Las metáforas también caben en el mundo de los negocios y la inversión; el cisne negro es un evento inesperado, que nadie vio venir y que es capaz de poner la economía y los mercados financieros patas arriba. La pandemia ha sido el más claro ejemplo de cisne negro de los últimos años, profusos en este tipo de acontecimientos. La gran amenaza con la que comienza el año es bien conocida y no es un cisne. Las políticas de Donald Trump ya agitaron con intensidad los mercados el pasado año, el presidente de Estados Unidos cumplió lo prometido y desplegó una política de aranceles que, si bien muy descafeinada al cabo de los meses, se mantiene. En el inicio de este año ha iniciado una ofensiva que va mucho más allá de lo comercial y que incluye, si es preciso, el empleo de la fuerza militar: la ha usado en Venezuela para asegurarse el control de la industria petrolera del país y ha amenazado con hacerlo en Irán y Groenlandia, la isla que aspira anexionar a EE UU.
Por el momento, los mercados apenas han reaccionado a la profunda convulsión del panorama geopolítico, aunque el anuncio de Trump de este sábado de castigar con aranceles de hasta el 25% a los países europeos que participan en maniobras militares en Groenlandia es un salto de gran calado. Los inversores confían hasta ahora en este inicio de año en el crecimiento de la economía mundial y, sobre todo, de los resultados empresariales, aunque sin perder de vista que el nuevo orden imperial que propone la Casa Blanca —con América Latina y el Ártico como claras zonas de influencia de Estados Unidos, en perjuicio de China y Rusia— traerá consecuencias en el medio y largo plazo. A los riesgos geopolíticos se añade además otro frente de profundas consecuencias: la continua injerencia de la Casa Blanca sobre la Reserva Federal, que aspira ahora a sentar a Jerome Powell en el banquillo y que ya ha empezado a restar atractivo y credibilidad al dólar y la deuda soberana estadounidense como activo refugio. Y en los próximos días llegará otra noticia capaz de generar una amplia onda expansiva en el mercado: la decisión del Tribunal Supremo de EE UU sobre la legalidad de los aranceles de Trump.
Ante el convulso panorama con el que comienza el año, los gestores se mantienen en guardia y también afinan las tácticas con las que intentar proteger la cartera de acontecimientos con un gran potencial desestabilizador. “Estamos más prudentes, más alerta, el nivel de preocupación es mayor”, reconoce Víctor de la Morena, director de inversiones de Amundi Iberia ante el agitado inicio de año. La gestora francesa ya defendía en su estrategia para 2026 la diversificación y el uso de coberturas y estrategias de volatilidad como fórmulas con las que afrontar un año que parte con unos índices en máximos y rodeados de incertidumbres. “Seguimos siendo moderadamente favorables al riesgo, con un fuerte énfasis en la diversificación dentro de cada clase de activos como entre ellos, con el fin de ayudar a gestionar la incertidumbre y proteger las carteras frente a una amplia gama de posibles perturbaciones”, resume Goldman Sachs.
La vía más sencilla para proteger la cartera bursátil ante el riesgo de caída es comprar la protección a través de opciones put o de venta, que dan al inversor la posibilidad de vender un activo a un precio fijo dentro de un plazo determinado de tiempo. “Si tienes total flexibilidad, las coberturas con opciones son lo más directo”, explica De la Morena. Esas opciones tienen evidentemente un coste, que será mayor si la volatilidad aumenta. Es decir, cubrirse ante una eventual caída es más costoso en un mercado más agitado. En este inicio de año, el índice Vix — el gran referente para mediar la volatilidad en la Bolsa— apenas se ha movido de la zona de mínimos en la que cotiza.
Emilio Ortiz, director de inversiones de Mutuactivos, señala que en la gestora tienen puts sobre índices de renta variable aprovechando la baja volatilidad y reconoce que “la mejor manera de cubrirse de eventos de riesgo es reduciendo la exposición”. Así, Mutuactivos arranca el año “con altos niveles de liquidez, por si el mercado nos da alguna oportunidad”. En este sentido, Singular Bank ha comenzado 2026 con una posición infraponderada en renta variable, en espera de una corrección con la que elevar su exposición. Y en Abante Asesores, su director de inversiones Ángel Olea, señala que inician el año neutrales en renta variable y con coberturas en Bolsa estadounidense, con opciones put sobre el S&P 500.
