Renzo, el niño de Sant Agustí, pregunta a León XIV si de pequeño quería ser Papa: “Creo que nunca lo pensé”

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Dice León XIV que le gusta el fútbol, pero confiesa que juega a tenis. Dice el Papa que el deporte sirve para crecer sanos en cuerpo, mente y alma, y que nos recuerda que “la vida no es una carrera para lucirse en solitario, sino un camino para recorrer juntos. Quien no sepa pasar la pelota, aunque tenga talento, probablemente va a perder”. Así se lo ha contado el Pontífice a Renzo, un niño de seis que años que le ha hecho llegar una batería de preguntas en una carta en forma de documental. El niño, en primera fila, escuchaba atento. La carta, en pantalla, se cuela en el buzón con sello de Nino Bravo y llega a la parroquia. Y Renzo le ha leído la carta, con todas las cuestiones. La escena se ha desarrollado este miércoles en el corazón del Raval, en la parroquia de Sant Agustí, una iglesia humilde “en la que nadie piensa” en palabras de su rector, el tanzano Faustin John Mlielwa, agustino como León XIV, pero que hoy ha sido la elegida para una visita.

Renzo: ¿De pequeño querías ser Papa?

León XIV: “Creo que no. Yo creo que nunca lo pensé. Pero sí puedo decirte algo: desde pequeño sentí el deseo de entregar mi vida a Dios. Y que este camino pasaba por el orden de Sant Agustín. Mas importante es preguntarse si se quiere ser amigo de Jesús”.

Renzo: “¿Por qué hay tantos abuelos solos?”

León XIV: “Nunca deberían quedarse solos. No permitamos que la soledad y el abandono se normalicen en la vida de los adultos mayores. Eso es algo muy triste Si no queremos la soledad para nosotros, tampoco debamos permitirla a los demás”.

Renzo no ha sido el único en participar. Representantes de Cáritas, que solo en 2025 ha ayudado a más de 63.000 personas en Barcelona, han clamado ante el Pontífice: “Sentimos impotencia, impotencia por no llegar a todas las personas, a todos los hogares, a todos los rincones donde es tan necesario”. Caritas se refiere, entre otras situaciones, “a familias enteras viviendo en habitaciones de realquiler, la soledad de los mayores y el trabajo precario”. León XIV también ha escuchado a Ignasi Lupon, director de Obinso, centro que apoya a personas con adicciones, y a las religiosas Adoratrices. Encarna, religiosa, ha realizado un reconocimiento a cada mujer víctima de trata, “mujeres capaces de celebrar la vida mostrándonos que el mal no tiene la última palabra”.

Para Faustin, el rector que ya conoce al Papa, esto no va de lo que ha visto el mundo a través de los medios de comunicación. Recibe con una sonrisa a todo el que llega horas antes del gran encuentro: “El objetivo es que el Papa pueda hablar con todos los que aquí se dedican a las obras sociales, que son muchos. Piense que aquí al lado está el comedor de las Misioneras de la Caridad de la Madre Teresa de Calcuta, que da de comer a 400 personas cada día”. Pero ¿qué consecuencias tendrá esta visita papal? Faustin sonríe y dice que no entiende la pregunta, pero contesta: “Lo que es seguro es que la parroquia se va a conocer más y aumentará la gente que vendrá a pedir ayuda, pero también los que vendrán a rezar”.

Faustin John Mlelwa, rector de la parroquia de Sant Agustí del barrio del Raval de Barcelona, momentos antes de la visita del papa León XIV. Carles Ribas

La parada en Sant Agustí tiene muchos sentidos, pero, sobre todo, porque el Raval es el barrio de Barcelona con más entidades sociales. En poco más de un kilómetro cuadrado, viven 112.290 vecinos. Los índices económicos están muy por debajo del resto de la ciudad: la renta media de Barcelona es de 22.994 euros y la del Raval no llega a los 11.000. Además, es uno de los barrios de Barcelona donde conviven más nacionalidades (más de 40) en el distrito, Ciutat Vella, que más turistas recibe diariamente. Aquí es donde la gente trabaja con la pobreza.

Entre las autoridades que han acudido a Sant Agustí, el ministro de Transportes, Óscar Puente, el presidente de la Generalitat, Salvador Illa (presente en todo el viaje), y el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, que, conocedor de su pasión por el tenis, le ha regalado unas zapatillas de tenis de una marca de Barcelona. Del número 44, el que calza el Papa. Y tras el encuentro, el llamado Papa de los bebés, ha bendecido un centenar en 24 horas, ha emprendido el rumbo a su última parada en la Sagrada Familia. Barcelona despide al pontífice en otra jornada movida y, esta vez, no por las averías Rodalies. Los Mossos siguen buscando al asesino a tiros de un hombre en la calle Balmes. Y mañana, cuando la parroquia vuelva a la normalidad y solo queden algunos de los abanicos de propaganda papal, seguirán con su labor diaria y, entre otras cosas, su veneración a Santa Rita, patrona de los imposibles. Barceloneses, que incluso no son católicos, realizan peticiones a esta santa cuando las cosas de la vida se ponen más feas de lo que se esperaba.

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