Agencias
18/03/2026 17:04 Actualizado a 18/03/2026 17:11
El conflicto en Oriente Medio ha dado un paso más en la escalada tras los primeros ataques contra la infraestructura energética iraní en el golfo Pérsico este miércoles. En concreto, Estados Unidos e Israel han atacado el yacimiento de gas Pars, donde Irán produce su gas natural, y que supone la reserva más grande del mundo de este hidrocarburo.
El yacimiento de Pars está dividido en dos y está gestionado de manera compartida entre Irán y Qatar, entre las secciones South Pars —atacada durante este miércoles— y la sección North Dome, controlada por la monarquía qatarí y de vital importancia para la economía del país del golfo, uno de los mayores exportadores de gas natural a nivel mundial.
Para Irán, la producción de gas también es crucial, no tanto por sus exportaciones —más limitadas que en el caso de Qatar—, sino por su consumo interno. Solo en el 2024, la producción iraní alcanzó los 276.000 millones de metros cúbicos, de los cuales el 94 % se consumió dentro del país, según datos del Foro de Países Exportadores de Gas.
El ataque en Pars se suma al de la isla de Jarg, en un intento de debilitar la producción de hidrocarburos de Irán.
La importancia del yacimiento para ambos países es enorme, tanto para sus economías como para sus infraestructuras, lo que ha provocado la condena de Qatar, que ha calificado el ataque de “paso peligroso e irresponsable”. En paralelo, Teherán ha anunciado represalias y ha advertido de que atacará infraestructuras energéticas de otros países del golfo en las próximas horas, en línea con la estrategia que el régimen chií ha seguido durante las últimas semanas de conflicto.
El paso de EE. UU. e Israel al atacar la infraestructura energética iraní busca debilitar no solo la capacidad militar del régimen, sino también sus recursos económicos. Tras el ataque a la isla de Jarg, por donde Irán exporta el 90 % de su crudo a través del estrecho de Ormuz, la ofensiva contra el mayor yacimiento de gas natural del mundo amenaza su capacidad de producción de hidrocarburos. Además, podría comprometer el consumo interno y aumentar la presión sobre una población ya afectada por semanas de bombardeos.
En este sentido, Irán también condenó un ataque estadounidense contra la isla de Qeshm, donde el régimen acoge una instalación hídrica. Los ataques contra este tipo de infraestructura, en especial plantas desalinizadoras, podrían ser especialmente críticos para los países de la región, cuya dependencia del agua dulce depende de estas plantas y que frecuentemente atraviesan periodos extremos de sequía.

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