“Creemos que construir una cartera básica y diversificada sigue siendo la forma más eficaz de protegerse contra los riesgos del mercado”, explica UBS en un informe publicado al inicio de esta semana. Como fórmulas de protección, el banco suizo ve un papel clave en el oro, en las estrategias de presentación del capital y en la incorporación a la cartera de hedge funds o fondos de cobertura, que permiten un uso más flexible —con más apalancamiento y más riesgo— de las opciones y los derivados para cubrir posiciones. Ese uso de opciones puede aplicarse de forma general, como una cobertura global de la cartera, o también ante momentos puntuales que pueden sacudir con intensidad el mercado, como una reunión sobre tipos de interés, unas elecciones o unos resultados empresariales. O sobre activos concretos, como podría ser ahora el petróleo, en una montaña rusa tras el ataque a Venezuela por parte de Trump y las amenazas a Irán.
“El movimiento del mercado es más lento cuando sube que cuando baja, que lo hace de forma vertical disparando la volatilidad”, recuerda Víctor de la Morena, que también apunta la inversión directa en índices de volatilidad —ya sea con opciones o con fondos especializados—. En su opinión, resulta aconsejable un porcentaje de estrategias de volatilidad en una cartera de renta variable, en torno a un 7% cuando la posición en Bolsa supera el 50%. Si la apuesta por la renta variable es total, la cobertura más segura para Amundi y otras tantas gestoras es el oro. Su fuerte subida en lo poco que va de año, hasta nuevos máximos sobre los 4.600 dólares por onza y tras un rally del 65% en 2025, así lo muestra.
El refugio en el oro
“Aunque el oro no genera ingresos y su comportamiento protector no está garantizado en todas las recesiones, creemos que una asignación modesta —de hasta un porcentaje de un dígito medio del total de activos— puede mejorar la diversificación y amortiguar los riesgos sistémicos y geopolíticos", defienden en UBS. El banco suizo prevé que el metal dorado alcance los 5.000 dólares la onza gracias a las compras de los bancos centrales y a la demanda de los inversores. Ortiz, de Mutuactivos, señala que en un movimiento de aversión al riesgo el oro suele actuar como activo refugio, aunque también advierte que “ha subido mucho muy rápido, lo que quizás indica un flujo especulativo que se podría dar la vuelta en cualquier momento”.
¿Y los bonos soberanos y otros activos de renta fija de máxima calidad? ¿Son el refugio que cabría esperar? Según señala Emilio Ortiz, “el creciente endeudamiento público hace que los bonos estén perdiendo credibilidad, y eso hace que esta cobertura sea más incierta”. La diversificación de la cartera es la consigna de cara a este año ante la incertidumbre reinante. Pimco es rotunda y señala de hecho que ha iniciado una estrategia de diversificación que va a durar varios años en la que alejarse de los activos estadounidenses ante las políticas “impredecibles” de Trump. La mayor gestora de renta fija del mundo ha puesto así el dedo en la llaga abierta por Washington en el mundo de la inversión con sus ataques directos a la independencia de la Reserva Federal. Los inversores esperan dos recortes más de tipos este año por parte de la Fed, pero una política monetaria aún más laxa según reclama Trump, entraña el riesgo de perder el control sobre la inflación y de exigir alzas del precio del dinero más adelante. Ninguna broma para una economía altamente endeudada como la estadounidense y con los vigilantes de los bonos en guardia, velando por un mínimo de disciplina fiscal.
La geopolítica preocupa y se ha convertido en la principal inquietud de los inversores: una reciente encuesta de Goldman Sachs entre sus clientes revela que el 65% ve el riesgo geopolítico como la principal amenaza para la economía global y los mercados, un porcentaje que dobla con creces el 30% de hace un año. Pero por el momento, ese temor entre los inversores es latente. “A los mercados les cuesta valorar el riesgo geopolítico, toda vez que este no tenga una repercusión macroeconómica evidente por la vía de las materias primas o los efectos económicos sistémicos”, afirma Xavier Chapard, estratega de la gestora francesa LBP Asset Management.
A la espera de calibrar el alcance de la nueva andanada de aranceles lanzada por Trump sobre Europa a cuenta de Groenlandia, la opción hasta ahora no ha sido apretar el botón de ventas, sino ir aplicando algunas tácticas silenciosas de protección. Al fin y al cabo, los riesgos geopolíticos más candentes no apuntan directamente al gran motor del crecimiento de los beneficios empresariales y de los ascensos bursátiles: la tecnología y la inteligencia artificial. “La sensación no es de alarma. Llevamos ya tres años en que los inversores se han acostumbrado a comprar cada vez que cae el mercado, con correcciones que duran muy poco”, explica Ángel Olea. Venezuela, Irán, Groenlandia o Ucrania son los grandes enclaves de tensión del momento aunque si hay uno con capacidad de sacudir de forma rotunda los mercados y la economía global es Taiwán. La isla concentra la disputa entre Estados Unidos y China por la hegemonía tecnológica y los semiconductores, y no el petróleo, son la clave.

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