Nuestro bienestar físico y emocional es clave, más aún en el mundo cada vez más complicado que se nos presenta. Tal y como ocurre con nuestro cuerpo, el cerebro acaba agotado tras un largo día de actividad, que puede variar al igual que el nivel de interacciones. Tan pronto como nos despistamos, podemos sentir dolor, agotamiento, pulsaciones, ansiedad, nervios y muchas más afectaciones. De cabeza para abajo debemos mantenernos sanos, pero nuestra mente también merece una atención especial.
Esto también se traslada a los casi 7 millones de españoles menores de 16 años, según el Censo Anual de Población de 2024. Uno de los principales focos de estrés físico y mental son los centros educativos, los cuales pueden hacer más daño que bien si no sabe gestionar las acciones de cada niño y sus porqués. Sonia Díez, doctora en Ciencias de la Educación, explicaba en el podcast El sentido de la birra lo grave que puede resultar el hecho de “cortar las alas”: remarcar de forma vehemente que no está preparado para determinada tarea.
“En Holanda, por ejemplo, es una gozada porque realmente siendo quien seas tú tienes siempre un camino de éxito. Entonces a lo largo de la escolarización si algo tiene que tener un niño es la oportunidad de tener éxito. O sea, cuando tú dañas la autoestima de un alumno la dañas para siempre. Y si la dañas de manera permanente a lo largo de los 15 años que está escolarizado acabas de hacer algo que debería ser un crimen”, exponía, de forma contundente. Y es que esta reiteración puede ser muy dañina a largo plazo.
“Porque una persona a la que tú le cortas las alas y le dices, tú no puedes, no eres capaz, tú no sirves, quizás porque mi scope, mi cuadradito es muy pequeñito y tú eres un redondelito, a una persona que le estás haciendo eso sistemáticamente en un sistema rígido, la estás matando por dentro. Entonces, me gusta del sistema holandés precisamente que tienen esos caminos muy flexibles de acceso a posiciones de continuidad y éxito sin que sean excluidos del sistema”, remarcaba ante la atenta mirada de Ricardo Moya.

Reforzar los comportamientos positivos
También está en el interés de los padres que sus hijos puedan entender y realizar sus peticiones de la mejor forma posible, a pesar de la importante evolución que presentan a lo largo de los años. Marina Marroquí, educadora social de profesión, explicaba en La Ventana de la Cadena SER que no se debe olvidar un elemento clave en la adolescencia: el refuerzo positivo. “Cuando el niño y la niña están en la primera infancia, casi todo es refuerzo positivo. Nos gastamos muchísima energía en todo lo que hacen bien. Los primeros pasos, la primera excursión, las primeras notas, la primera... Todo va en positivo”, exponía.
“Sin embargo, algo nos pasa a las familias, que cuando entra la adolescencia, entramos en modo pulir fallos. Y ya empiezas a comunicarte con todo lo que hacen mal pero deberían hacer bien. Mira, como tienes la habitación, como te huelen los zapatos, como... ¿Qué pasa? Que ponte desde la perspectiva del adolescente. Pasas de todo lo hago bien a decirte todos los fallos que estoy teniendo. Entonces, el todo lo hago mal y no me entiendes también va de cómo nos comunicamos nosotros”, argumentaba.

Hace 17 horas
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