Ripoll (Girona, 10.665 habitantes) vive con una particular frialdad el mayor escándalo al que se ha enfrentado hasta ahora su alcaldesa, Sílvia Orriols. Su hija mayor ganó una plaza de interina en la Policía Local, en un concurso que la oposición analiza con lupa, y la líder de Aliança Catalana se enfrenta a gestionar el ser su máxima superior jerárquica. Un paseo por el centro de la única población gobernada por el independentismo ultra en Cataluña certifica que, ante el conflicto de intereses, más allá de alguna crítica o comentario condescendiente, lo que se impone es el mutismo vecinal. “Es muy duro, cada vez hay más silencio en Ripoll”, lamenta Carme Brugarola, una activista social.
La conversación en los bares ubicados en la plaza Cívica y sus terrazas, en todo el corazón del centro histórico, es el reflejo de lo vivido en el pleno del pasado martes. En la sesión, Orriols defendió el derecho de su primogénita, de 19 años, a presentarse a esa plaza. Insistió en su “neutralidad” durante el proceso y dijo que no existe ningún conflicto de intereses. Solo uno de los cinco grupos municipales, el portavoz de Junts per Catalunya, pidió explicaciones a asuntos como que fue ella quien designó el tribunal, y la alcaldesa recurrió hasta al ataque personal para defenderse.
Pocos ánimos para hablar del tema en una mesa de cuatro jubilados que están de sobremesa en una de las terrazas. De fondo, la nueva sede de Aliança, inaugurada el pasado día 24. “La gente es muy fanática, estaba llena”, recuerda uno de los comensales, Toni, que después se encoge de hombros cuando se le pregunta por la situación de Orriols y su hija. Tras un par de segundos de silencio incómodo, uno de sus acompañantes apostilla: “Al menos la plaza es para alguien del pueblo”.
Orriols ganó las elecciones en 2023 tras lograr tres de cada diez votos gracias a un discurso xenófobo, que pone al islamismo como el principal enemigo de unas esencias autóctonas que ve en peligro y que relaciona delincuencia e inmigración (que allí es del 16% de la población). En ese andamiaje, la Policía Local, que cuenta con 17 efectivos, es un instrumento clave como símbolo de orden. La alcaldesa, de hecho, suele lucir su camiseta.
Plaza del Ayuntamiento de Ripoll, ayer jueves.
Albert GarciaEn los entornos de la plaza de Sant Eudald, unas calles más abajo, varios edificios están en obras. Prefieren no identificarse, pero hay trabajadores de origen latino y magrebí. Viven en Ripoll, pero afirman desconocer la polémica, aunque hay cierta mueca cuando escuchan el nombre de la alcaldesa y vuelven rápidamente al trabajo. En uno de los bares aledaños, las pocas mesas ocupadas ya están en los postres. En la barra, se amontonan varios ejemplares de la prensa deportiva y uno, del día, de la comarcal. No hay llamada en portada sobre la polémica. La sexta página sí explica cómo fue el pleno y el choque entre Junts y la alcaldesa. “A ver si la pone a hacer turnos en Navidad o Nochevieja”, asegura con sorna un hombre al que se le pregunta por la noticia, viste ropa salpicada de pintura y que no quiere identificarse.
Una patrulla de la policía local circula por las calles de Ripoll, ayer jueves.Albert Garcia“Cada vez hay más silencio. Es que es muy duro, la gente compra el discurso de Aliança”, lamenta Carme, una activista de Teixim Ripoll, una plataforma vecinal que busca confrontar el discurso de división de Orriols en el municipio. Considera que es un evidente caso de nepotismo, pero duda que haya acciones legales. Ve a los partidos atenazados en su táctica de evitar darle “carnaza” a la líder ultra y que ella lo use a su favor. “Lo comparo con un niño que solo quiere el móvil y para que no grite, le van dando, pero no solucionan el problema”, explica.
Las derivadas éticas y legales del escándalo van por vías distintas. En privado, casi todos los grupos municipales aceptan estar mirándose el expediente de entrega de la plaza, tramitado por vía de urgencia. “No hemos encontrado ninguna anomalía”, dice un portavoz del comité de empresa del consistorio. Los servicios jurídicos también emitieron ayer un comunicado defendiendo “la escrupulosa observancia normativa” en el proceso, que se ha hecho “con total independencia y discrecionalidad técnica”. “Cualquier duda sobre su actuación, sin pruebas, es un daño gratuito a la institución”, dice el texto. Una versión más elegante que el reto planteado por Orriols el pasado miércoles: “Quien tenga la menor duda, que impugne. Si no, que calle”.
Ignasi Prats: “Cualquiera de los cinco habría sido un buen policía local”
Ignasi Prats, participante del concurso para una plaza de policía interino en Ripoll, ayer en su casa en Barcelona.MASSIMILIANO MINOCRIIgnasi Prats (Barcelona, 21 años) participó en el proceso de selección para la plaza interina en la Policía Local de Ripoll (Girona) en el que se impuso la hija de la alcaldesa y líder de Aliança Catalana. “No tengo problema con que ella haya ganado la hija de la Sílvia [Orriols]. Cualquiera de los cinco habría sido un buen policía local”, aseguró ayer, esquivando la polémica ética y legal sobre el nombramiento.
Guinadell Orriols, de 19 años, se impuso entre un grupo de 24 aspirantes, sacándole dos puntos a quien ocupó la segunda posición. Prats, como ella, se presentaba por primera vez a un concurso de selección de ese tipo. Vive en la capital catana pero su novia es de Ripoll, le gusta la idea de una vida allí y se lanzó. Pasó el filtro de la primera prueba (a la que asistieron solo 15), que consistió en un caso práctico de cómo atender la situación de un hombre alterado en un bar. Junto con otros cinco, llegó a la entrevista, donde le preguntaron por qué quería ser policía y cuál era su relación con el municipio.
“No noté nada extraño. Fue todo muy profesional”, defiende de manera cerrada. Ni conoce a la hija de la alcaldesa ni sintió que se hiciera comentarios al respecto durante las cinco horas que compartió con los otros contendientes, el pasado 2 de julio. El joven, que terminó el bachillerato y se dedica al comercio, define a ese grupo como “variado”, con participantes provenientes de diferentes municipios de Cataluña. En un principio había personas de todas las edades pero, en los últimos cinco, asegura, nadie superaba los 35 años.
Se enteró por un link que le llegó por WhatsApp, el pasado jueves, de que la hija de la alcaldesa había sido la elegida. Se lo toma con deportividad y dice que no tiene ningún motivo para impugnar el proceso. “No me fue bien en la entrevista y me quedo con la experiencia para hacerlo mejor en la próxima”, explica, ilusionado con la idea de poner su vocación de "servicio" a disposición de algún cuerpo policial.

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