritmético; es también narrativo. La izquierda aparece incapaz de construir un relato común, de ofrecer una visión reconocible que cohesione a su electorado más allá de una resistencia ahora alentada con el “No a la guerra”.

El PP y Vox, a pesar de las cuitas, siempre acabarán abrazando el pragmatismo

El foco del debate se desplaza ahora hacia los pactos entre PP y Vox, hacia la gobernabilidad entendida como sinónimo de estabilidad. La izquierda ha dejado de ser protagonista para convertirse en espectadora en territorios clave. No es un fenómeno nuevo –ya ocurre en Galicia, Madrid, Andalucía o Valencia– , pero su extensión geográfica amplifica la sensación de cambio estructural.

La sintomatología es clara. Más allá de las siglas, se dibuja un escenario donde la esperanza de la izquierda se condensa en una futura batalla general, casi existencial. Sin embargo, las dinámicas actuales invitan al escepticismo: unas derechas en expansión, con mayor capacidad de agregación electoral; un PSOE que puede fortalecerse en el centro, pero a costa de un flanco izquierdo cada vez más debilitado, y unas fuerzas periféricas –nacionalistas o independentistas– que, en determinados territorios, adquieren un protagonismo que reconfigura el tablero.

En este contexto, el llamado posibilismo de las derechas adquiere una relevancia decisiva. Allí donde las diferencias ideológicas o estratégicas podrían parecer insalvables, emerge el pragmatismo como cemento político. La experiencia sugiere que, en el peor de los casos, PP y Vox no permitirán que la fragmentación propia derive en una cesión del poder institucional a la izquierda. Podrán discrepar, escenificar distancias o incluso confrontar públicamente, pero la lógica del poder tiende a imponerse al conflicto.

Así, la distancia entre sus líderes, mayor o menor, se vuelve secundaria frente a la oportunidad histórica de propiciar un cambio de ciclo en España. Un horizonte que, a la luz de los resultados autonómicos, deja de ser una hipótesis para convertirse en una posibilidad tangible. Mientras tanto, el PSOE parece confiar en que su arriesgada estrategia logre contener esta inercia. La pregunta es si aún está a tiempo de revertir una tendencia que, más que coyuntural, empieza a parecer estructural en España.

Salvador Enguix Oliver

Licenciado en Ciencias de la Información por la UAB y Doctor en Comunicación por la UV. Delegado en València y redactor jefe de La Vanguardia desde 1991

Leer el artículo completo