Sánchez, entre el cielo y el infierno

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Obispos bendiciendo trenes y disputas entre Gobierno y oposición en el Congreso que se dirimen con Félix Bolaños impartiendo justicia divina: “Al final, nosotros acabaremos en el cielo y ustedes arderán en el infierno”. El efecto León se disipó en el Madrid DF en cuanto el avión del Papa despegó de Barajas; y en la capital política volvió a reinar el pecado de la corrupción: las joyas de Zapatero, las libretas de Leire Díez y la cuenta atrás de la sentencia a José Luis Ábalos y Koldo García con el eco de las grabaciones repartiéndose a “Ariatna” y “la Carlota que se enrolla que te cagas”.

Sánchez y Zapatero

Sánchez y ZapateroDani Duch

La visita del Papa ha sido un efímero bálsamo para el Gobierno, ha alimentado sus argumentarios y copado agendas. La presencia de Pedro Sánchez y catorce ministros en la Sagrada Família de Barcelona no es un milagro ni un acto de contrición; responde a la voluntad de ligar su imagen a un momento histórico en Barcelona que genera autoestima y ha hecho recuperar el orgullo –el catalán frente a Madrid–. Sánchez ha acudido por primera vez a una misa como presidente, y la vicepresidenta Yolanda Díaz ha traspasado a León XIV la devoción que profesó a Francisco.

La ausencia de Alberto Núñez Feijóo en Barcelona y el broche del viaje apostólico entre inmigrantes subsaharianos conceden aún más fuerza a las enmiendas del Papa a la prioridad nacional de los acuerdos entre el PP y Vox. No obstante, invocar al Papa en la pugna partidista no evita que los socialistas se quemen electoralmente entre causas judiciales; mientras, la derecha ajusta su ofensiva contra Sánchez gracias al control que mantiene sobre el calendario de los tribunales.

Los cortafuegos dialécticos del Gobierno no funcionan, y la dicotomía que plantea Bolaños entre “demócratas y matones” no rebaja la desafección de los votantes socialistas. “El infierno está cerca”, le dijo el ministro el miércoles a la portavoz de Vox, Pepa Millán. Es el PSOE quien está cerca de las brasas, y la tasación de las joyas halladas en el despacho de Zapatero las alimenta. Ni bisutería fina ni 30.000 euros como proclamó el portavoz del expresidente. El peritaje del lote de joyas, que cifra su valor en 1,3 millones, aumenta los interrogantes sobre las actividades privadas de Zapatero:

¿Cuál es su origen? ¿Se declararon a Hacienda? Si son regalos personales a su esposa, ¿cuándo se recibieron? La ley de transparencia, vigente desde el 2013 (tras el paso de Zapatero por la Moncloa), señala que los altos cargos no pueden aceptar regalos que superen los “usos habituales, sociales o de cortesía”, aunque no establece una valoración económica concreta. En el Congreso y el Senado sí que tienen la cifra de 150 euros como referencia orientativa.

Las imágenes de las gargantillas tienen poco de cortesía y mucho de condena política. Zapatero suma ahora una investigación por contrabando, acaba de enterrar su legado político y Sánchez se queda sin abanderado de la ejemplaridad y los derechos sociales.

La imagen del presidente cae y la preocupación por la corrupción se triplica entre el electorado del PSOE

La preocupación por la corrupción se ha triplicado entre el electorado del PSOE y la valoración y la confianza en el presidente han caído hasta cinco puntos, según el último sondeo del CIS. Eso sí, Feijóo sigue sin ser competitivo en esos datos cualitativos frente a Sánchez. La sintonía con el Papa tampoco se traduciría en votos. León ha regalado a Sánchez acompañamiento moral en su cruzada por la regularización de la inmigración, pero su bolsa electoral se nutre de católicos no practicantes y ateos. De hecho, Salvador Illa es el único dirigente socialista que ha mezclado sus convicciones religiosas con su actividad pública sin impostura institucional desde que tomó posesión invocando la socialdemocracia y el humanismo cristiano.

Ni Zapatero es un santo ni Leire Díez Mata Hari. El exalcalde de Vega de Pas, de donde Díez fue concejal, la describía como “una fashion, una pequeña Nicolasa, una Antoñita la Fantástica”, sin “ninguna moralidad”, que estaba en el PSOE “pero lo mismo podía haber dado en el PP”. Las causas contra el expresidente y la fontanera no paran de crecer, se adhieren a las paredes del PSOE y ahogan a sus simpatizantes. Las corruptelas les interpelan y conducen las expectativas socialistas al averno.

Isabel Garcia Pagan

Subdirectora de La Vanguardia desde 2014. En la actualidad estoy al frente de la edición digital. He sido jefa de la sección de Política (2006-2014) . En Europa Press (1995-2006) pasé por Sociedad, Tribunales y Política.

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