¿Puede colapsar la economía española por la guerra de Irán?

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¿Hasta dónde llegarán los efectos de la guerra de Irán? Esta es la gran pregunta que se hace ahora todo el mundo, financiero y no financiero. Desde los mercados internacionales las relaciones en cadena no son difíciles de adivinar. Si esta crisis tensa los precios de materias primas como el petróleo y el gas, hará que las distintas economías sufran inflación, en tanto en cuanto del petróleo dependen carburantes, pero también la energía que consumen muchas industrias, y del que también depende la industria de plásticos, pinturas y un largo etcétera.

El caso del gas está más circunscrito a la producción de energía eléctrica pero esta, a su vez, se filtra por toda la cadena de valor de productos y servicios. Sin luz, no funciona nada. Así pues, es fácil prever que vamos a una espiral de precios de la que desconocemos no que venga, sino cuánto tiempo y con cuánta intensidad nos va a golpear.

Esto afecta directamente a otra variable, justo la variable que lleva moviendo los mercados hacia el pánico o la calma durante los últimos años: las decisiones de los bancos centrales. El que debería ser su único mandato es el de controlar la inflación. Algo que regulan con la variación de los tipos de interés: escasa inflación: tipos bajos que alimenten la liquidez en los mercados y el crecimiento de la actividad. Inflación creciente: tipos altos y economías congeladas, menos liquidez en el mercado y dificultades para las economías y las empresas muy endeudadas.

Y esto precisamente es lo que está descontando ahora el mercado, que los bancos centrales, que arrancaron 2026 con un calendario de política monetaria tendente a mantener o bajar tipos a lo largo del año, y que hoy, menos de tres meses después, ya están avanzando subidas de tipos para frenar la inflación.

Sin embargo, podríamos señalar que la incertidumbre es máxima, en tanto en cuanto todo esto cambiará abruptamente en función de cómo avance el conflicto. Si la situación se resuelve relativamente pronto, podría llegar incluso un desplome de los precios del petróleo, si a la liberación de 400 millones de barriles de crudo se le uniera la solución de la crisis del estrecho de Ormuz, y provocara una sobreoferta de petróleo en el mundo. De momento, está por ver qué puede pasar y cómo.

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