El guardameta de la cantera donostiarra, Unai Marrero, se ha erigido en la gran figura de la final de la Copa del Rey disputada este sábado. En una noche de alta tensión competitiva en el Estadio La Cartuja, el conjunto vasco logró imponerse al Atlético de Madrid en una agónica tanda de penaltis, tras finalizar el tiempo reglamentario y la prórroga con un empate a dos goles que dejó todo por decidir desde los once metros.
La actuación del joven portero de 24 años fue absolutamente determinante para decantar la balanza. Tras el pitido final, el cancerbero detuvo dos lanzamientos decisivos frente a figuras de talla mundial como el atacante noruego Alexander Sorloth y el internacional argentino Julián Álvarez. Estas intervenciones no solo aseguraron el título para su equipo, sino que le valieron el galardón individual como el mejor jugador del encuentro.
En su comparecencia ante los medios de comunicación en la sala de prensa del coliseo sevillano, Marrero reflejó la incredulidad propia de quien acaba de firmar una hazaña deportiva de semejante calibre. "No soy consciente de lo que ha pasado aquí", confesó el arquero, todavía abrumado por las emociones y la celebración sobre el césped.
El camino hacia esta noche de gloria no estuvo exento de dificultades para el protagonista. El guardameta admitió que recientemente sufrió un contratiempo físico que a punto estuvo de apartarle de la convocatoria. "Para mí fue un golpe duro, pero he apurado al máximo para estar y he estado en la final", explicó. Su esfuerzo por recuperarse a tiempo fue recompensado con la confianza plena de su entrenador, el estadounidense Pellegrino Matarazzo, quien le encomendó la responsabilidad de defender la portería en el torneo del KO.
Sobre el momento clave de la tanda de penaltis, Marrero demostró una gran madurez y preparación previa. Señaló que tenía muy bien estudiados a los rivales y que estaba "mentalizado en los lanzadores, quiénes eran y por dónde los tiraban". Además, agradeció el apoyo de sus compañeros en los instantes previos, revelando que mantuvo conversaciones tranquilizadoras con su homólogo Álex Remiro y el preparador de porteros de la plantilla.
Finalmente, el héroe de la velada quiso destacar el papel fundamental de los seguidores blanquiazules, cuya presencia detrás de la portería durante la tanda le proporcionó el impulso anímico necesario. "Es un momento muy especial (...) y estoy muy feliz", concluyó el joven portero, cerrando así una jornada histórica para el fútbol guipuzcoano.

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