Como es lógico, se ha comentado mucho la dimisión del que hasta ayer era director del Centro Antiterrorista de EEUU, Joe Kent, al que les confieso que no conocía pero del que gente cuyo criterio me merece total confianza –como Daniel Rodríguez Herrera, por ejemplo– me hace pensar que probablemente se trata del perfecto mamarracho trumpista, no por trumpista, ojo, sino por mamarracho.
El caso es que Kent se ha despedido con una carta con bastante tufo antisemita y en la que dice que es mentira que Irán sea una amenaza para Estados Unidos, lo que es como mínimo una afirmación aventurada para definir el régimen que, como bien recordó Trump en su mensaje justo después de empezar los ataques, ha sido responsable de la muerte de cientos de americanos en atentados terroristas que no eran algo esporádico sino una forma de entender las relaciones internacionales.
Aun así, en el caso de los americanos, que están un océano más lejos de Irán, puedo entender que un descerebrado tenga esa idea, pero ese discurso de que los ayatolás en el fondo no eran un problema para nadie y, como mucho, se podía arreglar la cosa dialogando, también tiene singular éxito en Europa, un continente que en gran parte está al alcance de los misiles iraníes. Unos misiles que, de no ser por Israel y Estados Unidos, podrían estar ahora armados con cabezas nucleares, lo que visto así en frío sí parece un poco amenazante.
Pero más allá de eso, Irán es un país que ha pagado y controlado las que eran, probablemente, las dos mayores organizaciones terroristas del mundo: Hamás y Hezbolá; que ha sostenido durante años al régimen asesino de Al Asad en Siria; que ha dirigido y financiado atentados gigantescos en el Líbano, pero también en Argentina; que ha eliminado a disidentes con asesinatos perpetrados en un montón de países europeos; que ha vendido miles y miles de drones a Rusia para que Putin siguiese matando ucranianos…
Pero sobre todo, Irán hace décadas que es una amenaza para los iraníes, a los que lleva reprimiendo violentamente desde 1979; a los que mandaba, sobre todo adolescentes e incluso niños, en oleadas humanas contra el Ejército de Irak, sin más armas que unas llaves para abrir el paraíso; a los que ha machacado si eran mujeres y colgado de grúas si eran homosexuales; a los que masacró por decenas de miles en solo un par de días de enero de este mismo año, culpables de un crimen tan monstruoso como pedir libertad.
Hay gente a la que se le llena la boca de un "no a la guerra" que les hace quedar estupendamente, ya sea en una asamblea MAGA, en unos premios de cine o en un parlamento europeo, pero la verdad es que lo contrario a esta ofensiva no era la paz: Irán ya estaba en guerra contra buena parte del mundo y, sobre todo, contra su propio pueblo.

Hace 21 horas
1









English (US) ·