A los 93 años ha muerto este lunes 19 de enero, en su casa de Roma, el famoso modista Valentino. Aunque permanecía retirado desde 2008, el inmenso negocio que creó sigue vivo gracias a los continuadores de su arte. Durante décadas, vistió a las mujeres más elegantes del mundo, desde princesas de linaje hasta las más rutilantes estrellas de Hollywood.
Desde niño, Valentino mostró un interés temprano por la costura ayudando a su tía Rosa, una modesta costurera local. Bautizado como Valentino Clemente Ludovico Garavani, nació en Voghera, un pequeño pueblo de Lombardía. Con apenas catorce años se marchó a Milán para estudiar en la Escuela de Arte del Figurín, conocimientos que completaría más tarde en París. Allí pasó por la casa Balenciaga y trabajó como figurinista para Jean Dessès y Guy Laroche hasta que, en 1960, se estableció en Roma; primero en la Vía Condotti y, posteriormente, en la Piazza Mignarelli.
El color rojo fue su gran fascinación. Durante una carrera que se extendió por cuarenta y cinco años, fue el tono que más utilizó en sus creaciones, lo que le valió el sobrenombre de "El emperador del color rojo". Se dice que tal determinación surgió tras contemplar una velada operística en el Liceo de Barcelona, donde quedó impactado por la fuerza visual de dicho color.
En sus diseños, Valentino procuró no romper nunca con un cierto conservadurismo elegante. Su estilo se basaba en resaltar la feminidad y asegurar que la silueta de la mujer fuera siempre la protagonista. No le importaba que otros colegas fueran más atrevidos o transgresores; él se mantuvo fiel a su propia interpretación de la distinción.
Como asistente a más de uno de sus desfiles, pude comprobar que el cierre siempre estaba dedicado a un vestido nupcial. Valentino, que vistió a innumerables novias, convirtió este gesto en un rito personal. Su gran triunfo internacional llegó cuando Jacqueline Kennedy, tras unos años de viudez, eligió un diseño suyo para casarse con Aristóteles Onassis. Aquel vestido fue comentadísimo y, desde entonces, se convirtió en el preferido de las mujeres más ricas del mundo para dar el "sí, quiero".
Entre sus clientas nupciales más célebres figuran Marie-Chantal Miller en su boda con Pablo de Grecia, Jennifer Lopez en su enlace con Cris Judd, o Gwyneth Paltrow al desposarse con Brad Falchuk.
Si Valentino ya era un genio consagrado en los salones europeos, su desembarco en Hollywood terminó de encumbrarlo. Su lista de clientas era una mezcla perfecta de realeza y celuloide: desde Farah Diba, Noor de Jordania y Grace de Mónaco, hasta la primera dama Nancy Reagan. A ellas se sumaban estrellas como Ava Gardner, Sofía Loren, Elizabeth Taylor, Audrey Hepburn y Jane Fonda. En tiempos más recientes, sus modelos fueron lucidos por actrices de la talla de Julia Roberts, Jessica Lange y Mónica Bellucci. También las casas reinantes actuales, con figuras como Máxima de Holanda, Mette-Marit de Noruega o Magdalena de Suecia, confiaron en su aguja. En total, Valentino llegó a vestir a tres generaciones distintas de mujeres.
En España fue agasajado con frecuencia, especialmente por Nati Abascal, quien sentía hacia él una verdadera admiración, y por Rosario Nadal, quien lo tuvo como su modista predilecto. En 2004 recibió en Madrid la Aguja de Oro, galardón que reconocía su talento, sumándose a otros hitos como el premio Neiman Marcus de 1967, considerado el "Óscar de la moda".
Más allá de la alta costura, expandió su imperio hacia los complementos, zapatos y perfumes, uno de los cuales estuvo asociado a la empresa catalana Puig. Su vida y obra quedaron registradas en el documental de 2009 El último emperador, e incluso se permitió un divertido cameo en la película El diablo se viste de Prada.
Todo este inmenso legado y el glamour que aportó no habrían sido posibles sin la ayuda de su íntimo colaborador, Giancarlo Giammetti. Además de ser un aplicado diseñador y socio comercial, fue su pareja y el gran amor que permaneció siempre a su lado.
Valentino organizó su último desfile en París el 23 de enero de 2008. Tras dejar el negocio en buenas manos, se dedicó a descansar y viajar, siempre atento al ritmo de una industria que ayudó a definir. Tenía tres residencias de ensueño: su lujosa casa en la histórica Vía Appia de Roma, el castillo de Wideville en Francia y una villa de verano en la isla de Capri.
La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, ha despedido al modista con una frase que resume su trayectoria: "Era un símbolo eterno de la moda".

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